Novedad 2020 | Desatormentándonos

  • Desatormentándonos (Muerde Muertos, 2020). ISBN 978-987-47347-8-5. 160 páginas. Colección: Muertos. Cuentos: “Proyecto Ivanov”, “Dios máquina”, “El Cangrejo”, “Ojos verdes”, “El abuelo Bubby”, “Salatraco, “Isolina”, “Desatormentándonos”, “El Castillo de Silling” y “Caracoles”. $600. ► VENTA en Witolda Libros: Venezuela 615 (Timbre 1). Lunes a viernes, de 11 a 19 horas. Contacto para envíos: 4331-6426 y witoldalibros@gmail.com. Instagram: @witoldalibros | Facebook: facebook/witoldalibros.
  • Reedición Los fantasmas siempre tienen hambre (Muerde Muertos, 2020). ISBN 978-987-47347-7-8. 104 páginas. Colección: Muertos. Cuentos: “Ceguera”, “El Gordo”, “Manchas”, “La muerte de Rocky”, “La Casa Hansen”, “El ventanal”, “Isidro”, “Magdalena”, “Películas”, “Un ángel de la guarda” y “Resaca”. $600. ► VENTA en Witolda Libros: Venezuela 615 (Timbre 1). Lunes a viernes, de 11 a 19 horas. Contacto para envíos: witoldalibros@gmail.com y 4331-6426. Instagram: @witoldalibros | Facebook: facebook/witoldalibros.

“Monstruos de papel y celuloide” | Charla con Demián Rugna en Biblioteca Nacional | #Festivalón2020

El domingo 22 de noviembre de 2020 se estrenó en el Canal de YouTube de Biblioteca Nacional una conversación que mantuve con el cineasta Demián Rugna sobre “Monstruos de papel y celuloide”. Se dio en el marco del Festivalón 2020 organizado por Biblioteca Nacional, Encuentro Internacional de Literatura Fantástica, Córdoba Mata, Rosario Negra, Festival Azabache, Rastros: Observatorio Hispanoamericano de Género Negro y Criminal, Feria del Libro de Villa Mercedes, PoesíaVa, San Juan En-Pluma, Coliseo de Poesía y el Festival La Otra Mirada (cine documental).

Insomnia | Lucas Berruezo | “Pocas cosas son tan inciertas como la paternidad y la maternidad”

Por José María Marcos | Especial para INSOMNIA | Noviembre de 2020


La editorial argentina Azul Francia publicó Enfermos de oscuridad (2020), de Lucas Berruezo (Buenos Aires, 1982), formado por cuatro relatos de horror contemporáneo: “Historia de amor”, “Título pendiente”, “Progenitura” y “Vagos”. En 2015, Muerde Muertos lanzó su primera novela, Los hombres malos usan sombrero (utilizada como bibliografía en distintos colegios secundarios e incluida como lectura obligatoria en el seminario que Elsa Drucaroff dictó en 2015 en la carrera de Letras de la UBA). Su segundo libro, Frente al abismo, salió en 2017 en España de la mano de Ediciones Erradícame. Muchos de sus cuentos y artículos circulan en varias antologías y revistas, tanto nacionales como internacionales. En diálogo con INSOMNIA, el autor —licenciado en Letras (UBA), docente y escritor— reflexionó sobre el origen, las influencias y el contenido de su nueva producción. 
Enfermos de oscuridad (Azul Francia, 2020) está formado por cuatro relatos. ¿Qué te llevó a agruparlos bajo este título?
—El título fue lo último que surgió, cuando el libro ya estaba listo y faltaba poco para que la editorial Azul Francia lo mandara a la imprenta. Traté de pensar en algo que agrupara las cuatro historias bajo una característica común. Primero, pensé en usar algún nombre descriptivo, que anunciara que se trataba de una compilación, algo así como Las cuatro estaciones o Las cuatro después de la medianoche de Stephen King. Se me ocurrieron algunos nombres, pero no me convenció ninguno. Entonces recordé una escena del último relato, “Vagos”, en la que Sol, la protagonista, dice que la oscuridad no se comparte, se contagia, y que ella estaba enferma de oscuridad. Me pareció, así, que Enfermos de oscuridad era un buen título, que además de surgir de una de las historias, condensaba el espíritu de las restantes.
—Al igual que en tus anteriores producciones, aparecen escritores o personas relacionadas con el mundo editorial, la escritura o el universo de las ideas. ¿Por qué esta elección?
—Básicamente, porque tiene que ver con mi propio universo. El tiempo que no dedico a mi familia, se lo dedico a la literatura, ya sea leyendo, escribiendo o dando clases. Por eso estudié Letras, para poder pasarme el día hablando de literatura y que me paguen por eso. Claro, al momento de elegir la carrera pensé que me iban a pagar más, pero bueno... La cuestión es que mi universo es un universo literario, por lo que muchas de mis historias están inmersas en esa atmósfera. Me encanta que mis personajes escriban, que hablen de libros, quiero saber qué leen. No siempre surge en lo que escribo, pero cuando lo hace, la paso genial.
—En “Título pendiente” la escritura se vuelve el vehículo para una especie de parasitismo. ¿Cómo surgió esta historia? ¿Pensás que la escritura se acerca al oficio del vampiro?
—De alguna manera, sí. ¿Qué es un escritor sin lectores? Un escritor sin lectores es como una entidad incompleta, algo marchita. Esto, incluso, es todavía más radical en la actualidad, donde los escritores no sólo buscan lectores de sus relatos, sino también de sus publicaciones en las redes sociales. Hoy por hoy, la necesidad de ser leídos llevó a los escritores a pasar más tiempo en sus cuentas que trabajando en sus relatos. Después podemos discutir si lo que se publica en Facebook o en Twitter tiene valor literario o no, pero la cuestión es que muchos pasan más tiempo completando “estados” que “páginas en blanco”. Esto no lo digo desde la superioridad que da la indiferencia. Al contrario. Yo mismo uso las redes, y tuve épocas en las que estaba más ocupado en escribir “tuits” que historias. La retribución inmediata de internet posee una seducción que la dilación que implica la lectura de un cuento o de una novela carece. En conclusión, sí, creo que los escritores tenemos un poco de vampiros. No porque necesitemos de los lectores para vivir, sino porque necesitamos de ellos para sentirnos vivos. No sé si hay mucha diferencia.
—En tus relatos dejás constancia de tus lecturas y nombrás a Poe, King y Cortázar, entre otros. ¿Cómo te acompañan estos autores a la hora de la creación?
—Como te dije antes, me encanta hablar de literatura, y muchas de mis inquietudes son literarias. Los escritores que admiro me acompañan constantemente. No sólo los que pertenecen al terror o a lo fantástico. En Enfermos de oscuridad aparecen King, Poe y Cortázar, pero, por darte un ejemplo, ahora estoy escribiendo una novela en la que el protagonista es fanático de los escritores realistas del siglo XIX europeo: Balzac, Dickens, Stendhal, Flaubert, Pérez Galdós... Todo escritor es una consecuencia de lo que leyó y de lo que lee. Dime qué has leído y te diré lo que podrás llegar a escribir algún día.
—Las tensiones en relación a ser padre/madre, ser hijo/a atraviesan todo el libro. ¿Fue una unidad buscada? 
—No. De hecho, me sorprende esta lectura, que no contemplé. Supongo que se trata de una de mis obsesiones. Después de todo, soy padre de una nena de 11 años y de un nene de 7. Más que cualquier otra cosa en el mundo, deseo ser un buen padre. Intento serlo, aunque no siempre estoy seguro de los logros. Creo que pocas cosas son tan inciertas como la paternidad y la maternidad. Algunos padres fueron tan malos que terminaron por convertir a sus hijos en grandes personas, aunque más no fuera por el deseo de éstos de no parecerse a aquellos. Por el contrario, padres amorosos tuvieron que lidiar con hijos mediocres y malagradecidos. Todo es muy incierto... Por otra parte, las implicancias sociales y culturales de esto también me parecen interesantes. Después de todo, no creo que sea casual el paso del bíblico “honrarás a tu padre y a tu madre” al tan actual “toda la culpa es de papá o de mamá”. Ahora que lo pienso, Alejandro Paredes, el protagonista de Los hombres malos usan sombrero (mi primera novela, publicada por la editorial Muerde Muertos en 2015), es un muchacho que tiene en claro pocas cosas en su vida. Una de ellas es que quiere ser escritor, la otra es que no quiere ser padre. También tengo varios cuentos en los que doy vueltas en torno a la paternidad y a la maternidad, algunos de ellos incluidos en mi segundo libro, Frente al abismo (2017) y otros aparecidos en distintas revistas. Definitivamente no es un tema menor para mí. 
—“Vagos” es un relato inquietante, de un fuerte registro social y realista. ¿Por qué lo elegiste cómo cierre?
—Por dos sencillas razones: de los cuatro relatos, es el último que escribí y al que más fe le tengo. Me pareció un buen cierre. No es producto del azar que el título del libro haya salido de él.

Reseña | Historias que narran la oscuridad


Enfermos de oscuridad (Azul Francia, 2020), de Lucas Berruezo, propone cuatro historias que buscan echar luz sobre las pasiones nocturnas que mueven los engranajes de la humanidad. Situado en estas latitudes del sur dentro de la geografía del horror contemporáneo, el autor despliega distintas relaciones parentales, haciendo desfilar a hombres y mujeres que tratan de explicarse por qué seguimos existiendo y procreándonos como especie aun cuando para las grandes mayorías el presente se parece demasiado a una distopía. 
Ya desde el primer relato, “Historia de amor”, Berruezo deja constancia de sus lecturas y expone un interesante diálogo con Edgar Allan Poe. Evocando a las musas Berenice, Morella, Ligeia y Eleonora, nos presenta a un protagonista que trabaja en una editorial. Insatisfecho con su vida, está casado, no tiene hijos y anda sin motivaciones ni grandes metas, hasta que de pronto se entrevera con una impetuosa muchacha y se pone en marcha una larga cadena de sexo, complicidades, silencios, resignación, muerte y venganza, elementos que construyen un lustroso empedrado hacia el infierno.
“Título pendiente” nos trae a un viejo escritor que vive en una casa derruida. Madre joven y soltera, Daniela tiene la oportunidad de trabajar para él. Aunque está contratada para realizar tareas de limpieza, Eustaquio Gorroytía le propone abandonar la escoba, los trapos de piso y el detergente a cambio de que lea sus textos. A medida que Daniela va asumiendo su nuevo rol, la ficción comienza a mostrar al oeste bonaerense desde la tradición gótica de las criaturas noctámbulas. 
“Progenitura” aborda, de manera especular, dos casos en los que el ansia ante un hijo/a deseado-esperado-temido-imaginado transita por cauces inusuales. Son las experiencias de Cintia Biscotti y Samuel Grinbaum, quienes descubren cuán extraño es ser madre y padre, mientras los lectores vamos notando cómo se confunden los sueños con la locura. 
El último cuento, “Vagos”, posee un fuerte rasgo realista. Tras ser expulsada de un boliche por haber bebido de más, Sol Vargas camina por la autopista Acceso Oeste rumbo a su hogar (pero sin querer regresar) donde vive junto con su padre alcohólico. Testigo de este peregrinar es Federico, un compañero de escuela, hijo de un profesor de Filosofía. Al compás de los acontecimientos, el Profesor va tomando cuerpo a partir de las evocaciones de su hijo Federico, a quien se le irán agotando los argumentos cuando todo razonamiento deja de surtir efecto ante la droga, un pibe de la calle, el alcohol, las ganas de morir, un arma. Se trata, sin duda, de un acertado cierre para este libro en el que Berruezo parece haberse propuesto el audaz desafío de narrar partiendo desde la estación a la que Federico llega en este relato: el punto exacto en que las palabras parecen no alcanzar para conjurar la oscuridad. 

ASÍ ESCRIBE. Las personas le temen a la muerte. Es uno de los miedos universales, tal vez el más universal. Según los expertos (si es que puede haber “expertos” en relación con la muerte), dicho miedo se funda en el terror a lo desconocido. Claramente no es mi caso. Mi miedo a la muerte es demencial, pero no por lo que ignoro de ella, sino por lo que sé. (Fragmento del cuento “Historia de amor” de Lucas Berruezo).




El Campeón del Sur | Charla sobre periodismo, pandemia, fútbol, Bilardo, literatura y otras yerbas

Comparto la entrevista que Sergio Gómez (director de la revista El Campeón del Sur) me hizo para la edición de noviembre de 2020. ¡Gracias, campeón!

José María Marcos, Carlos Salvador Bilardo y Fernando Figueras.

JOSÉ MARÍA MARCOS. El director del diario La Palabra de Ezeiza charló con El Campeón del Sur sobre la llegada al periodismo, su pasión por la literatura, su encuentro con Carlos Salvador Bilardo y hasta el pasado futbolistico en el Club Cañuelas, donde salió campeón con la Quinta División en el Torneo de AFA Temporada 1991/92. 

Por Sergio Gómez | El Campeón del Sur | Noviembre de 2020

—¿Cómo estás con esto de la pandemia? —Trabajando mucho y llevándola día a día. Por fortuna, de salud y de ánimo me encuentro bien. Son momentos muy difíciles por la presencia del Covid-19 y por la crisis económica. Tenemos que ser muy conscientes de lo sucede para tender una mano solidaria a quienes más lo necesitan, recordando siempre que nuestros seres queridos son el mayor tesoro de la vida.
—¿Cómo está hoy La Palabra de Ezeiza teniendo en cuenta tanta recesión? —Pese al contexto general, hemos podido seguir saliendo con regularidad. Eso es posible gracias a dos motivos fundamentales: uno, el grupo de trabajo; dos, los lectores y los anunciantes. Conocedores de la situación, todos hemos puesto lo mejor para seguir adelante. Carlos Condenanza, Tomás Rossini, Fernando Farías, Chela, Ricardo Salinas, José María Franchino Arnaiz(h), Elio Salmón, Patricia Faure, Juan Carlos Ramirez Leiva, Sergio Gómez, Víctor García Costa, Silvia Gallegos, Freddy Montenegro y un montón de colaboradores son esenciales para este logro. Por otra parte, nada sería posible sin los lectores y los anunciantes que nos han seguido acompañando, pese a que sus actividades se han visto afectadas. A ellos les estamos muy agradecidos por el apoyo que recibimos desde hace más de 25 años.
—¿Se hizo difícil realizar coberturas en plena cuarentena? —Fue complejo y lo sigue siendo, aun cuando haya aperturas. El espacio público está muy afectado y diversas actividades se detuvieron o funcionan de manera restringida. Semana a semana vamos evaluando cada situación. Creemos que hay que seguir trabajando para que el virus no se expanda, hasta que aparezca una cura o una vacuna.
—¿Cuánto hace que trabajás en La Palabra de Ezeiza? ¿Contanos cómo se dio tu llegada al diario? —En el 2021 voy a cumplir 30 años en el periodismo. Soy oriundo de Uribelarrea, partido de Cañuelas. En 1991 (cuando aún estaba en la secundaria) di mis primeros pasos en La Palabra de Cañuelas, un semanario creado y dirigida por Omar Alcides Blasco. Empecé en una sección que se llamaba “La columna de la juventud”, junto a un grupo de chicas y chicos. Luego me incorporé al semanario como cronista deportivo. En aquel entonces, yo jugaba en la Quinta División del Club Cañuelas. En 1994, Blasco empezó a planificar la salida de La Palabra de Ezeiza a partir de la división de Esteban Echeverría y la creación de Ezeiza. Los que originalmente comenzaron con La Palabra de Ezeiza venían a conversar con nosotros para ver cómo funcionaba un periódico local, tanto a nivel periodístico como publicitario. Tras el arranque (que nosotros acompañamos desde Cañuelas), Blasco me ofreció hacerme cargo del semanario en 1996 y en agosto de ese año empecé como secretario de redacción. En agosto de 2001 asumí la dirección.
—Además, sos escritor y ya editaste muchos libros. Contanos de esta actividad. —Mi llegada al periodismo está relacionada con mi vocación por la escritura literaria, que nunca abandoné. Paralelamente a mi desarrollo como periodista, seguí escribiendo ficciones y llevo publicados ocho libros, además de haber participado como autor en alrededor de sesenta obras colectivas. En 2010 fundé con mi hermano Carlos un sello dedicado a la literatura de terror y fantástica, llamado Muerde Muertos. Por esta actividad, suelo también dar talleres y charlas en distintas partes del país. Asimismo colaboro con la Biblioteca Pública Alfonsina Storni de Ezeiza y con distintas escuelas del distrito. Uniendo ambos mundos, desde enero de 2019 y con el impulso de Fernando Farías (alias Torosaurio), incorporamos a La Palabra de Ezeiza una sección de cuentos ambientados en Ezeiza. Se llama “Esto no está chequeado” y ya llevamos publicados casi cien relatos. Hasta el momento han sumados sus voces: Torosaurio, Míster Afro, Tomassini, Fernando Garriga, Jade Shung, La Campanera de San Juan, Pablo Ruocco, Elio Salmón, La Dedos Negros, Juan Carlos Ramirez Leiva, Edgardo Pietrobelli, Freddy Montenegro, María Cecilia Gilardoni, Hugo Alberto Panza y Antonella Corallo. Dado que es un espacio para la comunidad, estamos abiertos a la posibilidad de que se sumen nuevas voces.

José María Marcos en la serie Nafta Súper (2016).

—Tu actividad literaria te llevó a “convertirte” en barrabrava de Laferrere y ser parte de una serie en Space. —Esa es una anécdota muy curiosa. Un amigo escritor, Leonardo Oyola, escribió una novela titulada Kryptonita (2011), que tuvo gran éxito y fue adaptada al cine con el mismo nombre en 2015, dirigida por Nicanor Loreti. A su vez, la peli dio lugar a la serie titulada Nafta Súper, que se concretó en 2016 y se emitió por Space. La historia juega con la idea de cómo sería la vida de Superman si hubiera caído en La Matanza. Desde ese punto de partida, Oyola escribió una historia muy original, con un Superman criollo (interpretado en la pantalla por Juan Palomino), secundado por los demás personajes de la Liga de Justicia. En el cuarto capítulo de la serie de Space, un grupo de autores tuvimos el privilegio de actuar como hinchas de Laferrere, en una escena junto a Darío Lopilato, y en los créditos figuro como Hincha de Laferrere N° 1. Resultó una experiencia muy divertida.
—En 2014 publicaste un libro llamado Haikus Bilardo. Contamos de esa experiencia. —Esa travesura la iniciamos con Fernando Figueras. Gran parte de mi generación (nací en 1974) está atravesada por los mundiales de fútbol 1986 y 1990, en los que el equipo argentino salió campeón y subcampeón, respectivamente, con Diego Armando Maradona de capitán y Carlos Salvador Bilardo de técnico. El haiku es una poesía japonesa que tiene una métrica establecida de tres versos de 5, 7 y 5 sílabas. Hablando con Fernando, salió el tema de que a la estructura del haiku se la nombraba como a una formación de fútbol (5-7-5) y nos preguntamos cómo sería un haiku futbolero y en especial un haiku inspirado en el esquema 3-5-2 popularizado por Carlos Salvador Bilardo (tres defensores, cinco mediocampistas y dos delanteros). Ese charla derivó en la idea de escribir en haikus 3-5-2 los mundiales 86 y 90. El libro (ilustrado por Matías Berneman y con testimonios de más de 50 invitados) salió en febrero de 2014, antes del Mundial de Brasil 2014, donde por esas vueltas de la vida se revivió la misma final del 86 y 90 entre Argentina y Alemania, con Bilardo como asesor del seleccionado mayor dirigido por Sabella. Entre otras tantas satisfacciones, Haikus Bilardo nos permitió compartir una noche con Ricardo Bochini (ídolo de Independiente e integrante del plantel argentino de 1986), a quien le dedicamos algunos haikus en el mítico bar porteño El Faro de Villa Urquiza, convocados por el cantor de tangos Hernán Cucuza Castiello. Y tuvimos la enorme dicha de conocer al mismísimo Carlos Salvador Bilardo, quien terminó invitándonos a su programa “La Hora de Bilardo”, en Radio La Red (AM 910), y nos realizó una entrevista. Fue muy emocionante que el propio Bilardo conversara con nosotros, que humildemente le acercamos este homenaje en modo de agradecimiento a las alegrías que nos dio en ambos mundiales.

José María Marcos y Américo Caezza. Año 1991.

—Contamos sobre tu paso como jugador de Cañuelas. —En 1989 tuve mi primera experiencia en el fútbol once vistiendo la camiseta del Club Los Naranjos en la Liga de Lobos. Antes, sólo conocía el potrero, las canchas de cinco o seis jugadores de los torneos relámpago, y jugaba para un equipo uribelarrense llamado El Talita, con una camiseta blanca y verde que evocaba un antiguo club de Uribelarrea llamado Luminarias. En 1990 un compañero de secundaria que jugaba en Cañuelas me contó que estaban probando jugadores para la Quinta División del Club Cañuelas, de cara a la temporada 1991/92 de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). En aquel entonces, el técnico era Juan Iglesias (quien tuvo su paso por el Club Tristán Suárez). Fui a las pruebas en el viejo estadio de Del Carmen y Matheu, que todos conocían como “El Cajón” por lo estrecho, y quedé dentro del plantel. Jugaba de dos al estilo Pedro Monzón. Mi ídolo en Boca Juniors era Enrique Hrabina, el Vikingo, un defensor muy duro que dejaba todo en la cancha. Claramente, yo no era un jugador habilidoso, pero tenía mucha fuerza, velocidad y cierta aspereza, que en aquella época se permitía y no era mal vista ni tan sancionada como en la actualidad con la búsqueda del fair play. Tuve la suerte de jugar casi toda la temporada con la Quinta División y anotar un gol de cabeza en la cancha de Ferrocarril Urquiza, en un partido que le ganamos al local por 3 a 1. Era un equipo que jugaba muy bien, muy influenciados por el fútbol de relevo, marca y estrategia de Bilardo, y tuvimos la suerte de salir campeones. Simultáneamente, ya había empezado a colaborar con La Palabra de Cañuelas, y en 1992 (cuando cursaba el último año de la secundaria) decidí dejar el fútbol y dedicarme al trabajo y al estudio. Guardo un gran recuerdo de aquella época, además de una medalla que recibí en una fiesta que se hizo en la sede del Club Cañuelas por el campeonato obtenido dentro de AFA, con la presencia de todo el plantel, el técnico Juan Iglesias, el presidente de aquel entonces Julio Del Valle y otros dirigentes.
La Palabra siempre le dio prioridad al deporte. ¿Contanos por qué? —Creemos que el deporte es central para el desarrollo personal, y es vital para la comunidad. Por haber vivido la experiencia, sé que lo que se aprende en aquellos años nos acompaña para siempre. El periodista Carlos Condenanza (compañero de tareas en La Palabra de Ezeiza y amante de los deportes en general) ha sido clave para darle ese lugar preponderante en nuestras páginas.
—¿Con la era digital cada vez cuesta más sostener un diario impreso? —Estamos en un momento de transformación y de crisis, tanto a nivel general como del periodismo y de la industria gráfica. Se hace difícil en medio tantas incertidumbres, pero no bajamos los brazos. Hay mucha gente que aún lee en papel y nos busca en los puestos de diarios y revistas. Ya el destino nos irá indicando los pasos a seguir.

Presentando junto a sus padres el libro Historia de Uribelarrea (2015).

—Contanos de tus orígenes. Venís del pueblo de Uribelarrea. —Viví en Uribelarrea hasta los 18 cuando me fui a estudiar Periodismo a La Plata, donde me recibí de Magíster en Periodismo y Medios de Comunicación, con una tesis vinculada al rol del periodismo local. Nací en Lomas de Zamora, porque allí es donde mi vieja (docente y directora de escuela) se hacía atender por la obra social de los maestros. Mi mamá Silvia Adriana Gorostidi nació en 1945 en Cañuelas, donde están sus raíces y gran parte de su familia histórica. Mi padre Ignacio Marcos nació el 8 de octubre de 1931 en Salamanca (España) y emigró a la Argentina en 1949 en busca de un horizonte tras la Guerra Civil Española (1936-1939). Con la familia de mi padre, pese a la distancia, también seguimos muy comunicados. Silvia e Ignacio (quienes me transmitieron su amor por la historia) publicaron juntos dos libros sobre la historia de Uribelarrea, que tuve la dicha de ayudar a editar: Uribelarrea, un pueblo de puertas abiertas (2007) e Historia de Uribelarrea (2015). Para la confección del libro contamos con la colaboración de mi hermana Jorgelina, quien trabajó varios años en La Palabra de Ezeiza.
—Contanos algo más de tu familia. —Mi compañera de la vida es Raquel Buela, quien se dedica al tango y tiene dos discos solistas, además de haber realizado otros trabajos artísticos. Provengo de una familia numerosa a la vieja usanza: somos ocho hermanos y hay infinidad de sobrinas y sobrinas, quienes van armando sus vidas y pronto, seguramente, darán la noticia de nuevos integrantes. Raquel tiene dos hermanas, a través de las cuales se suman más parientes. Agradezco ser parte de una familia grande. Eso me permitió comprender desde chico la diversidad y entender que podemos llevarnos bien pensando de maneras diferentes. Aprendí una lección fundamental para el periodismo y la vida: cada persona es un mundo, y ante un mismo hecho cada uno ve y vive algo distinto.

5 libros argentinos de terror para leer en estos días

Por Patricio Chaija (*) para el diario La Nueva | Lunes 2 de noviembre de 2020

El 31 de octubre fue Halloween, momento en que se abren los portales que comunican el otro mundo con el nuestro. Y hoy se conmemora en México el Día de Muertos. Acorde a estas fechas, se me ocurrió recomendarles cinco libros de autores argentinos contemporáneos, que transitan ese camino de ida y vuelta en el gran corredor que une el mundo de los vivos con el de los muertos.

1. Hay que matarlos a todos de Pablo Tolosa |  Una novela de aliens en la Patagonia, demasiado perturbadora, que nos quita las ganas de dirigirnos al sur de la nación cuando se pueda volver a circular.

2. Historias para contarle a la muerte de Leonor Ñañez | Un coloquio estremecedor entre la narradora y la mismísima Muerte, en donde la astucia y la estructura narrativa nos van a dejar sin aliento.

3. Los fantasmas siempre tienen hambre de José María Marcos | Se reedita este libro de cuentos luego de diez años, en donde las historias más realistas se van volviendo cada vez más retorcidas, algunas con condimentos extraños.

4. La configuración del silencio de Cezary Novek | Horror en estado puro en esta colección del autor cordobés, donde las imágenes perturbadoras son moneda corriente en el discurrir de las páginas.

5. Los niños asesinos de Ariel Williams | Uno de los libros más escalofriantes de los últimos años, en donde la crueldad de los jóvenes protagonistas no disminuye en ningún momento.

(*) Escritor bahiense de los géneros de terror y ciencia ficción.

Ray Bradbury, el hombre centenario

La editorial Catalpa presentó Ray Bradbury, el hombre centenario en un encuentro que fue transmitido online el sábado 31 de octubre de 2020 desde el zoom de la Universidad de La Rioja, con el apoyo de la Asociación Argentina de Estudios Americanos. El libro contiene una nota introductoria de Matías Carnevale (“Ray Bradbury, aquí y ahora”), el prólogo de Rogelio Laguna y doce ensayos a cargo de Carlos Abraham (“Una lírica y rupturista visión del futuro: Ray Bradbury en la revista Más Allá”), Matías Bragagnolo (“Bradbury y el policial negro”), Matías Carnevale (“Ray, el argentino”), Elton Honores (“De invasiones y nuevas tecnologías en “La hora cero” y “La pradera” de Ray Bradbury”), Darío Lavia (“Dos hitos bradburianos de la TV argentina”), José María Marcos (“Tinieblas avanzan sobre Green Town”), Teresa P. Mira de Echeverría y Guillermo Echeverría  (“De un extremo al otro (o cómo Bradbury resuelve un tema por medio de su contrario)”), Adrián Muoyo (“Crónicas marcianas en televisión: el Marte mítico, de Bradbury a Matheson”), Phil Nichols (“Ray Bradbury en el Reino Unido: dos perspectivas”), Cezary Novek (“Aquellos deleitables terrores”), Sergio Pedraja Cabo (“Bradbury y España. Cultura y ciencia ficción”) y Eduardo Wolovelsky (“M: Mildred y Montag”). Participaron del encuentro Gabriel Matego (Universidad de La Rioja) y Gustavo Kofman (Asociación Argentina de Estudios Americanos). +Video

DÓNDE CONSEGUIRLO | Mercadolibre, Amazon y la fanpage de Catalpa

El Clan de la Gran Marcha | Noche de Brujas

Con el Encuentro de Disfraces Especial Noche de Brujas, el jueves 29 de octubre de 2020 se llevó a cabo el cierre del Taller de Lectura El Clan de la Gran Marcha organizado por las profesoras Patricia Maidana, Alejandra Maffone y Romina Sampayo para los alumnos de quinto y sexto año del Instituto Nuestra Señora de Fátima de Moreno. A docentes y alumnos, felicitaciones por crear este espacio y gracias por invitarme a la última celebración junto a Pablo Martínez Burkett y Juan Guinot.

Recital de Narrativa | Especial Criaturas


El viernes 23 de octubre de 2020 leí en el especial Criaturas de la Feria del Libro Solidaria 2020 junto a Mariano Quirós, Marcelo Guerrieri, con la conducción de Yamila. Dejo aquí el Instagram de la Feria @feriadellibrosolidaria para seguir sus encuentros y sus actividades solidarias. En la ocasión, compartí dos textos escritos para la sección “Esto no está chequeado” de La Palabra de Ezeiza, bajo el seudónimo Míster Afro.

Novedad 2020 | Palabras para La Poderosa 1


Dentro de la Colección Rodolfo Walsh, el sello Al Fondo a la Derecha Ediciones editó una antología de relatos Palabras para La Poderosa 1, compilada por Valeria Sorín y Daniel Sorín, cuyas regalías serán destinadas para apoyar el trabajo de la Asociación Civil La Poderosa. Integración por la Educación Popular. Tengo el honor de formar parte con el relato “Charles Bronson” junto a textos de Claudia Piñeiro (“Un zapato y tres plumas”), Raúl Enrique Blanco (“El affaire de los tractores”), Gabriela Cabezón Cámara (“La garita”), Horacio Daniel Convertini (“La última noche de Dios”), Daniel Adolfo Sorín (“La mujer desnuda”), Enrique Gabriel Ferrari Pagano (“La interferencia”), Néstor Sebastián Chilano (“Lot”), Pablo Yoiris (“La noche roja”), Sofía María Fernández Olguín (“Se llama Ángela”), Arturo Osvaldo Gallone (“El emboscado”) y Hugo Ricardo Barcia (“Marina, el amor bajo los plátanos”). +Info

18° Maratón Nacional de Lectura 2020

En el marco de la 18° Maratón Nacional de Lectura 2020, las profesoras Patricia Maidana y Alejandra Maffone me invitaron a leer para Instagram y Facebook en el marco del Taller de Lectura El Clan de la Gran Marcha, del que participan alumnos del Instituto Nuestra Señora de Fátima de Moreno. Compartí para este espacio el poema V del libro El gato de Schrödinger (El Mono Armado, 2020), de Sergio A. Giuliodibari, un apreciado y talentoso autor que vive en Mar del Plata. La Maratón comenzó el viernes 25 de septiembre de 2020. +InfoFundaciónLeer