Vuduman

Por José María Marcos (*)

Estaba harto de ser un superhéroe y buscaba acabar con su vida. Subió al Puente de la Trocha, poco antes de la llegada del tren zapalero, y respiró con melancolía.
Nunca debés renegar de tu don. Si Dios te concedió una gracia, debés honrarla.
Las palabras de su madre volvían desde el pasado, pero él ya no quería oír.
Mirando hacia la oscuridad, Vuduman notó movimientos en un baldío. Agudizó sus sentidos y descubrió que tres hombres golpeaban y desnudaban a una mujer.
El tren anunciaba su arribo. En breve, Vuduman le diría adiós al mundo y por fin descansaría... pero había visto a la muchacha que forcejeaba contra los individuos que se disponían a beber de la impunidad de las tinieblas.
Nunca debés renegar de tu don.
El zapalero se aproximaba, más y más y más...
Si Dios te concedió una gracia, debés honrarla.
Tenía que aguantar. Sus remordimientos se esfumarían en segundos...
El jefe de la banda se dispuso a violar a la joven, y Vuduman no pudo soportar más ser un testigo impávido. Sacó tres largas y filosas agujas. Hundió una púa en su oreja hasta sacarla por la otra, pensando en el más petiso de los agresores, quien al instante se desmoronó, con el cerebro reventado y los oídos goteando un líquido espeso. Con otro, Vuduman atravesó su corazón y la muerte fue instantánea. En medio del desconcierto, el líder sintió que algo frío y punzante entraba por la punta de su sexo y brutalmente le revolvía las entrañas, hasta destrozarlo.
Liberada del peligro, la chica se levantó aún aterrada, buscó su ropa y salió corriendo.
Agitado y sangrante, Vuduman se recostó para recuperarse del esfuerzo, mientras que el zapalero, una vez más, dejaba atrás el Puente de la Trocha.

(*) El relato forma parte de la edición Nº 109 de miNatura, dedicada al género breve fantástico.