NOVEDAD | Antología “Pueblo maldito”

Arte de tapa: Leo Batic.
La Conspiración de los Fuleros lanzó la antología Pueblo maldito (de descarga gratuita), con selección y prólogo de Jorge Eduardo Lacuadra. Contiene veintiséis cuentos de Claudia Rosciani (“Match”), José María Marcos (“La Babosa”), Flor Canosa (“El Páramo”), Alejo Paris (“Guaj”), Nicolás Viglietti (“Carvela”), Mauro Insaurralde Micelli (“Jinetes en la tormenta”), Emanuel Rosso (“Lo que enterramos en Gödeken”), Juan Esteban Bassagaisteguy (“La caja en la laguna”), Fernanda Yábale (“El clan”), Pablo Martínez Burkett (“Firmamento de colores”), Hernán Domínguez Nimo (“Invasor”), Leo Batic (“La fragua”),Jorge Lacuadra (“Al sur del centro de la nada”), Alejandro Negrete (“La maldición de San Pedro”), Ricardo Plank (“La Piba”), Vanesa O’ Toole (“Lluvia”), Paul Calvetti Costa (“Magnetita”), José Moscovich (“Metódico y profesional”), Jorge Roldán (“Nuevo Suindá”), Pablo Crash Solomonoff (“Ella y el puente”), Isabel Santos (“Sapoides”), Grendel Bellarousse (“Puxcaytecanen”), Rogelio Oscar Retuerto (“Pueblo chico”), Alan Souto (“Cimarrón”) y Miguel Caballero Miño (“Alicia y los espejos”).

INSOMNIA | El mundo de Darío Lavia

Los efectos de los rayos catódicos en el corazón del creador de Cinefanía

Por José María Marcos | Especial para INSOMNIA N° 284 | 1° de diciembre de 2021


Anochece en una casa argentina de los años ochenta y la tele está encendida. El pequeño Darío disfruta de una comedia en apariencia inofensiva. Un tímido maestro quiere tornarse un galán y, mediante una fórmula química, logra ser un tipo simpático y conquistador, pero su nueva personalidad lo arrastra hacia caminos insospechados. Darío presencia la mutación del profesor, bajo una luz sombría y una música inquietante, y algo cotidiano, inofensivo, se vuelve inconcebible, amenazante. Tenso, le ruega a su abuela que ponga fin a la emisión. Lo que acaba de ver le provocó palpitaciones y sudor, y de a poco, recupera el ritmo normal de la respiración y el control de sus emociones. Aún no lo sabe el pequeño, pero ha tenido un encuentro esencial con el arte audiovisual, a través de El profesor chiflado (The Nutty Professor, 1963), la icónica película dirigida y actuada por Jerry Lewis, que adapta en clave de parodia la novela El extraño caso del Dr. Jekyll y Míster Hyde, de Robert Louis Stevenson, y que muestra cuán borrosas son las fronteras entre la realidad y la fantasía, entre el sainete y el horror, entre el deseo y el miedo. Tampoco sabe el pequeño que los rayos catódicos le han plantado en su cuerpo unas semillas de cine y literatura, que con el correr del tiempo darán nacimiento al universo Cinefanía. “La primera película que me impactó fue El profesor chiflado, la original, la única, la influencial, la de Jerry Lewis. Tenía yo pocos años y la comencé a ver sin dificultades, hasta que llegó el momento de la metamorfosis, la iluminación se hizo lúgubre y Jerry comenzó a transfigurarse en algo impresionante. Fue demasiado para mí y pedí a mi abuela que apague el televisor, pues me estaba asustando”, relató el editor y escritor Darío Lavia en diálogo con INSOMNIA cuando lo invitamos a que nos cuente cómo nació una pasión  que lo llevó a convertirse en editor de la web Cinefania.com y una constelación de publicaciones en formato físico que son una referencia esencial para los amantes del cine. Nacido en 1974 en Morón, provincia de Buenos Aires, es licenciado en Comercio Internacional y —además de haber creado la citada web, un conjunto de revistas y libros sobre cine, un programa de radio y hasta un canal de YouTube—, en el 2020 publicó su primer volumen de cuentos, El árbol sangriento, con veintiséis relatos de terror, misterio, ciencia ficción y humor negro, prologado por el escritor Enrique Medina. De todo esto y más hablamos con este diestro cinéfilo, experto rastreador de gemas en estado de olvido.

DE ESPECTADOR A BUSCADOR DE VERTIENTES

—¿Cuándo decidiste pasar de ser un simple espectador a transitar el camino que hoy te llevó a ser un buscador de vertientes?

—Una cosa fue de la mano de otra. Después de interesarme mucho por el fútbol, me decepcionó que los jugadores pasaran de un equipo a otro, y justo apareció el cine donde los elencos permanecían incólumes con el paso de las décadas. Comencé como muchos: tomando nota de los títulos de las películas que veía… ese listado de títulos se amplió a la anotación de los intérpretes a medida que me daba la velocidad de escritura, durante los títulos de crédito iniciales o finales de las películas que se emitían por TV; luego, transcribiendo a máquina de escribir; más tarde, copiando a listados de computadora; por último, tras un par de lustros, trasladando todo a una base de datos para exportarla y que esté a disposición en la web. 
—¿Qué te movilizó a crear una web dedicada al terror?
—En la época del auge de internet comencé por publicar una web dedicada al cine de horror clásico que nunca había podido ver de chico sino de joven, durante la década del 90, con la emisión de un programa de Canal 2 que cada medianoche daba películas clásicas y silentes, y luego, con el advenimiento del cable, a través de las señales USA Network y Colección. Esa web fue Terror Universal (cinefania.com), que hoy cumple su mayoría de edad. Tras estudiar algo de programación, bases de datos y lenguaje html, me animé a publicar la primera base de datos de cine fantástico en el idioma de Cervantes, allá en abril de 2000. Los que me animaron a hacerlo fueron mis amigos Pablo Sapere y Pablo César Doval.


DEL MUNDO DIGITAL AL PAPEL

—Vos empezaste en el mundo digital y llegaste al papel. ¿Cómo se dio ese proceso?
—Cuando el fragor de internet y las puntocom, todo pasaba por lo online. Al tiempo me di cuenta de que lo virtual es mucho más inestable de lo que se cree y comencé a estudiar el tema del formato físico. Partió de una idea de otro amigo Patricio Flores, quien sugirió publicar anualmente una selección de los mejores artículos del año que aparecían en Cinefanía. Así nació el primer Libro de Oro que ofrecía en descarga libre como regalo a los lectores. Eventualmente imprimía una tirada pequeña para regalar a los colaboradores o bien para aquellos lectores que lo quisieran para sus bibliotecas. Poco después los Libros de Oro se convirtieron en una selección de artículos originales para esa publicación. El primer intento de publicar una revista fue como colaborador de Juan Carlos Moyano en la revista Terrormanía de la que salieron dos números en 2003. Con esa breve experiencia y tras dos lustros de publicación de Libros de Oro en tiradas pequeñas (primero anillados, luego emblocados), en 2013 me animé a publicar Cinefanía Macabra junto a amigos como Gustavo García, Sergio Diéguez, Ezequiel Hansen, Federico Fornasari, Lucio Lagioia, Sebastián Domizzi, Adrián Lodi y Carina Rodríguez. Al año siguiente, tras sufrir durante años un asedio por parte de Christian Vallini Lawson y Mariano Buscaglia (auténticos referentes nacionales de literatura fantástica y revistas pulp, que me instaban a acometer con la publicación de la revista Cineficción, de la que habían salido cinco números en 2009 bajo dirección de Héctor Pessina), fue que decidimos con Juan Moyano acometer esa nueva publicación. A la fecha, ya llevamos una docena de números publicados.
—Hablame de Cineficción. ¿Cómo abordan la realización de la revista?
—Planificamos un tema central al cual dedicar el/los artículos y/o entrevistas de base, un desplegable central y la portada. Lo demás se desprender de este punto de partida. Con Juan estamos convencidos de que todo entra por los ojos, entonces la revista tiene que estar vestida de etiqueta para atraer la atención de potenciales lectores que aún no la conocen. De este modo, lo primero es una portada ilustrada. ¿Por qué ilustrada y no simplemente con un diseño en base a una imagen descargada gratuitamente de la web como dicta el siempre vigente facilismo? Pues porque los lectores de Cineficción, así como cualquiera de cualquier otra publicación artesanal, valoran y responden de inmediato al darse cuenta que una revista los reclama a través de una ilustración que evoca aquellas imágenes, aquellos fotogramas que están en la web pero que ellos mismos tienen impresos en el reverso de sus retinas. Lógicamente este proceso toma sus meses, pero como suelo decir: nosotros no tenemos ningún contrato, hipoteca, lobby o corporación multinacional que nos presione… más que nuestra propia autoexigencia. Cada número toma el tiempo que tiene que tomar y cuando sale reporta satisfacciones a todos, los que lo hacemos y los que lo consumen.


LIBROS QUE VALEN ORO

—¿Cuántos Libros de Oro llevás realizados?

—Hasta el momento ocho: I misceláneo sin tema específico y reconvertido para su reedición en Horror (1895-1968); II Horror; III Thriller; IV Ciencia Ficción; V Monstruos; VI Cine Pulp; VII Weird Western; VIII Shock TV. Actualmente está cocinándose el siguiente volumen: Sci Fi TV. A partir de la reedición de Monstruos, todas las portadas son del ilustrador Pablo Canadé, uno de los pocos artistas que conozco que a la vez es editor de sí mismo, pues edita y ofrece los álbumes de fichas del cine de horror. Debido a esta tarea, Pablo también es un investigador de las diferentes épocas y tendencias del cine fantástico, con lo cual, conoce bien la iconografía clásica pero también las rarezas y las curiosidades del género. Pero, fundamentalmente, por esta duplicidad autor y editor, sabe que la clave de venta de un producto es el atractivo que pueda ejercer desde la portada.
—Uno de esos libros (Shock TV) está dedicado a la televisión. ¿Qué valor le das a la tele y a los telefilms en relación al cine?
—Uno muy importante, trascendental, pues la gran mayoría de nuestros traumas, o sea, los recuerdos fuertes de los primeros años, provienen de visionados televisivos. Antes de convertirse en difusor casi permanente y vacuo de chismes y rumores de la farándula, la televisión también era difusora del género fantástico, a través de series, largometrajes, telefilmes y hasta programas infantiles o didácticos. En Shock TV cubrimos todos aquellos programas argentinos o extranjeros de o con elementos de terror y suspenso que se emitieron por nuestra tevé. En el inminente Sci Fi TV se cubren los programas de fantasía y ciencia ficción. Completan esta reconstrucción de un rompecabezas cuya totalidad de piezas estará siempre incompleta, los recuerdos de figuras del medio como Mercedes Carreras, Pipo Pescador, Fabio Zerpa, Kenneth Johnson, Jorge Pacini, Selva Alemán, Marilina Ross y un montón de personalidades que en estos años fuimos entrevistando junto a Juan Moyano y Mariano Chinelli, los otros coautores de la obra.
—En el 2017 pusiste en marcha los Breviarios de Cinefanía y ya llevás publicadas dos series. La primera (Íconos del Horror) presenta cinco libros dedicados a Lon Chaney, Bela Lugosi, Boris Karloff, Vincent Price y Peter Cushing. En la segunda (Titanes del Horror) se sumaron títulos consagrados a Drácula, Frankenstein, Freaks, Sherlock Holmes y Jekyll & Hyde. ¿Cómo surgió?
—Luego de uno (o dos) cimbronazos que tuvo nuestra bamboleante estabilidad económica, decidimos cristalizar un proyecto que hacía años me rondaba la cabeza: una publicación de formato pequeño y económico, con aparente poco texto (pues a medida que vamos evolucionando, las nuevas generaciones hedonistas tienen menos paciencia y voluntad para leer) y con el atractivo del interior a todo color. Su denominación nace de mi afán por rescatar viejos formatos (por ejemplo, el mismo Libro de Oro es una alusión a los antiguos Libros de Oro de Patoruzú). Había dos o tres nombres para denominar el nuevo producto: por un lado, recordaba los Breviarios del Fondo de Cultura Económica, y por otro, recordaba  los Mentores del Saber y los Resúmenes Lerú. Al final, con ayuda de mi hermano Edmundo y su esposa Sol, el término “breviarios” ganó y, a pesar de que hoy en día algunos lectores o libreros los aluden como “brevarios” (sic), lo importante es que los adquieran y los lean. En los Breviarios de Cinefanía se trata un tema específico de manera sintética pero profunda, a través de 150 páginas profusamente ilustradas. Cada uno presenta las filmografías de acuerdo a los nuevos hallazgos y estudios en la materia, con prólogos de autores especializados a nivel mundial. En portada, como corresponde, hay ilustraciones originales. En este caso, retratos al óleo de Gabriela Rodas cuyo estilo barroco y atractivo resume en sus pinceladas el universo del terror y lo fantástico que también opera en el imaginario de los lectores. Las buenas artes y accesibilidad de la imprenta Dorrego (donde imprimimos hace años Cineficción) nos permitieron materializar este proyecto que, entiendo, no cualquier empresa se anima a imprimir.

LA RADIO CON CHUCHO

—Contamos de tu incursión en la radio, que se replica a su vez en el Canal de YouTube de Cinefanía.

—Esa fue idea del actor Chucho Fernández, amigo que conocí a través de la revista Cineficción y de la que también participa con una columna en cada número. La idea era armar programas temáticos que fueran coleccionables, pues hoy en día los modos de consumir han cambiado de manera radical a cómo era la radio en el siglo XX e incluso a cómo era hace algunos años atrás. Nos repartimos las tareas: él encargándose de los auspicios o canjes y yo de los guiones, cortinas y entrevistados, y así fabricamos la friolera de 61 programas repartidos en dos temporadas. Como le ha pasado a todo el mundo, la pandemia fracturó la fluidez del programa en vivo y nos obligó a grabar y editar cada uno desde su hogar. La gran satisfacción que nos ha permitido el programa fue sacar al aire la palabra de un montón de autores, estudiosos, investigadores, artistas y realizadores de cine fantástico, desde Hideo Nakata a Alejandro Ibáñez Nauta, de Juan Antonio Molina Foix a Jesús Palacios, de Patricia Breccia a Pablo de León, de Enrique Medina a Pablo Capanna… y, a la vez, a nuestros columnistas y colaboradores de aquí y allá. Y ya puedo adelantar que está en marcha una nueva temporada que arrancaremos con la palabra de Kenneth Johnson, creador de dos productos televisivos perennes como son V: Invasión extraterrestre y El increíble Hulk…


LA LETRA CON SANGRE ENTRA

Fanático de la criatura creada por el doctor Frankenstein —nacida de la imaginación de la escritora Mary Shelley y con infinidad de adaptaciones al cine, el teatro, el arte y otras artes—, Darío opina que “Frankenstein sintetiza la quintaesencia del monstruo, nos permite vibrar con cada nueva adaptación y nos invita a conocer la fuente literaria de la que proviene y que, sin el importante ícono cinematográfico, tal vez nunca hubiéramos llegado a conocer”.
—En cuanto a lo literario, ¿tenés referentes, autores, obras, que te hayan marcado?
—Todas las lecturas del género, pero en especial las primeras que fueron el Diccionario del diablo de Ambrose Bierce (aun sin saber su nombre) y la colección Biblioteca Básica de Misterio y Terror de Ediciones UVE que se conseguía en kioscos de diarios. Para la confección de los Breviarios repasé Frankenstein de Mary Shelley y Drácula de Bram Stoker, así como también Jekyll y Hyde de Stevenson. A través de encargarme de la producción de cada programa de radio, en un lapso corto leí y traduje mucho de diferentes autores: Oscar Wilde, Clive Barker, Bloch, Matheson, James Malcolm Rymer, Henry James, Le Fanu, Clarence Tod Robbins, e ignotos como Arthur Train, Gouverneur Morris . También exóticos como Alfred Kubin, Selma Lagerlof, Gustav Meyrink, Gustav Weil, Lafcadio Hearn, Richard Gordon Smith y hasta Alesteir Crowley. Y repasé argentinos como Leopoldo Lugones, Horacio Quiroga, Víctor Juan Guillot, Alberto Laiseca y Enrique Medina. Mis preferidos son Poe, Lovecraft y Hope Hodgson.
—Hablemos de El árbol sangriento, tu primer libro de cuentos. ¿Cómo se gestó? ¿Por qué incorporaste algunos textos escritos junto a Patricio Flores?
—Cuando en inicio del 2020 arreció la pandemia y aún no tenía el nuevo Libro de Oro para publicar, pensé que la ficción sería una ventana nueva para explorar y ver qué pasaba, más allá de los numerosos libros y publicaciones didácticas sobre cine. Los textos provienen de distintas épocas. Por un lado, a través de varios lustros de este siglo, tuve el ejercicio de escribir historias que intercambiaba con mi amigo Patricio Flores, quien por ese entonces vivía en la provincia de Salta, a cientos de kilómetros de distancia. A partir de un montón de temáticas, preparamos numerosos relatos, algunos de forma individual y otros en colaboración. Por otro lado, durante una época, participé de unas tertulias literarias junto a Agustina Piñeiro, Graciela Rapan y Matías Gayesky en las que elaborábamos narraciones de terror y ciencia ficción. Todo esto fue el caldo de cultivo de esta antología personal. 
—Aunque las ilustraciones que confeccionaste para el interior del libro aluden a fotogramas clásicos, la mayoría de los relatos no pivotean sobre los mitos del cine fantástico. Hay cuentos de boxeadores, de psicoanalistas, de oficinistas, de reencarnaciones. Por distintas vías trabajás sobre las desventuras de quienes trabajan o ocupan lugares donde no quieren estar. ¿Sentís que es uno los mayores padecimientos de nuestra época?
—Hay muy pocos males reales en este siglo XXI vertiginoso y avanzado. El grueso de los llamados males son cosas que inventamos para infringirnos nuestra cuota de infelicidad por no considerarnos merecedores de tener vida y algo de salud. El mayor es que todo, tecnología y entorno, nos lleva a creernos centro absoluto de la Creación. Todo parece girar en torno del individuo y esto provoca un enrarecimiento del resto, pues somos cada vez menos proclives a ponernos en el lugar del otro. La consideración se ha convertido en un bien escaso y la piedad es casi una reliquia de tiempos idos. En ese contexto, cualquier mínima dosis de real-realidad que nos toque, provoca una conmoción traumática. Es que la cercanía de la idea, del atisbo de la nula sustancia de nuestras vidas, de que venimos y nos vamos sin ninguna importancia y de que lo verdaderamente estimable es lo que hacemos durante este breve lapso y lo que dejamos para los demás, quiebra ese espejismo ficticio y absurdo. Ninguno de los relatos del libro supera algunas de las sorpresas amargas que nos depara este camino sinuoso en el que estamos embarcados, aunque mi propósito es que en algún párrafo acertado pueda equipararlo y que el lector se entretenga con la simetría resultante.
—¿Qué significa para vos que el prólogo del libro esté escrito por Enrique Medina, el célebre autor de Las tumbas?
—Simplemente tocar el cielo con las manos. Hoy en día, realmente, la posibilidad de publicar es accesible para todos, pero (como bien apuntabas en tu comentario del film argentino de ciencia ficción Moebius, que salió en un número de Cineficción) vivimos en un “mar de sordera”. Esto provoca que el grueso se haga sordo a nuestros mensajes y, a la vez, nosotros ensordecer a los mensajes de los demás. Esto no es sólo un mal de esta época, pues justamente Moebius, que lo denota, se filmó en el siglo pasado. Yo creo que —Salomón dixit— “no hay nada nuevo bajo el sol” y que durante el siglo XX don Enrique Medina ha tenido que luchar a destajo contra esa sordera generalizada, pero no recayó en querer vencerla con más sordera. Por eso me siento muy agradecido y honrado de haber contado con su aval en el prólogo del libro y me sirve a la vez como ejemplo para tener el oído atento y también abrir los ojos, pues en esta época además de sordera se agrega un mar de ceguera.

PELÍCULAS IMPRESCINDIBLES

—¿Te animarías a nombrar tres películas imprescindibles de la historia del cine de terror? 

—La novia de Frankenstein (1935) y El bebé de Rosemary (1968), ambas por su significación histórica en el horror clásico y moderno y, a la vez, por seguir entreteniendo e invitando a soñar con un mundo de dioses y monstruos. Y Freaks (1932), por mostrarnos qué tan retorcido es, no el mundo de la gente normal ni el de los freaks sino el de ambos, que mismamente es el nuestro.
—Siendo un devoto del cine clásico, ¿qué pensás de las remakes?
—Son las que permiten que la industria pueda seguir proyectándose en el tiempo. Antes, cuando no había acceso a las obras originales, eran excepciones que contribuían a sembrar cultura y edificador íconos. Recordemos que las películas clásicas de Hammer fueron una especie de remake de previas versiones de Universal. Pero hoy, teniendo la posibilidad de ver la obra original, considero que no hay ningún motivo que me lleve a ver remakes y, de hecho, no los veo.
—¿Cuál es tu opinión del cine de terror modelo siglo XXI?
—No tengo ninguna. Como te decía antes, no veo remakes y el cine de consumo masivo está casi por completo compuesto de ellas. Sin embargo, sí tengo opinión sobre las películas no masivas que nos llegan por ejemplo vía festivales. En contra de lo que creen muchos críticos, el cine no está muerto, sino que se ha vuelto selectivo. Hay muchas películas valiosas que exploran territorios genéricos o temáticos específicos, provenientes del cine mismo o la literatura.
—¿Cuál es tu mirada sobre el cine de terror argentino? ¿En qué medida el Buenos Aires Rojo Sangre (BARS) aportó a este presente?
—El terror argentino tiene gran recorrido (no sólo el cinematográfico, sino también el televisivo y el de todas las demás disciplinas). En lo cinematográfico, el BARS ha contribuido al rescate de realizadores y películas que precedieron nuestra época. Como pantalla para que el material pueda ser visto en sala por docenas, cientos o miles de personas, la presencia del BARS marca la diferencia entre tener un estímulo para seguir adelante con el género o largar todo y dedicarse a otra cosa. De acá a un par de lustros, los jóvenes realizadores que empezaron a mostrar sus cortos en el BARS serán ya veteranos con una carrera en el género, ¡así que imaginate el aporte!
—¿Tenés alguna película que te hubiera gustado filmar? ¿O actuar? ¿Por qué? 
—Cedería dirección y actuación para los que saben. Lo canjearía por más tiempo para ver las incontables perlas que aún hay en lista de espera.

11° Feria Municipal del Libro de Viedma

Leyendo en el encuentro Sangre.
Entre el viernes 19 y el domingo 21 de noviembre de 2021 participé de la 11° Feria Municipal del Libro de Viedma. Se realizó en la Manzana Histórica y Plaza Alsina, con exposición y venta de libros, espacios gastronómicos, talleres, presentaciones, charlas, DJ’s en vivo, actividades para niñas y niños, conversatorios, coros, danza, proyecciones documentales, talleres de escritura, de poesía, literatura, destinados a colegios y público en general. Allí estuvo presente el sello Muerde Muertos, con un stand atendido por Fernando Farías. Comparto aquí algunas fotos.
El viernes coordiné una charla taller sobre literatura de terror. Me acompañaron los/as escritores/as Agustina Bazterrica, María Negroni, Pablo Tolosa, Ignacio Román González, Patricio Chaija, Fabiola Soria y Gonzalo Simonetti.
Con Patricio Chaija brindamos el Taller de Escritura Narraciones Fuera de Serie, abierto para público mayor de 18 años, el sábado por la mañana.
Ese mismo sábado coordiné el Conversatorio de Terror, Ciencia Gicción y Fantasía Argenta, con la presencia de Patricio Chaija, Pablo Tolosa e Ignacio Román González. 
En la excapilla de la Plaza de Agua se realizó el encuentro Sangre, con lecturas de María Negroni, Agustina Bazterrica, Pablo Tolosa, Ignacio Román González, Patricio Chaija, Gonzalo Ventura, José María Marcos, Gonzalo Unamuno, Rubén Risso y Fabiola Soria. 
Con Patricio Chaija presentamos El horror de ProvidenceDesatormentándonosInsepulto. Cuentos de terror a la mexicana, el domingo a la tarde en la sede de la Biblioteca Mitre.

Conversatorios hacia el Bicentenario de Cañuelas


El miércoles 17 de noviembre de 2021, Tito Rivas, María Lydia Torti, Claudia Cortalezzi y José María Marcos participaron de una charla sobre literatura coordinada por Cristian Cirigliano, en el marco del Ciclo Conversatorios hacia el Bicentenario de Cañuelas, organizado por la Biblioteca Sarmiento. El encuentro se transmitió por el Facebook y ahora está subido al canal de YouTube de la entidad.

CICLO. Cañuelas cumple 200 años el 22 de enero de 2022. En este marco, la Biblioteca organizó esta serie de charlas sobre la identidad local en la cultura. “Diferentes áreas, momentos y experiencias se darán cita todos los viernes de octubre y noviembre en la voz de actores y referentes, encuentros que podrán ser vistos en vivo por Facebook y donde la gente podrá participar con preguntas durante la segunda hora de los mismos”, anunció la entidad. El ciclo comenzó el viernes 8 de octubre de 2021 en un encuentro con la participación de Susana Frasseren (docente y exsubsecretaria de Cultura), Sergio Medrano (Lic. en Conservación y Restauración de Bienes Culturales), Jorge Claudio Morhain (museólogo, bibliotecario, escritor), Carlos Moreno (arquitecto, relevador documental del patrimonio de Cañuelas). Moderadores de los conversatorios: Cristian Cirigliano (psicólogo social) y Juan Manuel Rizzi (director de la Biblioteca DF Sarmiento). 

FELBA | El terror, el mal y los villanos


El domingo 7 de noviembre de 2021 se concretó la charla “El terror, el mal y los villanos”, con la participación de Nati Beroiz, Victoria Bayona, José María Marcos y Cristina Alemany (coordinadora), en el marco de la tercera edición de la Feria de Editoriales y Librerías de Buenos Aires (FELBA), organizada por la Fundación El Libro y el Ministerio de Cultura de la Ciudad de Buenos Aires. En un riquísimo intercambio tuvimos ocasión de hablar de novelas como DráculaFrankenstein, El castillo de Otranto, El monje, Cumbres borrascosas Dr. Jekyll y Míster Hyde; la serie literaria Asylum de Medeleine Roux; las obras de Stephen King, Lovecraft, Quiroga y Poe; la literatura de terror argentina desde Juan Manuela Gorriti a Borges, Cortázar y Laiseca; Liliana Bodoc y La saga de los Confines; Rowling y Harry Potter; el miedo a las cucarachas, las hormigas, la muerte y el amor; la luz mala; los pactos con el demonio; los bebés malditos y una tracalada de sobrenaturalezas varias. La FELBA se llevó a cabo entre el 4 y 7 de noviembre de 2021 en la explanada del Centro de Convenciones de la ciudad de Buenos Aires (Plaza Brasil, Avenidas Figueroa Alcorta y Pueyrredón). En el cierre hubo sorteo de libros y seguimos hablando de fantasmas perdidos.

REVISTA RUDA | José María Marcos: “El conurbano es un territorio de conflictos, extrañas alianzas y contrastes que tengo muy presente al escribir”

José María Marcos (1974) es escritor, periodista y editor de Muerde Muertos, editorial dedicada a los géneros fantástico, terror y erótico, que en 2020 cumplió diez años de existencia.



José María Marcos (1974) es escritor, periodista y editor. Junto a su hermano Carlos (ambos sobrinos del artista plástico Jesús Marcos, fallecido en 2018) dirigen la editorial Muerde Muertos, dedicada a géneros históricamente relegados aunque recientemente favorecidos: el fantástico, el terror y el erótico. En 2020, en un contexto adverso para el mundo editorial, el sello cumplió diez años y Marcos aprovechó la ocasión para reeditar uno de sus libros de cuentos y publicar otro. Sus ficciones, construidas con precisión de relojero, humor negro y ácidas observaciones sobre la condición humana están habitadas por seres sobrenaturales como espectros y terribles deidades acuáticas pero también por monstruos demasiado humanos.
—En un año fatídico como el 2020, la editorial publicó ocho libros, algo casi inconcebible. ¿Qué fuerza extraña los conminó a editar esas obras?
—En febrero de 2020, en el mundo pre-pandemia, aparecieron en la colección Los Libros del Inquisidor las novelas Un asiento demasiado confortable, de Ana Grynbaum, y El quinto viaje, de Ércole Lissardi; y el ensayo Erotopías, escrito por Grynbaum-Lissardi. En marzo, justo la semana en que se declaró la cuarentena en la Argentina, salió de imprenta El cazador de mariposas, la primera novela de Patricio Chaija, editada originalmente por Ediciones de la Cultura en 2009 y que hace tiempo queríamos incorporar a la colección Muertos. Luego en noviembre de 2020, por los 10 años de Muerde Muertos, publicamos: Desatormentándonos, de José María Marcos, en la colección Muertos; No obstante lo cual, de Carlos Marcos, en la colección Muerde; y Olvidemos todo de una vez, de Fernando Figueras, en la colección Ni Muerde Ni Muertos. Fue nuestra manera de celebrar que el 26 de noviembre de 2010 pusimos en marcha el sello anunciando la salida de una tríada similar: Los fantasmas siempre tienen hambre [dedicado “al maestro Laiseca, por su fe en los monstruos”], de José María Marcos, en Muertos; Inmaculadas, de Carlos Marcos, en Muerde; e Ingrávido, de Fernando Figueras, en Ni Muerde Ni Muertos. Aprovechando el envión aniversario, reeditamos Los fantasmas siempre tienen hambre, que se hallaba agotado. ¿Cómo hicimos todo esto en el 2020? Dejando de lado el misterio y el azar, pienso que se logró gracias a los diez años anteriores de Muerde Muertos, durante los cuales tejimos redes con colegas, promotores de la lectura y comunicadores, participamos de variadas iniciativas, crecimos juntos a autores y autoras, ganamos la confianza de lectores y lectoras, sumamos experiencia, hicimos amigos y amigas que nos alientan y apoyan. Sin esa sumatoria de voluntades hubiera sido imposible. A todas esas manos camaradas les estamos infinitamente agradecidos.
—Tus relatos transcurren en zonas del conurbano bonaerense o sitios que se le parecen, donde los niños juegan en el barro y se trepan a árboles frutales, pero conviven con lo macabro de la conducta humana. ¿Cuál es tu visión sobre esto?
—Es la geografía y la idiosincrasia que más conozco y de la cual me siento parte. Por haber nacido en Uribelarrea (un pueblito de mil habitantes, a menos de cien kilómetros de la Ciudad Autónoma y a una distancia apenas superior de La Plata), me he movido y me muevo por esa zona de tránsito que conforman la ciudad de Buenos Aires, la capital de la Provincia, el conurbano y los restantes distritos bonaerenses. Es un territorio de conflictos, migraciones, extrañas alianzas, contrastes, que tengo muy presente a la hora de escribir.
—Sin duda existen múltiples prejuicios que acosan a los obesos, especialmente durante la niñez. ¿Qué circunstancia o hecho inspiró el relato “El Gordo”?
—No sufrí sobrepeso en la infancia. Jugaba al fútbol y eso siempre me mantuvo delgado. Cuando empecé la Facultad y dejé de entrenarme, aumenté mucho y me fui dando cuenta de que formaba parte del club de los que tenemos tendencia a comer de más. Al principio era “yo como porque me gusta”, hasta que asumí que ahí había un exceso que debía atender. Por eso conozco el tema de primera mano. La imagen disparadora del cuento fue imaginar a un gordito comiendo fideos como una máquina excavadora. El padre observa furioso: no acepta la obesidad de su hijo. Comparten el comedor de una casa, en un barrio suburbano, frente a la televisión prendida. La guía para el relato fue tensar esa situación, y hablar por un lado de cómo una buena idea (aquí, la importancia de cuidar la salud) puede ser nociva llevada a un extremo, y por otro, reflexionar sobre la fuerza arrolladora de cualquier compulsión que no se clausura con ponerle un candado a la heladera. Es un cuento que tiene cierta centralidad en Los fantasmas siempre tienen hambre, donde busqué trabajar sobre aquellas sombras que operan sobre nuestras acciones.
—¿Qué otros autores argentinos recomendarías en tu mismo estilo (hayan sido publicados por Muerde Muertos o no)?
—Aunque siempre son injustas estas listas (porque hay olvidos y uno no lee todo lo que quisiera), voy a intentarlo nombrando a autores/as de Argentina junto a sus cuentos y/o novelas. En primer lugar, recomiendo todo el catálogo de Muerde Muertos. Específicamente pulsan la cuerda del cuento de terror: Pablo Martínez Burkett (Mondo cane), Patricio Chaija (El horror de Providence), Pablo Tolosa (Hay que matarlos a todos), Marisa Vicentini (El fantasma del rosario), Lucas Berruezo (Los hombres malos usan sombrero), Fabián García (La lengua de los geckos) y Alberto Ramponelli (Crónicas del mal), a quienes publicamos alguno de sus libros; así como otros/as reunidos/as en la compilación Osario común. Summa de fantasía y horror (2013): Mariana Enriquez (Los peligros de fumar en la cama), Ignacio Román González (La analogía del cielo), Fabio Ferreras (“En el patio, con Mortimer, conmigo”), Walter Iannelli (Metano), Claudia Cortalezzi (Distrito Territorial San Telmo), Gerardo Quiroga (Phármakon), Sebastián Chilano (En tres noches la eternidad), Gustavo Nielsen (Auschwitz), Alejandra Zina (“El centinela”), Emiliano Vuela (“Afuera sigue cayendo ceniza”), César Cruz Ortega (“Solución de continuidad”), Ricardo Giorno (“Quemar a madre”) y Pablo Schuff (“La habitación de mamá”). En segundo lugar, desde una mirada amplia de lo macabro y lo espectral, se me vienen a la cabeza: Rogelio Oscar Retuerto (Las elegidas), Hernán Domínguez Nimo (Los muertos del Riachuelo), Juan Ignacio Pisano (El último Falcon sobre la tierra), Esteban Castromán (Pulsión), Matías Bragagnolo (Petite mort), Acheli Panza (Santoral), Claudio García Fanlo (La saga hiperbólica), Cezary Novek (La configuración del silencio), Samanta Schweblin (Pájaros en la boca), Ricardo Curci (Los seres intermedios), Diego Muzzio (Las esferas invisibles), Juan José Burzi (Sueños del hombre elefante), Mariano Buscaglia (Las ciénagas del diablo), Guillermo Martínez (Infierno grande), Pablo de Santis (El teatro de la memoria), Mercedes Bisordi (El tiempo que lleve olvidar), Dolores Reyes (Cometierra), Leandro Ávalos Blacha (Una casa de pie), Martín Sancia Kawamichi (Los poseídos de Luna Picante), Leonardo Oyola (Ultra-tumba), Ricardo Romero (Tantas noches como sean necesarias), Agustina Bazterrica (Diecinueve garras y un pájaro oscuro), Horacio Convertini (Los que duermen en el polvo), Luis Alexis Leiva (Un barrio silencioso). De Sandra Gasparini, investigadora y autora, destaco el ensayo Las horas nocturnas. Diez lecturas sobre terror, fantástico y ciencia, donde hace una lectura atenta y minuciosa sobre lo que viene sucediendo en la literatura argentina.
—Contame sobre las varias colecciones que tiene la editorial. ¿Cómo se fue conformando el catálogo?
—Las colecciones fundacionales son: Muertos, para el terror; Muerde, para lo erótico; Ni Muerde Ni Muertos, para el fantástico, realismo delirante y regiones afines; y Muerde Muertos, para los cruces y para homenajear a referentes como Alberto Laiseca o Enrique Medina, por ejemplo. Lo más nuevo es una quinta línea llamada Los Libros del Inquisidor, que son coediciones para la Argentina con los escritores uruguayos Ana Grynbaum y Ércole Lissardi.
—Fragmentos de obras de Clive Barker, H. P. Lovecraft, Stephen King o Liliana Bodoc aparecen como epígrafes en tus relatos. ¿A quiénes no has dejado de leer nunca? ¿Qué estás leyendo en este tiempo?
—A los mencionados los admiro profundamente. Suelo repasar sus libros, porque forman parte medular de mi biblioteca. Con King tengo un par de títulos pendientes, porque siempre hay novedades. Durante la cuarentena del 2020 volví a Oficio de búhos de Liliana Bodoc, que leí apenas salió en 2012. Ella falleció en febrero de 2018 y fue una gran pérdida. Esta segunda lectura tuvo un significado especial durante esos meses. Oficio de búhos es un libro donde Bodoc regresa a La saga de los confines, pero con la conciencia de que no hay retorno posible al momento anterior de una transformación, sea esta brusca o progresiva, y que el desafío es vivir con la memoria que nos constituye.
—En tus relatos hacés alusión al cine en más de una oportunidad: Roger Corman, La mancha voraz… ¿qué importancia le atribuís al séptimo arte en tu formación literaria?
—El cine y la música son esenciales en mi formación emocional y estética. Edgar Allan Poe llegó a mi vida a través de Vincent Price y Roger Corman en Sábados de Súper Acción. La primera vez que oí nombrar a Jekyll y Hyde fue en una canción del grupo de rock Vox Dei. Podría brindar más ejemplos de huellas que me señalaron caminos. Por eso, cada vez que puedo, incorporo citas o referencias en reconocimiento hacia quienes me dieron tanto y dirigidas a quienes hoy están buscando. De hecho, Desatormentándonos nace de mi gratitud hacia Spinetta, a través de quien conocí a Antonin Artaud. Por otra parte, literatura y cine de terror son dos campos que se retroalimentan, y si bien hay lectores que no son cinéfilos o cinéfilos que no son lectores, a muchos nos interesan ambos universos y su confluencia. Yo soy uno de ellos.
—¿Cuáles son las novedades del 2021?
—Empezamos el 2021 publicando dos libros en la colección Muertos: Insepulto. Cuentos de terror a la mexicana, del escritor y arqueólogo Ricardo Rincón Huarota, con dieciséis relatos ambientados en la actual Ciudad de México, que ponen especial énfasis en los vestigios de la época precolombina, la Conquista, el Virreinato, la Independencia; y El horror de Providence, de Patricio Chaija, quien homenajea a los escritores anglosajones que lo forjaron en el campo del horror contemporáneo: H.P. Lovecraft, Stephen King, Peter Straub, Clive Barker, Ramsey Campbell, Richard Matheson, Edgar Allan Poe, Robert Bloch y Dan Simmons. Para el segundo semestre estamos trabajando en la salida de nuevos libros de Enrique Medina, María Sola y Pablo Martínez Burkett.