“El fondo del corazón es árido. El hombre siembra sólo aquello que puede… y lo cuida”. Stephen King, Cementerio de animales
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Mitos urbanos: “Blacmun” en miNatura

Mi relato “Blacmun” apareció en la edición Nº 112 de miNatura, dirigida por Ricardo Acevedo E. y Carmen R. Signes Urrea, en un dossier sobre “Mitos urbanos”, con autores de Argentina, Brasil, Cuba, Estados Unidos, España, Sudáfrica, Perú, Israel, Inglaterra, Irlanda y Colombia. La ilustración de la portada pertenece a Paco Rangel (España). De Argentina, hay grandes relatos de Juan Guinot (“Depilación de bañera”), Pablo Martínez Burkett (“El Libro Del Que Todos Hablan Pero Que Nadie Nunca Vio”), Fernando Figueras (“La marca de Ugha”), Juan Manuel Valitutti (“Lo que los vecinos no dicen de Ramiro”), Carlos Feinstein (“El hombre de la bolsa” y “El profesor y la tarea”), Néstor Sebastián Chilano (“Los gatos” y “El sótano de la clínica”), Fabián Daniel Leuzzi (“Belek, el enano vampiro”), Patricia Nasello (“Página 18A”), María José (“Despierto con alas”), Ernesto Parrilla (“El hombre y la puerta”) y  Luciano Sebastián Doti (“El vampiro”). La edición completa puede bajarse AQUÍ.

Blacmun

Por José María Marcos (*)

—Te pido una sola cosa, mi amor. Cuidá a Blacmun. ¡No me mirés mal, por favor! Es un perro muy fiel. Te va a acompañar siempre, y hasta va a aceptar que inicies una nueva vida. Una vez te mordió, pero fue... jugando. Si bien ocasiona muchos gastos, yo te dejo una pensión y tenés trabajo. Tratalo como si fuera el hijo que nunca tuvimos.
Julia escuchó a Waldo cuando estaba en el lecho de muerte y, muy a su pesar, aceptó. Durante tres años cumplió con la última voluntad, pero, mientras crecía su rechazo a la mascota, disminuía el sentido del deber hacia el difunto, acercándose la hora crepuscular del fuera cucha perro, nos vemos en el infierno, hasta la vista, baby. Ya harta, convocó al veterinario del barrio para sacrificar al bicho. El profesional, tras oírla, le expresó con delicadeza:
—Mire, señora, Waldo me pidió que tratara de detenerla si esto ocurría. Él decía que con usted se quedaría lo que antiguamente se conocía como “El familiar”, que para algunos es un demonio y para otros un animal santo. A cambio de techo y comida, colma de riquezas al protector. Si muere, todo se vuelve polvo.
—Escuche, no voy a discutir semejante estupidez, pero quédese tranquilo: no es nuestro caso. ¡Siempre fuimos pobres e infelices! ¡Haga lo que le pido!
Alertado por la presencia de la muerte, el mastín comenzó a ladrar, trató de librarse de la enorme cadena que lo sujetaba y mostró sus afilados colmillos. Julia se mantuvo en sus trece, y entonces, el veterinario, fanático de la serie Daktari, durmió a la fiera con un dardo paralizante y, luego, le aplicó una inyección letal.
La mujer despidió al veterinario y se sentó en el patio de la casa, a esperar el final de Blacmun. La tarde otoñal caía cuando la sugestión le jugó una mala pasada y creyó que las paredes se derrumbaban. Cerró los ojos, angustiada, y cuando los abrió todo seguía en orden.
Escasos segundos después, Julia, el gran tesoro de Waldo, se transformó en cenizas.

(*) El relato forma parte de la edición N° 112 de miNatura, dedicada al género breve fantástico. Especial “Mitos urbanos”.

“Sal gruesa”, en el especial de “Espada y brujería” de la revista miNatura

Mi relato “Sal gruesa” apareció en la edición Nº 111 de miNatura, dirigida por Ricardo Acevedo E. y Carmen R. Signes Urrea, en un dossier sobre “Espadas y brujería”, con autores de Argentina, Brasil, Cuba, Estados Unidos, España, Sudáfrica, Perú, Israel, Inglaterra, Irlanda y Colombia. La ilustración de la portada es de Fraga (México). De Argentina, Pablo Martínez Burkett nos presenta el cuento “El Collar de Gram” y el artículo “Espadas del Mundo Fantástico”, y hay cuentos de Sara Lew (“Cinco pasos para un sacrificio”), Juan Guinot (“Filo inverso”), Major López Taviani (“La mujer que busca el vórtice de Dios”), Patricia Nasello (“Perder un combate”), Ernesto Parrilla (“El camino de la redención”) y Juan Manuel Valitutti (“Alas al viento”). Quienes tienen una presencia con más de un relato son los argentinos Esteban Moscarda (“Los brujos han muerto”, “La ceremonia” y “Huida”), Sebastián Chileno (“La espada”, “El oro en las entrañas” y “La bestia”) y Ana María Shua (“El que acecha”, “Artistas del trapecio”, “Cátulo: plegarias atendidas”, “Los cadáveres” y “La gitana”). La edición completa puede bajarse AQUÍ.

Sal gruesa

Por José María Marcos (*)

El calor dilataba la tarde en la pampa húmeda.
—Se viene la tormenta —dijo la Tía Jorja, mientras tomábamos mate sentados en los sillones del jardín—, vamos a buscar la sal gruesa.
La imité cuando se incorporó, y caminamos hacia la casa. Ella conocía algunas cuestiones mejor que nadie y sabía escuchar ciertas voces acalladas.
—Soñé con un torbellino y con grandes destrozos —me explicó, al buscar en la alacena el manchado frasco naranja—. Aquí está —dijo cuando al fin tomó el pote que años más tarde alguien tiró en un descuido.
Fuimos hasta el fondo, acompañados por nuestro perro Batuque, y vi cómo formaba una cruz de sal en la tierra y murmuraba oraciones.
Traté de prestar atención a lo que decía, pero sólo oí sus palabras mezclarse y dialogar con el viento.
A la madrugada, me asomé por la ventana de mi habitación y pude contemplar el ardor contenido de la noche. Mis padres dormían. A lo lejos se veían refucilos, pero no llovía.
La Tía Jorja murió pocos años después, y desde entonces sospecho que, quizá, el pasado sea apenas una melancólica invención.
Hoy siento placer al visitar parajes deshabitados. Sin testigos, arrojo sal gruesa con esperanza.
A veces creo percibir a los dioses, en una brisa o en el movimiento de los árboles, y sonrío.
Todavía no logro descifrar sus señales. Pero confío en que la vieja sabiduría siempre está ahí para ser descubierta. Para revelarse. Al acecho.

(*) El relato forma parte de la edición Nº 111 de miNatura, dedicada al género breve fantástico. Especial “Espada y brujería”.

“Vuduman”, en el especial de superhéroes

Mi relato “Vuduman” apareció en la edición Nº 109 de miNatura, dirigida por Ricardo Acevedo E. y Carmen R. Signes Urrea, en un dossier sobre los superhéroes, con autores de Argentina, Brasil, Cuba, Estados Unidos, Canadá, España, Chile, Perú y Escocia. La ilustración de la portada es de José Gabriel Espinosa (España). De Argentina, hay grandes cuentos de Fernando Figueras (“Sordo”), Pablo Martínez Burkett (“El origen de la tragedia”), Juan Manuel Valitutti (“El empleado”), Esteban Moscarda (“La caída del murciélago”), Patricia Nasello (“Holocausto”), Juan Guinot (“Yolanka”), Juan Marcos Almada (“Superhéroe”) y Ernesto Antonio Parrilla (“La razón por la que no existen los superhéroes”). La edición completa puede bajarse AQUÍ.

"¿Jugamos mañana?" en FANTASTI’CS



Ricardo Acevedo y Carmen R. Signes Urrea, directores de la revista miNatura, prepararon distintos videos con los escritores participantes de las Jornadas de Literatura Fantástica, Ciencia Ficción y Terror FANTASTI’CS 2010 de Castellón de la Plana (España). Aquí aparezco leyendo el cuento “¿Jugamos mañana?”, y si bien en el video se anuncia que pertenece a Los fantasmas siempre tienen hambre, es un relato inédito. Quienes lo busquen en el libro descubrirán, entonces, que es un cuento fantasma. Desde Buenos Aires participé en FANTASTI’CS 2010 junto a Fernando Figueras, Juan Guinot, Pablo Martínez Burkett, Juan Marcos Almada, Jorge Quien y Ricardo Curci. La reunión se proyectó en la Librería Argot (San Vicente 16, Castellón de la Plana, España), durante noviembre de 2010. Agradecemos la dedicación y el trabajo de Ricardo  y Carmen, quienes hicieron posible nuestra presencia.

“Proyecto Ivanov”, ganador del Concurso Nuevo Sudaca Border (Eloísa Cartonera)

Fue seleccionado por un jurado presidido por Washington Cucurto, quien destacó: “‘Proyecto Ivanov’, de José María Marcos, es un relato integrado a la corriente de la ciencia ficción, abordado desde una mirada desprejuiciada. Nos gustó mucho, porque está bien escrito, con un lenguaje actual. Cada elemento está en función de una historia que logra entretener con humor, imaginación y delirio”. También se eligieron textos de Carlos Marcos, Julio Roberto Srur, Josefa Abellá y Leandro Ferrol.
José María Marcos junto al jurado presidido por Washington Cucurto. 
Mi relato “Proyecto Ivanov” resultó ganador del Concurso Nuevo Sudaca Border 2010 (narrativa breve) y será editado en el catálogo de la cooperativa editorial Eloísa Cartonera. Así lo dictaminó un jurado encabezado por Washington Cucurto y formado por Miriam Merlo, Alejandro Miranda, Ricardo Daniel Piña y Julián González, integrantes de la cooperativa, a quienes les estoy muy agradecido por la nominación. Admiro la tarea realizada por Eloísa Cartonera y es un orgullo sumarme al emprendimiento.
El anuncio se efectuó el sábado 22 de enero de 2011, en el salón “No hay cuchillo sin rosas”, ubicado en Aristóbulo del Valle 666, del barrio porteño de La Boca. Junto a “Proyecto Ivanov”, fueron elegidas obras de Carlos Marcos (“Vociferata seminal errantesible”), Julio Roberto Srur, Josefa Abella y Leandro Ferrol. Según se informó, todas se publicarán durante el primer semestre de este año.
En el anuncio, Cucurto destacó: “‘Proyecto Ivanov’, de José María Marcos, es un relato integrado a la corriente de la ciencia ficción, abordado desde una mirada desprejuiciada. Nos gustó mucho, porque está bien escrito, con un lenguaje actual. Cada elemento está en función de una historia que logra entretener con humor, imaginación y delirio”.
Luego, hizo un resumen de la filosofía de Eloísa Cartonera, que nació en 2003, apostando a la solidaridad y el trabajo comunitario. Mediante formatos artesanales, cuenta con más de cien títulos de diversos autores latinoamericanos, como César Aira, Ricardo Zelarayán, Leónidas Lamborghini, Fogwill, Ricardo Piglia, Marcelo Cohen, Alan Pauls, Dani Umpi, Enrique Lihn, Fabián Casas, Ernesto Camilli, Arturo Carrera, Damián Ríos, Glauco Mattoso, Sergio Bizzio, Leandro Ávalos Blacha, Marcelo Guerrieri, Mario Bellatín, Elsa Drucaroff, Ángela Pradelli y Francisco Garamona, entre otros.

El cumple de Margarita

El anuncio de los ganadores del Concurso Nuevo Sudaca Border 2010 se dio en un marco distendido y festivo. La Cooperativa de Trabajo Gráfico, Editorial y de Reciclado Eloísa Cartonera Ltda. (tal cual su nombre completo) decidió hacer coincidir el evento con el primer cumpleaños de Margarita, y hubo torta, música y hasta piñata para los presentes. ¡Gracias por invitarnos a ser parte de la fiesta!
Elosía Cartonera, a pleno, e invitados cantan el "Feliz cumpleaños".

Imágenes de la fiesta Sudaca Border



María y Margarita, Silvia Manzini, Miguel Ingoglia y Carlos Marcos.
El momento de la piñata.

Margarita en el centro de la fiesta.
Libros del catálogo cartonero.
Ernesto Camilli, María y Margarita.




Miriam y Ricardo saludan a José María al conocerse el veredicto.

Doblete muerde muertos: los hemanos Marcos, premiados.
Leandro Ferrol, elegido, junto al jurado.

Josefa Abellá, otra ganadora, feliz con el fallo.

El jurado junto a los autores elegidos: José María Marcos, Carlos Marcos,
Josefa Abellá y Leandro Ferrol. El único autor que no estuvo presente
fue Julio Roberto Srur, quien se halla radicado en Finlandia.
  

Revista miNatura: “La vida eterna”, en el homenaje a Philip Dick

Mi relato “La vida eterna” apareció en la edición Nº 107 de miNatura, dirigida por Ricardo Acevedo E. y Carmen R. Signes Urrea. En la ocasión, la revista del género breve fantástico realizó un dossier especial sobre “Philip Dick”, con autores de Argentina, Brasil, Cuba, Estados Unidos, Canadá, España, Chile, Perú y Escocia. La ilustración de la portada es de Miguel Villarejo (España). De Argentina, hay grandes cuentos de Pablo Martínez Burkett (“Falla del sistema”), Juan Manuel Valitutti (“Roog II”), Fernando Figueras (“Nicole”), Patricia Nasello (“Capricornio”), Juan Guinot (“Con qué sueña Walt”) y el prócer argentino de la ciencia ficción Sergio Gaut vel Hartman, quien, en esta ocasión, presenta cinco relatos: “Las delicias de la sinergia”, “Desobedeciendo mandatos”, “Irrupción”, “Partida decisiva”, “Ante el colapso” y “Maniadick”. La edición completa puede bajarse AQUÍ.

La vida eterna

Por José María Marcos (*)

—Estimado maestro, hace tiempo que buscaba este momento para conversar sobre una duda teológica que altera mi estado de reposo. Disculpe que lo moleste a esta hora del crepúsculo, poco antes de que el convento se recluya en el silencio. ¿Podría hablarle de mis cavilaciones, aunque ello implique desconfiar sobre uno de nuestros principales preceptos?
—Querido discípulo, para eso estamos los consejeros. Lo importante es la reflexión, el análisis, el discernimiento.
—Bendita sea su misericordia y su comprensión... Pidiendo perdón por anticipado, y con gran vergüenza, debo confesar que dudo sobre la posibilidad de nuestra vida eterna…
—¿Y cuál sería el motivo de esta desconfianza, apreciado catecúmeno?
—Existir por los siglos de los siglos me parece irracional. Tarde o temprano, todo cumple un ciclo y desaparece. La humanidad es un claro ejemplo...
—El Creador afirma que nada debemos temer de cara al futuro...
—Pero, algún día, empezaremos a degradarnos... y juzgo que, tal vez, fuese más razonable aquella descabellada doctrina que hablaba de que sólo el espíritu es eterno...
—Mi dilecto devoto, aquella superstición ha sido superada. A veces, los seres ponemos a prueba lo que nos han enseñado y dudamos de la perfección de nuestro sistema, que nos hace indestructibles. Llegado a este punto, normal en nuestro desarrollo, debemos reafirmar la fe en el Creador, padre del mundo actual y conocedor de todas las civilizaciones pasadas. Padre que venció al caos y trajo el orden.
—Gracias, supremo. He comprendido.
Terminado el diálogo, los androides modelo Místico 5.0 se retiraron a sus aposentos.

(*) El relato forma parte de la edición Nº 107 de miNatura, dedicada al género breve fantástico. Especial “Philip Dick”.

Entrevista con Tom Lupo: “Muerte Muertos nació entre el placer de morder y la fascinación por el misterio de la muerte”

Mosquito Sancineto, José María, Carlos, Tom Lupo y Graciela Borrelli.
Carlos y José María Marcos fueron entrevistados en el programa “Noche tras noche”, que conducen Tom Lupo, Mosquito Sancineto y Gabriela Borrelli, durante la madrugada del jueves 23 de diciembre de 2010. “Noche tras noche” se emite de lunes a viernes, de 2 a 5 de la mañana, por Nacional AM 870. “La editorial nació casi de una confusión, o, mejor dicho, de un acto fallido —explicó José María en el inicio de la entrevista—. Con Carlos escribimos la novela Recuerdos parásitos (quién alimenta a quién…), que se publicó en el 2007, y, a posteriori, tuvimos un problema de catalogación. A todo el mundo yo le decía que era una novela de terror, y él explicaba que era una novela erótica. Después de conversarlo entre nosotros, llegamos a la conclusión de que eran dos caras de la misma moneda: la pulsión de vida y la pulsión de muerte, el placer de morder y la fascinación por el misterio de la muerte. Fue así que, a la hora de fundar la editorial, nació el sello Muerde Muertos, con una colección que bautizamos Muerde (para lo erótico) y Muertos (para el terror). De este modo, publicamos Inmaculadas, por Muerde, y Los fantasmas siempre tienen hambre, por Muertos. Pero, claro, como en el fondo creemos que lo importante es la literatura por sobre las catalogaciones creamos una tercera colección que bautizamos Ni Muerde Ni Muertos, donde entran obras afines a nuestros gustos. Por intermedio de esta, apareció Ingrávido, de Fernando Figueras, que es una muestra del mejor realismo delirante y que recomendamos por su humor ácido y corrosivo”.
—¿Cómo surgió la idea de escribir juntos una novela?
Carlos: —Nos llevamos sólo dos años de diferencia y fuimos muy compinches en la infancia. Recuerdos parásitos es una continuación de nuestros juegos de la niñez, en la cual los libros también han estado muy presentes. De algún modo, Muerde Muertos es también parte del mismo proceso.
Los fantasmas siempre tienen hambre está dedicado a Alberto Laiseca. ¿Qué relación tienen con él?
José María: —Yo concurrí a su taller literario, y en el 2007, Alberto Laiseca nos presentó Recuerdos parásitos. Aunque no sea un escritor de terror y sea más bien un autor maravillosamente inclasificable, Laiseca es como un abanderado de los cuentos de terror, por su amor a esa corriente de la literatura y por haber sido la cara visible del ya mítico ciclo “Cuentos de Terror”, que se emitía por ISAT. Por otra parte, Laiseca es un amante y un defensor de ciertas corrientes de la literatura que son subvaloradas, y que él, con mucho coraje y convencimiento, defiende mediante su obra y también en su taller. En sus textos hay mucho de erótico, de terror y de bizarrismo, abordado desde un conocimiento enciclopédico único.
—La contratapa es de Alejandra Zina…
José María: —Además de amiga y gran escritora, Alejandra es alumna de Alberto Laiseca, y por todo lo que te contaba, creí que era la persona ideal para reseñar estos cuentos, pues le gustan los cuentos de terror y, además, es una especialista en literatura erótica, habiendo publicado una antología muy interesante que se llama Erótica argentina.
—La obra Inmaculadas salió por la Colección Muerde y es ideal para adolescentes que necesitan una revista para estar a solas, para amantes de la literatura imprevista y, también, para voyeurs. Dice Carlos en uno de sus textos: “Es más sencillo que un caballo atraviese el ojo de una cerradura, que un escritor o un dibujante crucen la puerta del reino de los cielos”. ¿Cómo clasificás esta obra?
Carlos: —Son breves relatos ilustrados de cincuenta mujeres, con algunos textos poéticos y otros más narrativos.
—Los cuentos componen un género devaluado en la Argentina y está bueno que apuestan a ellos a través de Los fantasmas siempre tienen hambre e Ingrávido. ¿Quién en la adolescencia no se maravilló con cuentos de Horacio Quiroga? ¿O con los cuentos de Cortázar?
José María: —A mí me gustan mucho las novelas, pero hay ciertas historias que caben mejor es esa extensión más corta que conocemos como “cuento”. Incluso, Cortázar es valorado editorialmente como novelista, cuando, quizás, lo mejor de él esté en los cuentos.
—El diseño también es muy bonito. Este fantasma, el bosque abstracto…
José María: —Para el diseño trabajamos con la artista plástica Mica Hernández, porque el objetivo de Muerde Muertos fue revalorizar también el objeto libro. A ella le debemos que los libros sean más bellos, lo que, a su vez, nos ha permitido que circularan de la manera que habíamos imaginado.
En el cierre, Carlos Marcos recordó: “Los tres libros comenzarán a distribuirse en enero y febrero y, por ahora, la venta anticipada se halla en Librería Y Su Doble, ubicada en Rodríguez 698, esquina Viamonte, en la ciudad de Buenos Aires, que atiende de lunes a viernes de 9 a 21. Si van por la mañana, los voy a atender yo mismo y hasta les puedo ofrecer tomar algún matecito o algo fresco en estos días verano”.

“Eldwin Wannemaker” en miNatura

El relato “Eldwin Wannemaker” apareció en la edición Nº 106 de miNatura, dirigida por Ricardo Acevedo E. y Carmen R. Signes Urrea. En la ocasión, la revista del género breve fantástico realizó un especial sobre el “Viaje en el tiempo”, con autores de Argentina, Brasil, Cuba, Estados Unidos, Canadá, España, Chile, Perú y Escocia. La ilustración de la portada es de Miguel Ángel Giner Bou (España). De Argentina, hay grandes cuentos de Pablo Martínez Burkett (“Axis Mundi”), Juan Manuel Valitutti (“Hermético”) y Fernando Figueras (“El sillón”). La edición completa puede bajarse AQUÍ.

Eldwin Wannemaker

Por José María Marcos (*)

Eldwin Wannemaker era el mayor de los asesinos, responsable del exterminio de enemigos políticos y personas consideradas racialmente inferiores. En campos de concentración había eliminado a judíos, homosexuales, gitanos, eslavos, discapacitados, enfermos y prisioneros de guerra.
Wannemaker ascendió al poder durante un período de crisis, acentuada por la Gran Depresión de 1929, y en el plano ideológico adhería al fascismo italiano, pero con matices propios de su pueblo.
El científico Dagmar Rothstein era nieto de un sobreviviente y, marcado por las historias de su abuelo, dedicó su vida a un solo objetivo: viajar al pasado para matar a Eldwin Wannemaker.
Fracaso tras fracaso, y pese a irse sumergiendo en la pobreza, Rothstein perseveró y finalmente alcanzó su meta. Sin embargo, por cuestiones aún en desarrollo, la experiencia demandaba mucho esfuerzo, tanto físico como mental, y sólo podría usar la máquina una vez.
Dos años más tarde logró tener todo listo para desembarcar en Braunau am Inn, una pequeña aldea cerca de Linz, a fines del siglo XIX, donde Eldwin Wannemaker aún era un niño. El desplazamiento, el asesinato a sangre fría y el regreso fueron un éxito, y Dagmar ni siquiera sintió piedad cuando el pequeño Eldwin se agitó sin comprender por qué un hombre desconocido le cortaba la garganta en medio de la nieve.
A su regreso, cansado pero feliz, Dagmar habló con sus amigos y familiares para conocer el presente esplendoroso que, seguramente, había forjado su intervención.
A medida que fue preguntando a unos y otros, nadie conocía a Eldwin Wannemaker. Todos recordaban a Adolf Hitler.

(*) El relato forma parte de la edición Nº 106 de miNatura, dedicada al género breve fantástico. Especial “Viaje en el tiempo”.

Muerde Muertos presentó: "Ingrávido", de Fernando Figueras, y "Los fantasmas siempre tienen hambre", de José María Marcos

Como editor y autor, Marcos destacó: “Aspiramos a que Editorial Muerde Muertos alcance la calidad del mítico Historias para no dormir”.

Fernando Figueras, César Melis y José María Marcos (Fotos: Mica Hernández)
“¿Por qué presentar un libro de realismo delirante, Ingrávido, junto a un libro de cuentos de terror, como Los fantasmas siempre tienen hambre? Como lector, pienso que entre el terror y lo delirante hay una enorme relación, porque ambas corrientes parten de la premisa de hablar de la realidad desarmándola tiernamente, como diría Clive Barker, con una motosierra”. Con estas palabras, José María Marcos abrió el lanzamiento de la Editorial Muerde Muertos, realizado el viernes 26 de noviembre de 2010, en la Casa de la Lectura (Lavalleja 924, ciudad autónoma de Buenos Aires). En su carácter de editor y autor, agregó: “El mejor antecedente hispano que encontré de esta unión de delirio y terror está en el recordado ciclo “Historias para no dormir”, de Narciso Ibáñez Menta y su hijo Ibáñez Serrador, momento cumbre, si los hay, de calidad de estas corrientes, al que nos gustaría aspirar como autores y como flamante editorial”.
Posteriormente, Fernando Figueras habló sobre la importancia de los maestros en la vida, entre ellos el escritor Alberto Laiseca, y sobre la literatura como un camino de felicidad.
César Melis, autor invitado para comentar las obras y el nacimiento del sello, expresó: “Muerde Muertos con su logo de unas cadavéricas patitas cruzadas, no se anda con chiquitas a la hora de las definiciones. Además de un sello, aspira a ser una concepción, un mapa de intenciones, una bitácora de registros”.
En el cierre, los autores cantaron a dúo “La casa del espanto”, junto al coro “Los espantosos de siempre”. El numeroso público, estoico, se mantuvo firme hasta el final.
Casi un centenar de personas acompañó el lanzamiento.
TEXTOS

“La casa del espanto”

Como bonus track de la presentación, José María Marcos y Fernando Figueras cantaron a dúo “La casa del espanto”, con el apoyo del coro “Los espantosos de siempre”, integrado por Falco Equis, Agustina, Juliana y Valentina Petrinelli, Melina Rossini, Silvia Gorostidi, Raquel Buela, Alejandra y Lucrecia Rago, Roxana Parapugna, César Melis y María Eugenia Marcos. Así lo presentó José María: “Con el perdón de eximios músicos y cantantes que hay en la sala, lo que van a escuchar es un rap de denuncia. Sí, de denuncia, porque estamos en un momento de la vida política que debemos fijar nuestra postura. El rap se llama ‘La casa del espanto’ y viene a pronunciar aquello que todos sabemos, pero solemos callar: los monstruos existen y debemos estar atentos para que no nos tomen desprevenidos. Música, maestro”.

“El terror y lo delirante parten de la premisa de hablar de la realidad desmenuzándola con una motosierra”

Palabras de José María Marcos durante la presentación de los libros Ingrávido y Los fantasmas siempre tienen hambre (*).

Por si alguien entró a este recinto con la intención de escuchar el lanzamiento de El combustible espiritual: volumen 8, les cuento que en realidad nosotros vinimos a presentar dos libros de la Editorial Muerde Muertos. Hago esta aclaración, porque aún están a tiempo de retirarse y llegar a la otra presentación. Eso sí: si se quedan, estaremos muy agradecidos. Y prometemos, al final, agasajarlos con alguna cosita.
Mi nombre es José María Marcos, soy el autor de Los fantasmas siempre tienen hambre, un compendio de once cuentos de terror, y comparto la mesa con Fernando Figueras, quien escribió Ingrávido, con siete relatos emparentados a la mejor tradición del realismo delirante. También nos acompaña el escritor y periodista César Melis, nuestro invitado de lujo que se referirá al contenido de las obras. Le agradecemos su esfuerzo.
Comprendo que aquellos que venían a ver la presentación de El combustible espiritual: volumen 8, se estarán preguntando qué es Muerde Muertos. No desesperen: voy a contarles brevemente.
Muerde Muertos nace en principio de la necesidad de expresión de los hermanos Marcos: quien les habla y mi hermano Carlos, que hoy estará a cargo de la venta de los libros. Aclaro que los Marcos somos ocho hermanos, pero al resto —se están enterando en este momento— les venderemos acciones para sostener el proyecto. Las regalías comenzarán a cobrarse a partir del 2055. ¡Quédense tranquilos que la literatura es muy rentable a largo plazo! Si no, pregúntenle a Poe o Kafka, por ejemplo.
Como les decía, Muerde Muertos nació a partir de la idea de estos hermanos Marcos, pero, claro, para poner en marcha este proyecto sumamos a otras voluntades. Entre ellos, y a quienes estamos muy agradecidos, figuran:
Mica Hernández, genia total, que hizo un trabajo bellísimo en relación al arte de las tapas. Entre nos, creo que eso ayudará a que se vendan más libros. De lo contrario, sólo Dios sabe qué hubiera pasado. En fin, creemos que es un lindo regalo para Navidad. No sé si me entienden. ¡Gracias, Mica, por el trabajo y el arte!
Alejandra Zina, que leyó con mucho amor los cuentos de fantasmas y escribió una exquisita contratapa. Ella, además de ser una gran escritora, que tiene sus debilidades por el terror, también —al igual que nosotros— es alumna de Alberto Laiseca, quien está muy presente en estos libros. ¡Vaya mi gratitud, como colega de ruta!
En cuanto a la distribución a cargo de mi hermano Carlos, contamos con el apoyo de los socios de la “Librería Y Su Doble”, ubicada en Rodríguez Peña 698 y Viamonte, de la ciudad de Buenos Aires, y con Francisco Offenhenden, quien nos brindó un enorme asesoramiento al respecto. ¡Muchas gracias a ellos, también!
Otros que quiero destacar son aquellos que nos están dando una mano para la promoción. Entre ellos: Leonardo Oyola (que estuvo convenciendo mediante hipnosis o algo parecido a ciertos periodistas para que difundieran los libros); la Casa de la Lectura (a Susana Villalba y su equipo, quienes posibilitaron la concreción de esta presentación); Omar Trisciuzzi; Nicolás Correa; Marcelo Balsells (lector empedernido y animador cultural); Juan Guinot (que hizo que nuestros libros aparecieran en Fantastic 2010 de España); los amigos de Acá No Es (de FM La Tribu); Juan Burzi (Los Asesinos Tímidos); Gabriela Cabezón Cámara (autora de La Virgen Cabeza); la escritora española Pilar Alberdi; las revistas Insomnia y miNatura y otros tantos más. ¡Gracias a todos por confiar en nosotros!
Y, por supuesto, a Raquel Buela, mi compañera, que ha estado desde un comienzo atenta a todos los detalles.
¿Y a qué nos queremos dedicar desde Muerde Muertos? Les explico: nuestra apuesta son aquellas obras de autores contemporáneos, abocados a corrientes de la literatura que buscan abordar la realidad desde lo fantástico, el terror, lo erótico o lo extraño.
Nuestros primeros tres lanzamientos son los dos libros que presentamos hoy, más un tercer título (Inmaculadas, de mi hermano Carlos), que saldrá a la luz en breve. Inmaculadas, les anticipo, es una gran obra vinculada a la literatura erótica y debe exhibirse en horario de protección al menor. Sé que algunos sobrinos van querer estar presentes, pero, queridos niños, eso deberán arreglarlos con sus padres. Como diríamos en casa, “son cosas del tío Carlitos”. Igualmente, ¡altamente recomendado por Muerde Muertos Editorial!
¿Qué puedo decir en mi rol de editor, en relación a Ingrávido? Mucho, porque más que editor soy fan de Figueras, pero prefiero dejarle esa tarea a César Melis, quien sin dudas lo hará mejor que yo. Puedo, sí, contar que Fernando gusta describir episodios que pueden ser tomados como delirios, pero, les aseguro, no son mucho más delirantes que la realidad misma.
¿Por qué presentar un libro de realismo delirante junto a un libro de cuentos de terror, como Los fantasmas siempre tienen hambre? Como lector, pienso que entre el terror y lo delirante hay una enorme relación, porque ambas corrientes parten de la premisa de hablar de la realidad desarmándola tiernamente, como diría Clive Barker, con una motosierra.
El mejor antecedente hispano que encontré de esta unión de delirio y terror está en el recordado ciclo “Historias para no dormir”, de Narciso Ibáñez Menta y su hijo Ibáñez Serrador, momento cumbre, si los hay, de calidad de estas corrientes, al que nos gustaría aspirar como autores y como flamante editorial.
Ojalá hayamos creado historias que satisfagan sus gustos como lectores y, de antemano, les agradecemos su voto de confianza al estar acá. De verdad, ¡muchas gracias!
Ahora, los dejo con Fernando Figueras, quien les hablará del proceso de escritura de El combustible espiritual: volumen 8. Perdón, perdón, les hablará de Ingrávido. Adelante, comandante Figueras.
(*) Casa de la Lectura, Lavalleja 924, Buenos Aires, 26 de noviembre de 2010.

“Laiseca tiene algo genial para enseñar: te deja ser”

Palabras de Fernando Figueras en la presentación de su libro Ingrávido (*).

En el fondo, lo único que voy a decir es “gracias”, pero déjenme explicarles por qué y a quiénes.
Muchas veces uno escucha a músicos, actores o escritores que se empeñan en dejar en claro su condición de “autodidactas”, pretendiendo ser el producto de un Big Bang de talento, que dejó esparcidas por ahí partículas de genialidad. No reconocen maestros, no tienen padres en el oficio. No le deben nada a nadie.
No es mi caso, por suerte. Y digo por suerte, porque no veo cuál es la gracia de tener un nacimiento tan solitario. Yo le debo a mucha gente.
Cuando cursaba quinto año del secundario, llegó al colegio un profesor de Literatura nuevo. Se llamaba Alejandro Benítez. El tipo hacía algo sencillo y maravilloso: nos leía cuentos. Con eso sólo logró transmitirnos su amor por los libros. Claro que contaba con una ventaja: él amaba los libros, cosa que no le sucede a todos los profesores de Literatura. No sé si vive o no. Si me ve seguro que no me reconoce ni se acuerda de mí, pero igual quiero darle las gracias.
Otro reconocimiento es para el señor David Landesman, a quien no conozco personalmente. Es el director de El Escriba, una publicación quincenal sobre literatura en internet. Cuando empecé a escribir, hace seis años, El Escriba organizó un concurso con la siguiente particularidad: todos los cuentos recibidos iban a ser comentados. Mandé entonces un cuento, interesado en saber qué opinaban. Creo que envié el segundo o tercer cuento que había escrito en mi vida. Pasó el tiempo, y por fin llegó el día del fallo del jurado. Busqué en la página. No había ganado. Bueh, mala suerte. Me fijé entonces si estaba el comentario de mi cuento. Sí, ahí estaba. Decía que la idea era buena, original, para seguir trabajando, pero... y a partir de la palabra “pero”, se refería a la segunda parte del cuento. Me hizo pelota. Le había parecido vulgar, cursi, obvio, y qué sé yo cuántas cosas más. Bien; yo, tranquilo. Inicié la elaboración de un plan para asesinar a David Landesman. Era lo que correspondía. Pero matar gente por mail es un tanto difícil. Se debe poder, habría que pensarlo, hasta se puede hacer un cuento, pero en ese momento me pareció imposible, y el plan se fue enfriando. En medio de ese frío me puse a pensar. Pensé que si estaba tan enojado era porque don David tenía algo de razón. En realidad tenía toda la razón. Y pensé también que si me molestaban sus críticas era porque a mí me interesaba escribir. Creo que a veces es bueno que alguien te haga ver los errores. Gracias, Landesman.
Y después vino Laiseca. Para los que no lo conocen, Alberto Laiseca es un escritor argentino contemporáneo, autor de novelas, cuentos, ensayos y poesías. Para los que lo conocemos es mucho más que eso. Yo asistí a sus talleres literarios. Con respecto a los talleres las opiniones están divididas; algunos adhieren y otros no los aceptan. Yo sé que a mí me sirvió ir a lo de Lai. A otros quizás no les sirva ir allí, o a mí tal vez no me hubiese sido útil asistir al taller de otro escritor. Como en todo, hay que hacer la propia experiencia. Lo cierto es que Laiseca tiene algo genial para enseñar: te deja ser. Te da un espacio, un tiempo, permite que te equivoques, que vuelvas a intentarlo, hasta que por fin empieza a aparecer lo que uno quiere decir, comienza a salir la propia voz, el monstruo que uno es. Esto, dejar ser, parece fácil. Pero todo el que sea docente o padre sabrá lo tremendamente difícil que es. Más allá de sus cualidades para enseñar, Alberto es un gran tipo, con el que podés pensar y divertirte a la vez. Con el que podés crecer. Lo quiero muchísimo. Gracias, maestro.
Pero como las clases no las dan sólo los maestros, sino también los alumnos, tengo que agradecerles a todos los que compartieron conmigo esos cuatro años en los que nos juntamos a leer, a escuchar, y a tomar alguna que otra cerveza. Son miles, nombro a algunos. Leo Oyola, que fue al primero que conocí allí y siempre tuvo una palabra de aliento. Ana, Verónica, Fernando, Pablo y Mariano, Santiago y otro flaco que no me acuerdo el nombre pero que además de escribir dibujaba bárbaro, Edmundo, Alicia, Martín Hain, Juan Guinot, a quien conocí en ciclos de lectura de cuentos y siempre tira para adelante también, a Funes, que fue el primero que me invitó a leer en público, a la gente de Ediciones Al Arco y a todos los que escribieron en la antología De Diez, que han sido macanudos.
Y también agradezco a José María. Nos conocimos en lo de Lai. Disfruté mucho de sus narraciones y, lo más importante, es que ahora disfruto de su amistad. Él se jugó con esta idea de editar, y no puedo menos que agradecerle. Creo que todos debemos valorar cuando alguien abre un espacio.
Gracias, Mica Hernández, por las fotos y las tapas, buenísimas.
Gracias a todos los que ya leyeron el libro, o a los que alguna vez leyeron un cuento mío en fotocopias, aunque sean ilegales, como todos sabemos. He notado que compartir lo que uno hace nos ayuda a hablar de otra cosa que no sea “lo que pasa” o “la realidad”. Es como si la realidad se ampliara. Nos conocemos más y empezamos a hablar de temas que en definitiva son los más interesantes.
Gracias a todos por venir.
Y para terminar: Hay gente que dice que la felicidad no existe, que es imposible alcanzarla, o que no es permanente, como si algo lo fuera. Yo creo en la felicidad. Esta reunión es para mí motivo de felicidad, así que qué vamos a discutir. Entonces traje una frase de Stephen King, también como un homenaje a José María, que es fanático. Entre tantos libros buenos que tiene, hay uno que se llama Mientras escribo, que me gustó muchísimo. En él cuenta su vida, y da algunas pautas acerca de su forma de trabajo. Uno de los últimos párrafos del libro dice una cosa que a mí me resulta importante recordar siempre. Tanto, que la escribo en cada cuaderno que empiezo. Yo escribo en cuaderno de hojas rayadas y después lo paso en PC, porque no queda otra. La frase comienza con el verbo escribir, pero creo que si uno lo reemplaza por otro verbo que prefiera también funciona. Dice: “Escribir no es cuestión de ganar dinero, hacerse famoso, ligar mucho, ni hacer amistades. En último término, se trata de enriquecer las vidas de las personas que leen lo que hacés, y al mismo tiempo enriquecer la tuya. Es levantarse, recuperarse y superar lo malo. Ser feliz, vaya, ser feliz”. Espero entonces que los fantasmas de José María, y mi ingravidez los ayuden a encontrarse con un poco de felicidad.
(*) Casa de la Lectura, Lavalleja 924, Buenos Aires, 26 de noviembre de 2010.

“Muerde Muertos: una bitácora de registros”

Palabras de César Melis durante la presentación de Ingrávido y Los fantasmas siempre tienen hambre (*)
Fernando Figueras, César Melis y José María Marcos.
No es frecuente que en la Argentina de nuestros días, harta de mediocridad, aculturación mediática, liviandad o amputación de ideas y propuestas culturales, partidismo a ultranza, trastrocamiento de valores, mezquindad e ignorancia travestida de globalización, destierro de proyectos independientes, dedocracia, clientelismo y grosería, ninguneo intelectual, impunidad y desidia, pulverización del debate y cierta sordera generalizada, un grupo de hombres y mujeres apuesten a fundar un sello editorial. No hay audacia mayor que salir a vender sal en el desierto y regresar no con los bolsillos llenos, sino con el hechizo de esa sal convertida en azúcar, en miel para las palabras de donde nacerá la selva de los sueños. Y no hay sueño mayor para un grupo de escritores y lectores que en un país que fue leyenda literaria y hoy es un potrero en donde las barbaries compiten por el primer puesto, se conquiste a fuerza de voluntad y deseo un territorio casi inalcanzable: la publicación y difusión de obra de autores jóvenes. Y hablo de voluntad y deseo, porque de eso se trata la lucha. Y también, la escritura.
Pero, como diría el descuartizador y para ponernos en tema, vayamos por partes. ¿A quién se le puede ocurrir un sello con un nombre tan estrafalario como “Muerde Muertos”? Si Dalmiro Sáenz (1926) estuviese aquí, diría sin dudarlo: “¡Es una idea hija de puta!”. En cambio, si la invitada fuera Angélica Gorodischer (1928), no dudaría ella en reprochar: “Che, qué fulero el catálogo: todos hombres, todos hombres. ¿Qué pasa? ¿No hay escritoras con seso?”. Pero si Edgar Allan Poe (1809-1849) tuviese la chance de trasmigrar y confundirse hoy entre el público, opinaría: “Los que sueñan de día son conscientes de muchas cosas que escapan a los que sueñan sólo de noche”. Y no sólo no estaría equivocado, sino que andaría firmando autógrafos en el pasillo de entrada mientras, con una sonrisita cínica, murmuraría: “Todo lo que vemos o parecemos es solamente un sueño dentro de un sueño”. Y este concepto explotado descaradamente por Borges (1899-1986) casi un siglo después, quizás sea la idea madre del emprendimiento de los hermanos Marcos: fundar un territorio en donde los sueños tiendan a representar —gracias a la escritura, que es voluntad y deseo— a esa realidad que nos es inasible, intangible, pero que nos gobierna con la crueldad de la materia y la evidencia del misterio.
Es que “Muerde Muertos” con su logo de unas cadavéricas patitas cruzadas, no se anda con chiquitas a la hora de las definiciones. Además de un sello, aspira a ser una concepción, un mapa de intenciones, una bitácora de registros. La prueba más contundente son sus primeros tres títulos: Los fantasmas siempre tienen hambre, de José María Marcos; Ingrávido de Fernando Figueras; e Inmaculadas de Carlos Marcos. Como diría mi tía Ñata, Dios la tenga en la gloria y no la deje volver: “Para muestra, basta un botón”. Y he aquí a tres botones dignos de la mejor mercería de barrio. Comencemos por Figueras. No me referiré a él como persona, pues no lo conocía hasta hace unos minutos (esto es lo bueno de las presentaciones sin compromisos previos ni recomendados). Tal vez me entusiasme con elogios que ignoro si los merece o él se retire de aquí triste e insultado, por haber malinterpretado dichos elogios. En su libro Ingrávido, que contiene siete cuentos y un brevísimo prólogo de Franzetti, el delirio, el misterio, la corrosividad y el humor se dan la mano en una ronda cuyo centro es el chispa de Fernando, esa imaginación que él ha puesto al servicio de hechos o anécdotas reales. En el prólogo, que suena más a advertencia que a introducción, el mismo Franzetti nos anticipa: “Las historias de este libro son absolutamente verídicas; autobiográficas en algunos casos (...) Que disfruten de la obra, acerca de la cual, desde ya, prefiero no opinar”.
Ahora yo pregunto: ¿Qué clase de cuentos ha escrito este hincha de Ferro que ni siquiera el prologuista se anima a juzgar? Sigamos descuartizando. Cada uno de los cuentos de Figueras es un cross a la mandíbula, como le gustaría acotar a Roberto Arlt (1900-1942). Desde la historia más simple a la más compleja, desde la menos ingenua a la más truculenta, de la más bizarra a la menos inquieta. Cuentos como “Sapo” y el que le da título al libro, Ingrávido, deberían formar parte de esas antologías clásicas que de tanto en tanto Planeta, Norma o Alfaguara editan como vehículo de difusión colectiva, entreverando a escritores consagrados con las promesas literarias. Cada una de estas dos historias sorprenden no sólo por la originalidad de las tramas sino, y por sobre todo, por sus andamiajes narrativos sólo compatibles con los buenos ingenieros de la Palabra. Cada uno de ellos, de estilos diferentes y quizás para lectores diferentes, ronda el delicado equilibrio del relato perfecto, ése que dice más de lo que cuenta o calla más de lo que expresa. Y si alguien de la audiencia anhela en este instante a que le adelante una crestita o el rabo de los textos, está “perdido como turco en la neblina” (gracias tía Ñata por tus refranes tan oportunos). Es que en la escuela nos han enseñado que si el pueblo quiere saber de qué se trata, debe peticionar. Aunque no hay necesidad de ir al Cabildo ni vestirse como French y Berutti: hay que comprar el libro y leerlo.
Pero sería injusto que no me refiriese, también a otros relatos de Figueras. Sinceramente, me han arrancado carcajadas cuentos como “Secreto profesional” o “Esquinas” y he temido por el destino de sus personajes y también por mi cordura. Ambos son cuentos desbocados, sinuosos, con algo de la insolencia típica adolescente y la atroz tentación por lo siniestro. Y tampoco quedan atrás “Una de diez”, “Imperativas” y “Suicidio”, ventanas abiertas de par en par a las obsesiones humanas, las negaciones y las fabulaciones. Por último, hay dos aciertos que caracterizan al “estilo Figueras”: el ritmo de su escritura, emparentado secretamente con su amor por la música, y la fluidez en el manejo del lenguaje coloquial. Ninguno de sus personajes es fagocitado por el engrudo de los clásicos diálogos literarios. Sus criaturas son reconocibles, tan queribles que cualquiera de nosotros se podrá sentir identificado con sus formas expresivas. Lástima que Fernando sea hincha de Ferro, pero nada es perfecto.
En cuanto al libro de José María Marcos, debo confesar que ya había leído sus originales durante el verano pasado y no sólo me sorprendió la variedad de matices de su prosa, sino la multiplicidad de sus búsquedas argumentales. Aquí sí, debo admitir cierto acomodo o ventaja sobre el pobre de Fernando: con José nos conocemos desde hace muchos años, pues ambos hemos sido amigos de una querida amiga en común que ya no está en este mundo, pero que ha hecho tanta fuerza desde el más allá que consiguió su íntimo propósito: hermanarnos en la Literatura y en la vida. Había disfrutado con anterioridad su resbalosa novela a cuatro manos Recuerdos parásitos, quién alimenta a quién y siempre vi en los hermanos José María y Carlos Marcos una rara conexión de creatividad provocativa como los hermanos Cohen en el cine. No sé si son o se hacen. En cualquiera de los casos, el talento no los abandona ni los enfrenta. Todo lo contrario. Personalmente, creo que se retroalimentan. Pero descuarticemos ahora un poco este libro cuyo título remite a Jameson: “Los fantasmas siempre tienen hambre”. Pregunto: ¿qué busca José? ¿Intimidarnos desde la tapa?
En la Antología del cuento extraño, seleccionada y traducida por Rodolfo Walsh (1927-1977), el autor de textos memorables como La máquina del bien y del mal y Los oficios terrestres, afirma: “Largos o breves, estos relatos tienen la característica común de describir insólitas experiencias o de situarse en un clima extraño en el que la realidad prosaica y cotidiana no halla cabida. Todos orillan lo maravilloso, lo mágico, y cabe muy bien aplicárseles el calificativo de esotéricos por su contenido subjetivo e interior”. Nunca mejor que plagiar desfachatadamente este concepto de Walsh y llevarlo a la obra aquí reunida. Los once cuentos de Los fantasmas siempre tienen hambre son esotéricos en el sentido que define Walsh. No hay desperdicio en las tramas y el lenguaje empleado para cada una de las historias está pulido y engarzado como la orfebrería de Pallarols. Debo admitir que me encantó toparme con estos relatos y gozar de las historias que están reunidas como para una foto de familia: hay un aire sanguíneo que las emparienta, hay gestos genéticos o heredados que los vincula a la misma pluma. Para ser justo con Fernando Figueras, no me referiré a los textos de José ni les contaré de qué se trata. Hay que comprar el libro y leerlo.
Aunque sí puedo secretearles mis preferencias: hay un terceto que son estupendos desde el contenido y gracias al continente, un trío como para admirar el virtuosismo de José, que no es poco. “Isidro”, “El ventanal” y “La Casa Hansen”. Ahora que miro el índice, noto que están los tres seguidos y ocupan el corazón del libro. Son, por así decirlo, el carozo o la bujía secreta del resto del cuerpo de tinta y papel. Cada una de estas historias suscita en el lector esa pulsión de relectura, típica de los buenos autores. Claro que si uno ensancha la vista o, como diría mi tía Ñata “uno estira el cogote” y hace caso omiso de sus fanatismos, también brillan relatos como “Películas”, “El Gordo”, “Resaca” y “La muerte de Rocky”. Es que José María Marcos es genuinamente creativo. Va de lo inminente a lo inmanente y se codea tanto con temas profundos como banales, haciendo de unos y otros, temas esenciales. Sus personajes, directos y salpicados de guiños generacionales, son la llave para acceder a sus pesadillas y se convierten en espejos móviles del mundo imaginario, se codean con el enigma o con lo ineludible y coquetean con lo fatídico desde un lugar cotidiano, casi doméstico. Será que Marcos consigue la más plena fusión entre lo que se dice y lo que no se dice, hasta el punto de que el lector ya no establece diferencias.
Por último, hay que destacar la coloratura o marca de “su estilo”: por un lado, el lenguaje acotado, por momentos poético pero para nada empalagoso. Si Cortázar estuviese en esta mesa, diría “ceñido”. Y por otro lado, la diversidad estratégica como narrador. Para cada historia hay una forma distinta, una vuelta de tuerca diferente, no se encasilla ni se casa con moldes o rótulos, va de lo sórdido a lo fantástico, de la ternura a la ironía, del pánico a la curiosidad. En realidad, si tuviese que definir a este amigo, diría que su mayor virtud es ser curioso que es, tal vez, una de las virtudes indispensables en todo buen escritor. Este interés por indagar, por meter las narices allí mismo, de donde todos las sacan, lo llevará por el mejor de los senderos, ese caminito por el que regresa aquel hombre de las cavernas con una presa muerta sobre los hombros pero con infinitas anécdotas para contar a su tribu, para poner en marcha el ritual del cuento de una buena vez y para siempre.
En su artículo La libertad de narrar, el escritor argentino Leopoldo Brizuela (1963), nos dice: “Hay un saber específico del escritor. Un técnico que acaso no les interesa más que a él y a sus colegas. Pero también hay una manera específica de mirar al mundo, de considerar su experiencia en él, de reajustar, permanentemente, por medio de la escritura, la relación entre las palabras y las formas literarias dadas, por un lado, y eso que llamamos realidad, por otro. En tercer lugar, hay un saber, sí, profesional: cómo ubicarse en tanto escritor, en un campo de fuerzas social al que no puede quedar ajeno”. Fernando Figueras y José María Marcos están corriendo detrás de ese saber, de esa mirada insomne del eterno adolescente, del merodeo de todo iniciado que intenta dejar su impronta en un mundo emporcado por los adultos que cuando ven a jóvenes con iniciativas, con vocaciones, con sus alegrías a estrenar, prefieren mirar hacia otro lado y fruncir el ceño, pensando acaso en sus mezquindades, hijas de la frustración. Celebremos la fundación de este nuevo sello y la publicación de estos tres libros por partida doble: porque leer hace crecer y porque crecer nos hace creer. Es tiempo ya de que creamos no sólo en las generaciones que están por venir sino en las que tienen que abrirse paso a los codazos entre un montón de escritores burgueses que viven cuidando su quintita y monopolizan los concursos, ya sea como autores o como jurados. Fernando y José María pertenecen a una sosegada y populosa legión que viene a nuestro encuentro.
Para finalizar, he de aclarar que el tercer título de esta presentación en sociedad, Inmaculadas de Carlos Marcos, tendrá su ágape literario muy pronto y me encantaría que nos volviésemos a encontrar para comprobar, una vez más, que nos interesa lo que decimos que nos interesa y que toda esta cháchara mía no fue en vano. Como cierre de fiesta, he elegido caprichosamente dos fragmentos de cada uno de los libros. De Fernando: “Ulises escribía porque sentía que era la manera menos solitaria de quedarse solo. Todas las mañanas se despertaba bien temprano para dedicarle unas horas a la escritura, actividad que continuaba a lo largo del día cada vez que su trabajo le dejaba un momento libre. Este sistema de creación fragmentada hacía que sus cuentos perdieran a veces la ilación, y que Ulises se viera obligado a replantearse la aparición de personajes injustificados, sospechosamente parecidos a alguno de los clientes que entraban en la disquería. Su interés puesto en la Literatura y su condición de empleado le hacían ver a esa gente como seres que iban a interrumpir y no a comprar”.
De José María Marcos: “Gustavo y yo crecimos allí. Vivimos nuestra infancia y comenzamos a jugar con la idea de ser adultos. Nos hundimos en el barro los días de lluvia y disfrutamos del césped durante jornadas de verano, trepamos a los árboles para cosechar ciruelas y peras, colocamos una gata peluda en medio de un hormiguero y contemplamos cómo era devorada, reventamos a un sinfín de escuerzos haciéndolos fumar, jugamos al fútbol y a la escondida, soportamos inviernos en sus húmedas habitaciones, tomamos mate con nuestra madre y algún licorcito con nuestro padre... y también, comenzamos a distanciarnos. En Casa Hansen envejecieron papá y mamá. Dejaron de ser nuestros ídolos para convertirse en seres de carne y hueso, de una carne débil y unos huesos deseosos de ser polvo, encerrados en un puñado de recuerdos que repetían a diario como una súplica, deseando que sus dos hijos mantuviesen unida la familia”.
Y ¿qué les dije? ¿No escriben bien estos muchachos? Ah, quieren que les diga a qué cuentos pertenecen estos fragmentos. Mi tía Ñata, diría: “¡Minga!”. Hay que comprar los libros y leerlos.
Muchas gracias por acompañarnos. Buenas noches.
(*) Casa de la Lectura, Lavalleja 924, Buenos Aires, 26 de noviembre de 2010.

“En el género de horror se subvierte lo que la gente piensa acerca de la mortalidad, la sexualidad y la política”. Entrevista de Guillermo D’ Ambrosio para LA TERCERA.

LA TERCERA: José María Marcos presentará su nuevo libro

Desde el terror y los personajes misteriosos, el autor se propone contar historias que “valen la pena” ser contadas así. A la vez, propone estimular la reflexión sobre la realidad a partir de los miedos humanos. Escribe: Guillermo D’ Ambrosio.

El periodista y escritor ezeicense José María Marcos publicó recientemente “Los fantasmas siempre tienen hambre”, con la intención manifiesta de “contar algo”. Para hacerlo eligió un género tan atractivo como complejo: el terror. El culto al horror como estrategia narrativa tiene en los once cuentos que integran las 120 páginas del trabajo publicado por Editorial Muerde Muertos una referencia directa a lo local, con escenarios y sucesos fantásticos que bien podrían recordar al municipio tambero.
¿Por qué el terror? Porque azuza al lector a “pensar la realidad desde otra perspectiva”, asegura Marcos, que en “Los fantasmas…” se anima por primera vez a incursionar en la escritura solitaria. Es que anteriormente encaró junto a su hermano Carlos la novela “Recuerdos parásitos (quién alimenta a quién…)”, que también trasunta el género, con condimentos eróticos. Ambos conceptos encarnados en la fascinación serial por la sangre de dos killers.
La obra será presentada el 26 de noviembre en la Casa de la Lectura, en Lavalleja 924 (Ciudad Autónoma de Buenos Aires), a partir de las 19 horas y con presencia del colega César Melis, conjuntamente con la obra de Fernando Figueras “Ingrávido”, también de esa casa editora. Marcos adelantó a LA TERCERA de qué trata su iniciativa literaria.
—¿Qué cosas del terror te incitan a escribir?
—El escritor (inglés) Clive Barker dice que en el género de horror se subvierte lo que la gente piensa acerca de la mortalidad, la sexualidad y la política. Arremete contra ciertos valores con una sierra eléctrica, corta la realidad en pedacitos, para que podamos pensar en ella desde otra perspectiva. Trabaja sobre la exploración del inconsciente, donde residen nuestros miedos más profundos y ancestrales. Cuando escribo ficción pienso que indagar sobre estas zonas oscuras me permite entender mejor este mundo regido, muchas veces, por la irracionalidad.
—Es un género difícil, a medio camino entre lo “gore” y lo inocuo…
—En función de una historia que vale la pena, lo “gore” no molesta. Sin embargo, no me interesa la violencia por la violencia misma. Trato de escribir para contar algo, sin privarme de utilizar aquello que creo conveniente.
—¿Cuál es el fundamento de la seducción que producen zombies, brujos/as, fantasmas, orcos y gatos muertos (algunos de los “personajes” de los cuentos)?
— Generan fascinación porque, en el fondo, todos comprendemos que hay una línea muy fina que divide la cordura de la locura, lo normal y lo anormal. Frankenstein, por ejemplo, es un muchacho digno de lástima. Lo crea un doctor, que luego trata de sacárselo de encima. Él sólo pide una monstrua para vivir alejado de la civilización y el doctor se niega a crearla, condenando a su bestia a la soledad. Todos podemos comprender ese dolor.
—¿El libro retrata territorios imaginados o son escenarios reales?
—Hay escenarios que podríamos denominar reales, como las ciudades de la provincia de Buenos Aires, el Conurbano o Capital Federal, más algunos pueblos inventados pero verosímiles que poseen elementos del territorio bonaerense. Las historias, aunque transcurran en ámbitos cerrados, pertenecen a un tiempo actual y un ámbito determinado, que es el que conozco y sobre el que puedo hablar mejor.
—¿Cómo y por qué llegás a publicar con Muerde Muertos?
—Muerde Muertos es una editorial de autores contemporáneos, abocados a la literatura fantástica, el terror, lo erótico y obras afines que apuestan a estimular la imaginación. Nació de la asociación de autores que no encontraban lugar en el actual mercado.
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