3 de noviembre de 2009

José María Marcos mete miedo en España

El libro de cuentos Desartormentándonos, de José María Marcos, quedó entre los 13 finalistas del IV Premio de Literatura de Terror Villa de Maracena 2009 (Granada, España), uno de los certámenes literarios más importantes dedicado el género de terror en lengua española. Nota completa de InfoCañuelas AQUÍ.

2 de noviembre de 2009

El libro “Desartormentándonos” resultó finalista en el IV Premio de Literatura de Terror Villa de Maracena 2009

Quedó entre las 13 obras finalistas en uno de los certámenes más importantes dedicado el género terror en lengua española.

El libro de cuentos Desartormentándonos, de José María Marcos, quedó entre los 13 finalistas del IV Premio de Literatura de Terror Villa de Maracena 2009 (Granada, España), uno de los certámenes literarios más importantes dedicado el género de terror en lengua española.
El jurado estuvo integrado por Juan Manuel Azpitarte, Francisco Fernández Miser, José Lupiáñez, Gregorio Morales (escritor y director del evento), Fernando Ortega, José Luis Serrano y Fernando de Villena. El premio fue ganado por el escritor valenciano Francisco Baeza Soriano, por mayoría de los votos del jurado, con la novela La voz del lobo, que será editada en el 2010 por Almuraza. Asimismo el jurado recomendó la publicación de la obra Eros y Tanatos, de José Rubio Sánchez y José Miguel Cuesta Puertes.
Los trece finalistas del IV Premio de Literatura de Terror Villa de Maracena (por orden alfabético y bajo seudónimo) fueron: Algo no va bien, de Hugo Sanz; Cadáveres dichosos, de Kran; Desatormentándonos, de Antonio Barragán; El enigma del bosque, Laura Mercé; El mundo de las sombras, Varney; El reflejo de la sombra, Edmundo Paz; Eros y Tánatos, de Hiperbórea; La luz de la oscuridad, Zape Zeta; La seducción de la sombra, de Anónimo; La voz del lobo, de Dimas; Mundo hardcore, de Norma Bates; Relatos bajo la luz de un candil, de De Acuario; y Relatos de frontera, de Eliocroca.
Dentro de España, la mayor parte de las obras provinieron de Madrid, habiéndose recibido textos de Valencia, Sevilla, Málaga, Granada, Tarragona, Murcia, Barcelona, Jaén, León, Orense, Huesca, Asturias, Cantabria, Ciudad Real, Toledo, Pamplona, Cádiz y Zaragoza. Del resto del mundo, Argentina es el país con más textos presentados. Le siguieron (por número de originales) México, Cuba, Chile, Holanda, Francia, Alemania, Israel, El Salvador, Panamá, Venezuela y Bolivia.
Las anteriores ediciones fueron ganadas por Ángel Oleoso, con Los demonios del lugar; Sebastián Coh, con Bajo tierra; y Valeria Sabater, con Los lobos de la aldea Serieva.

1 de noviembre de 2009

Charlas de César Melis

El escritor y tallerista César Melis brindará dos charlas formativas en la sede de Editorial Dunken (Ayacucho 357, de la ciudad autónoma de Buenos Aires).
El primer encuentro, “Secretos del cuento”, tendrá lugar el próximo jueves 12 de noviembre, a las 19 horas. El segundo, “La palabra poética”, será el miércoles 9 de diciembre, a las 19.
La participación es gratuita, y los cupos son limitados. Por eso hay que inscribirse previamente escribiendo a charlas@dunken.com.ar, haciendo constar el nombre y el apellido.
Para el año próximo, según se anunció, habrá conferencias sobre novela, adaptación de géneros, dramaturgia y guiones, entre otros temas.
El magazine cultural de César Melis AQUÍ.

28 de octubre de 2009

Buenos Aires Rojo Sangre

24 de octubre de 2009

Alias Gardelito-Kid Ñandubay (de Bernardo Kordon)

Alias Gardelito-Kid Ñandubay, de Bernardo Kordon (Grupo Editor Mil Botellas, 2009, 180 páginas).

Por José María Marcos (*).

Reseñar hoy un libro de Bernardo Kordon (1915-2002) implica, en primer lugar, hacer un esfuerzo por brindar aunque sea brevemente un repaso de la trayectoria del autor, su lugar dentro de la literatura y cómo circuló su obra.
Publicó una decena de novelas breves, un centenar de relatos impecables y algunos ensayos, muchos de los cuales fueron reeditados con cierta regularidad hasta mediados de los años 80. Su primer libro de cuentos, La vuelta de Rocha, apareció en 1936 cuando tenía 21 años, mediante la Agrupación de Jóvenes Escritores, y, de algún modo, prefiguró su búsqueda en los márgenes de la literatura y de la vida.
En el estudio preliminar de la antología El misterioso cocinero volador y otros relatos (Centro Editor de América Latina, 1982), Jorge Rivera marcó así este punto: “Esta primera entrega (…) era publicitada en los difundidos cancioneros populares que editaban por entonces la vieja casa editora de Alfredo Angulo y sus similares, junto con los libros de 0,40 centavos como La mascota de la suerte para los enamorados, el Repertorio poético de Fernando Ochoa, el Almanaque de los sueños y los destinos, Sangre del Suburbio, de Iván Diez, Derecho a matar, de Barón Biza, las obras de Alemany Villa, ‘el mago de la declamación’, y los libros de la célebre Colección Aventuras. (…) Se trataba, por cierto, de una insólita y audaz elección de circuito, en la que seguramente no se hubiese embarcado el 90% de los escritores argentinos de la época, pero que marca de manera muy nítida la ruptura con ciertos esquemas, la falta de prejuicios sociales y culturales del autor, la exploración de nuevas capas de lectores potenciales, la intuición de la diversidad de estratos culturales y ‘masas de sentimientos’ del universo popular y la certera percepción de un mundo marginado, e inclusive subestimado, que busca y cultiva sus propios modelos culturales”.
No es casual entonces que hoy sea una pequeña editorial (Mil Botellas) la que se haga eco desde La Plata de este autor porteño que puso su mirada en las orillas, tanto a la hora de propagar su obra como en los textos mismos, donde los personajes preferidos suelen ser vagabundos, prostitutas, ladrones, estafadores, seres “cuya vida misma es un fragmento (..), sin relaciones estables con nadie, sin lugar fijo donde vivir”, como lo puntualiza Juan José Sebreli en la introducción de Un taxi amarillo y negro en Pakistán y otros relatos kordonianos (Sudamericana, 1986).
Las historias elegidas para esta nueva edición son Toribio Torres, alias “Gardelito” (1956) y Kid Ñandubay (1971), con dos personajes centrales que comparten cierta mirada maravillada de la realidad, el inicio de un viaje en busca de “algo” que los libere de la carga de sus días y el cruce con otras almas sin rumbo en medio de ese tránsito. No obstante, cada protagonista subjetivará las contingencias del azar de distinta manera y, por eso, sus destinos terminarán siendo bien diferentes.
La aventura de Toribio Torres (un pícaro culposo) es fundamentalmente una saga de extrañamiento de un tucumano perdido en la ciudad de Buenos Aires, y al mismo tiempo que es una suerte de relato sobre el absurdo existencial, también es una puesta en escena de los conflictos y carencias raigales. Desde esta base, el autor muestra sutilmente los móviles inconscientes del mundo del delito, al cual Toribio se acercará para romper su monotonía y comenzará estafando con la ayuda del perro Pucky. Luego engañará a una mujer que busca un novio, se hará pasar por cantor de tangos, mentirá a diestra y siniestra y, al final, se vinculará con una red de profesionales del hampa. En ese trayecto, será Fiacini quien le cante la posta del asunto: “Yo puedo ayudarte, pero tenés que prometerme una cosa: nada de raterías. Hay cosas grandes para hacer y el peor negocio es robar porque te echa a perder los otros”. Toribio irá dándole sentido a su vida y revelará su verdadera necesidad de ser mirado en una ciudad que no le pertenece: “Yo soy un cuentero, y puedo hacer un teatro mejor... Pero voy a otra cosa: ¿nunca te dedicaste a mirar a una persona cuando está sola y no sabe que la están observando? Se siente fuera del escenario y entonces es igual que ver una bolsa de papas con ropa de gente. El tipo se mete el dedo en la nariz, se pone frente al espejo con su cara más idiota, abre la boca para verse la lengua, se tira en la cama o da vueltas alrededor de la pieza. Ese tipo y un gusano son la misma cosa”. Quizás, por eso, la sentencia de Toribio sobre sus víctimas “Una persona que necesita amor, lo concede; quien ambiciona dinero, termina por darlo” será la que forje su propia desventura.
En cambio, Jack Berstein (a quien en un circo apodarán Kid Ñandubay) es un boxeador fracasado, quien reconstruye su vida hilvanando recuerdos de una manera que le permiten transformarse en un “combatiente”. A la inversa de Toribio, se va de Buenos Aires a recorrer provincias y ciudades pequeñas tras el sueño de encontrar su suerte. A lo largo de ese raid, recreará su iniciación como boxeador, su partida del barrio y su amistad con los fiocas (hombres que viven de las mujeres) y los lanzas (ladrones). Recordará por qué comenzó a vagabundear de un lado para el otro y cómo se metió en un circo, llegando a ser parte del elenco de “Juan Moreira”, una de las obras preferidas del público, y al repasar un artículo periodístico de esos años dirá: “Y yo sigo leyendo estos recortes, no tanto por las cosas que dicen, sino también por todo eso que no dicen”. Porque lo importante no son los hechos, sino cómo él mismo los evoque. Porque “Era preferible ser un linyera, pero buen boxeador, que un payaso viajando en primer clase”. Porque “todo hombre respeta a un combatiente y esta es mi profesión, aunque casi siempre no me da para comer”.
En el prólogo a estas obras, Germán García —desde su cercanía con el autor, sumado a la formación literaria y psicoanalítica— brinda una posible perspectiva de lectura: “Es conocida la foto de Bernardo Kordon junto a Mao. Menos conocido, estoy seguro, es el libro de Kordon llamado Viaje nada secreto al país de los misterios: China extraña y clara. La clave de este libro es descifrar China, incluyendo su política, desde el teatro: ‘¿Acaso el más genial de los directores no era el mismo Mao? Supo conducir a ochocientos millones de chinos a representar su propio rol, al extremo de que perdieron la cuenta de que todos interpretaban’. Cualquiera sea el valor que tenga para la descripción de China, la afirmación anterior revela la percepción que Kordon tenía de la vida que trama en esa extraña obra clara que se llama realista porque limita con la infancia, el sueño, el fracaso del amor, las secuelas de la muerte en la vida”.
Con Alias Gardelito-Kid Ñandubay, el Grupo Editor Mil Botellas nos da una oportunidad de regresar a un valioso autor, que yendo “de lo particular a lo universal, del vasto espejo del mundo a cierto entrañable rincón del barrio de Almagro” (como dijo Jorge Rivera) sigue teniendo cosas para decirnos en su afán por comprender qué significa la vida de un hombre en medio de los misterios y los avatares de la existencia.

(*) Los Asesinos Tímidos, viernes 23 de octubre de 2009.

6 de octubre de 2009

Broñia, una historia

La muestra “Broñia, una historia del holocausto-shoá”, del artista plástico Daniel Kuryj, se inauguró el martes 13 de octubre en la sede de la Fundación Lebensohn, ubicada en General Hornos 228, Barracas (ex fábrica Bagley), y podrá ser visitada hasta el 11 de noviembre, de 14 a 18.
Nacido en Buenos Aires en 1968, y graduado en Ingeniería Civil, Kuryj se inició en el arte como autodidacta hace 15 años. Hijo de inmigrantes ucranianos de Odessa, percibió de su madre los relatos terribles de la persecución a los judíos durante la ocupación alemana. En 2005 realizó análisis de arte junto a Luis Felipe Noé, quien lo alentó a desarrollar su obra y a escribir sobre aquellos días. Así fue como en el 2008 realizó su primera muestra individual en la galería Arcimboldo. En el 2008 y el 2009 —en el seminario de Diego Melero en el Centro Cultural Rojas y en la Facultad de Sociología— expuso sobre los proyectos presentados de los arquitectos Mies Van Der Rohe y Walter Gropius y sobre las publicaciones de tinte racista y progermánicas realizadas por el Concejo Deliberante porteño en la década del cuarenta.
Broñia —que da nombre a la muestra— es el nombre de una niña de padres hebreos que fuera protegida por Prokofii y Pasuña, abuelos de Daniel Kuryj, quien ha decidido transformar aquellos trágicos días en una extensa obra de arte, que funciona a su vez como denuncia y una forma de mantener la memoria.

27 de septiembre de 2009

Cautivante música del llano

“Esperando la lluvia”. Juan Martín Scalerandi (Edición independiente, 2009). Género: folklore.

Por José María Marcos (*).

“La música del llano es una de las más ricas del folklore argentino; comprende todas las expresiones desde la llanura pampeana hasta la cuenca rioplatense. Estilos, milongas, huellas, cifras y triunfos nos pintan —con gran riqueza expresiva y sonora— el cautivante e interminable llano de Buenos Aires y sus alrededores”. Con estas palabras, el talentoso guitarrista y compositor Juan Martín Scalerandi resumió cuál es el contenido del CD “Esperando la lluvia” (integrado por diez piezas instrumentales), que presentó oficialmente el viernes 25 de septiembre de 2009, en el Espacio Mu (Somellera 301, Adrogué).Las canciones elegidas para su primer trabajo solista son “Esperando la lluvia” (triunfo), “9 de Julio” (gato), “El regalo” (estilo), “La pampeana” (milonga), “Pa’ La Huella” (huella), “Milonga en Soledad” (milonga), “Gato encerra’o” (gato), “El hornero” (estilo), “Camino a Uribe” (triunfo) y “Una milonga” (milonga).
Con sutiles melodías y el ritmo pausado de sus formas, estas piezas dejan traslucir cierta melancolía nacida en el corazón de un territorio plagado de soledades. Quizás porque —como dice “La Pampa es un viejo mar” (Nervi-Cortéz)— se trata de una “Tierra para estar de pie / con las vigilias del tiempo (...). / La Pampa es de áspera piel / pero jugosa por dentro (…). / La Pampa es un viejo mar / donde navega el silencio”.
Juan Martín Scalerandi (joven músico nacido en Temperley) nos brinda la sonoridad y una mirada de esta región que, por tan cercana, pocas veces es advertida con tanta atención, profundidad y belleza, como en el disco “Esperando la lluvia”.
Más información AQUÍ.

(*) Publicado en la edición digital de Historia de Uribelarrea, domingo 27 de septiembre de 2009.