Escritor, periodista y editor | Instagram @josemariamarcos | Facebook: José María Marcos
“El fondo del corazón es árido. El hombre siembra sólo aquello que puede… y lo cuida”. Stephen King, Cementerio de animales
El cuento “Magdalena” integrará la antología 2009 del XV Concurso Leopoldo Marechal
El cuento “Magdalena”, de José María Marcos, fue elegido para integrar la Antología de Cuento y Poesía del XV Concurso Leopoldo Marechal, que se editará durante 2009. Del certamen organizado por la Dirección de Arte y Cultura de la Municipalidad de Morón participaron más de mil autores de distintos puntos del país entre ambos rubros. Integraron el jurado Ricardo Curci, Fabián Vique y Sebastián Bianchi. La entrega de premios se efectuó el sábado 13 de diciembre de 2008, en la Biblioteca Municipal Domingo Faustino Sarmiento, ubicada en Almirante Brown 763, de Morón. En la ocasión se hicieron públicos los nombres de los quince finalistas y de los ganadores de poesía y cuento. Presidieron el acto Gloria Arcuschin y Walter Iannelli, del área de Letras de la Dirección de Arte y Cultura de la Municipalidad de Morón. Representando al jurado de narrativa estuvo presente el escritor Ricardo Curci.
Nicolás Correa: “Engranajes de Sangre” tiene que ver con mis raíces
Así lo expresó Nicolás Correa al presentar su nuevo libro de cuentos. Hablaron de la obra José María Marcos y Leonardo Oyola. Walter Politano cerró la velada con una narración.
José María Marcos, Nicolás Correa y Leonardo Oyola.“Hablar de Engranajes de Sangre es remontarme a situaciones que tienen que ver con mis raíces. Si bien uno no trasplanta historias, en cada cuento hay semillas que tienen que ver con hechos muy personales”, expresó Nicolás Correa al presentar su nuevo libro de cuentos, el martes 9 de diciembre de 2008, en Bartolomeo Bar (Bartolomé Mitre 1525). Luego agregó: “Los personajes de los siete cuentos tienen ante todo dos cosas ante la vida: humildad y respeto, condiciones que creo esenciales en la vida”.
Editado por Milena Caserola, Engranajes de Sangre está compuesto por los cuentos “El machete”, “Una tarde más”, “Un beso en la frente”, “Disparos en el agua”, “Engranajes de Sangre”, “Un día cansador” y “El viento empujando”. Cuenta con ilustraciones de María Luján Secchi y un prólogo de José María Marcos.
En la apertura se proyectaron diapositivas con pinturas de Secchi, musicalizadas por Iván Correa en guitarra. A continuación, el prologuista y Leonardo Oyola resaltaron aspectos de la obra; mientras que Nicolás relató pormenores de la escritura y, en el cierre, el narrador Walter “El Nene” Politano recreó el cuento “El machete”.
Blog de Engranajes de Sangre
Editado por Milena Caserola, Engranajes de Sangre está compuesto por los cuentos “El machete”, “Una tarde más”, “Un beso en la frente”, “Disparos en el agua”, “Engranajes de Sangre”, “Un día cansador” y “El viento empujando”. Cuenta con ilustraciones de María Luján Secchi y un prólogo de José María Marcos.
En la apertura se proyectaron diapositivas con pinturas de Secchi, musicalizadas por Iván Correa en guitarra. A continuación, el prologuista y Leonardo Oyola resaltaron aspectos de la obra; mientras que Nicolás relató pormenores de la escritura y, en el cierre, el narrador Walter “El Nene” Politano recreó el cuento “El machete”.
Blog de Engranajes de Sangre
José María Marcos: la imaginación en la literatura realista
¿Cómo no van a ser verdaderas (estas historias) si las inventé del comienzo al fin? (Bernardo Kordon).
José María Marcos: Mientras escribía el Prólogo de Engranajes de Sangre, y trataba de ser concreto (para no demorar a los lectores en el encuentro con lo más importante), pensaba en una cuestión que no incorporé a esa introducción, pero que juzgo adecuada al reflexionar sobre el valor de estos cuentos.
Este punto está referido a la función de la imaginación en la literatura realista.
Para abordar esta idea recurrí a uno de los escritores que más admiro de este género. En su libro Historias de sobrevivientes, Bernardo Kordon dice algo que le calza justo a Nicolás: “Por supuesto estas historias son rigurosamente reales. Lo digo con palabras de Pablo Neruda: ‘Hablo de verdades. Dios me libre de inventar cosas’. Tales verdades implican una buena parte de fantasía: sin ella no hay literatura posible, ni siquiera una modesta literatura realista (…). Parodiando a Boris Vian: ¿Cómo no van a ser verdaderas (estas historias) si las inventé del comienzo al fin?”.
En mi Prólogo coloqué a Engranajes de Sangre en la tradición de creadores como Kordon y, por este motivo, creo que hay que remarcar que estos cuentos no son meros cuadros costumbristas, sino que son relatos que tienden a desentrañar mecanismos invisibles. Y justamente en ese esfuerzo la imaginación juega un papel clave para echar luz sobre aspectos privados que condicionan los comportamientos públicos.
Por ejemplo, en el cuento que da título al libro, el autor nos presenta a su protagonista de esta manera: “Dominga no iba a explicar que dos de esos niños habían sido el fruto de violaciones. Hombres como él (su hermano). Habían llegado una noche y en una noche se habían ido. Nunca se lo explicaría porque no era necesario”. Luego, al hablar de los hijos de Dominga, cuenta: “Los niños jugaban en la tierra. Jugaban con las piedritas. Las pateaban para ver quién llegaba más lejos. El polvo se levantaba con los golpes. Dominga los observaba, pero no decía nada. Ella tenía esa necesidad de que crecieran rápido. Quería que fuesen grandes y maduros. Fuertes y trabajadores y se fueran bien lejos de todo aquello”.
Con tres o cuatro pinceladas, Nicolás nos mete de lleno en el drama de un personaje ambivalente, que está entregado pero que sueña con un futuro mejor para sus hijos.
Actores como Dominga pueblan el libro y, sin duda, le dan un carácter especial a cada historia.
En “Un beso en la frente”, el desamparo de una escuela rural está esbozado con uno de nuestros peores miedos: “El patio interno de la escuela seguía mudo. El maestro le preguntó si le gustaba el té y la niña asintió con la cabeza. Él se sentó detrás de ella y comenzó a frotar la espalda de la niña, que sonrió”. Con muy poco, el autor nos dice mucho.
El cuento “El machete” tiene un comienzo que ya preludia todo lo demás: “Toma el machete y se agazapa. La tarde entera esperando. No son animales, son hombres. Se han escondido allí y está expectante de ellos. Palpa el mango del machete con fuerza. Abre y cierra la mano. El filo da al suelo. Es un filo grueso que no brilla. Ese machete estuvo en el rancho desde que él tiene conciencia. Nadie le ha dicho de donde salió pero ahí estaba. En la selva es útil y también en la noche”.
Aquí hay por lo menos tres ideas que resplandecen. Una es “No son animales, son hombres”, o sea que el personaje debe enfrentarse con hombres que se comportan como animales. La otra refiere a que el machete es útil “en la selva” pero también “en la noche” donde mandan esos hombres-bestia. Y la tercera idea refiere a la realidad del protagonista: “Es un filo grueso que no brilla (porque nada brilla en esa vida). Ese machete estuvo en el rancho desde que él tiene conciencia. Nadie le ha dicho de donde salió pero ahí estaba”.
En un gran cuento como “El viento empujando”, un veterano de guerra se enfrenta a un enemigo inesperado: “El caño de la cuarenta y cinco estaba helado. Tenía que mantener el pulso sereno aunque le costara. Sin emociones. La señora era buena pero tarareaba una canción molesta que se perdía con el rugido del viento”.
Ese mismo personaje —en una suerte de realismo mágico desvencijado— observa su entorno a través de una brumosa aura: “Afuera la resolana dejaba ver que el sol estaba totalmente cubierto. En las fosas el sol nunca aparecía. Se escondía durante semanas, y sólo frío y más frío. Eran semanas de oscuridad larguísima. Nada más. Como sabían todos en la compañía, mantener los pies secos era importante. Ellos les cortaban los pies a los que morían congelados para sacarles los zapatos. Caminaban hasta que los borceguíes se les clavaban en las plantas de los pies y entonces tenían que volver a cambiarlos. De no encontrar cadáveres en el camino, andaban descalzos hasta que también se terminaban muriendo de frío”.
Como dije en el Prólogo: “No hay andanzas ni proezas de superdotados en estos episodios. Hay historias grises de seres que deben enfrentar lo que les tocó en suerte. Toman mate amargo, caminan por calles de tierra, soportan la lluvia, tienen celos, miran con desdén el porvenir”.
Hoy, creo pertinente agregar que en detalles como los recién leídos vibra la esencia de las historias que Nicolás ha elegido para contar las verdades que se ocultan en su ficción.
Dichos relatos se sostienen sobre una trama que no se queda en la mera acción, sino que busca poner de manifiesto esos engranajes de sangre que presentimos, y que el autor ha sabido trazar con agudeza y con hondura para el regocijo de todos nosotros, los lectores.
José María Marcos: Mientras escribía el Prólogo de Engranajes de Sangre, y trataba de ser concreto (para no demorar a los lectores en el encuentro con lo más importante), pensaba en una cuestión que no incorporé a esa introducción, pero que juzgo adecuada al reflexionar sobre el valor de estos cuentos.
Este punto está referido a la función de la imaginación en la literatura realista.
Para abordar esta idea recurrí a uno de los escritores que más admiro de este género. En su libro Historias de sobrevivientes, Bernardo Kordon dice algo que le calza justo a Nicolás: “Por supuesto estas historias son rigurosamente reales. Lo digo con palabras de Pablo Neruda: ‘Hablo de verdades. Dios me libre de inventar cosas’. Tales verdades implican una buena parte de fantasía: sin ella no hay literatura posible, ni siquiera una modesta literatura realista (…). Parodiando a Boris Vian: ¿Cómo no van a ser verdaderas (estas historias) si las inventé del comienzo al fin?”.
En mi Prólogo coloqué a Engranajes de Sangre en la tradición de creadores como Kordon y, por este motivo, creo que hay que remarcar que estos cuentos no son meros cuadros costumbristas, sino que son relatos que tienden a desentrañar mecanismos invisibles. Y justamente en ese esfuerzo la imaginación juega un papel clave para echar luz sobre aspectos privados que condicionan los comportamientos públicos.
Por ejemplo, en el cuento que da título al libro, el autor nos presenta a su protagonista de esta manera: “Dominga no iba a explicar que dos de esos niños habían sido el fruto de violaciones. Hombres como él (su hermano). Habían llegado una noche y en una noche se habían ido. Nunca se lo explicaría porque no era necesario”. Luego, al hablar de los hijos de Dominga, cuenta: “Los niños jugaban en la tierra. Jugaban con las piedritas. Las pateaban para ver quién llegaba más lejos. El polvo se levantaba con los golpes. Dominga los observaba, pero no decía nada. Ella tenía esa necesidad de que crecieran rápido. Quería que fuesen grandes y maduros. Fuertes y trabajadores y se fueran bien lejos de todo aquello”.
Con tres o cuatro pinceladas, Nicolás nos mete de lleno en el drama de un personaje ambivalente, que está entregado pero que sueña con un futuro mejor para sus hijos.
Actores como Dominga pueblan el libro y, sin duda, le dan un carácter especial a cada historia.
En “Un beso en la frente”, el desamparo de una escuela rural está esbozado con uno de nuestros peores miedos: “El patio interno de la escuela seguía mudo. El maestro le preguntó si le gustaba el té y la niña asintió con la cabeza. Él se sentó detrás de ella y comenzó a frotar la espalda de la niña, que sonrió”. Con muy poco, el autor nos dice mucho.
El cuento “El machete” tiene un comienzo que ya preludia todo lo demás: “Toma el machete y se agazapa. La tarde entera esperando. No son animales, son hombres. Se han escondido allí y está expectante de ellos. Palpa el mango del machete con fuerza. Abre y cierra la mano. El filo da al suelo. Es un filo grueso que no brilla. Ese machete estuvo en el rancho desde que él tiene conciencia. Nadie le ha dicho de donde salió pero ahí estaba. En la selva es útil y también en la noche”.
Aquí hay por lo menos tres ideas que resplandecen. Una es “No son animales, son hombres”, o sea que el personaje debe enfrentarse con hombres que se comportan como animales. La otra refiere a que el machete es útil “en la selva” pero también “en la noche” donde mandan esos hombres-bestia. Y la tercera idea refiere a la realidad del protagonista: “Es un filo grueso que no brilla (porque nada brilla en esa vida). Ese machete estuvo en el rancho desde que él tiene conciencia. Nadie le ha dicho de donde salió pero ahí estaba”.
En un gran cuento como “El viento empujando”, un veterano de guerra se enfrenta a un enemigo inesperado: “El caño de la cuarenta y cinco estaba helado. Tenía que mantener el pulso sereno aunque le costara. Sin emociones. La señora era buena pero tarareaba una canción molesta que se perdía con el rugido del viento”.
Ese mismo personaje —en una suerte de realismo mágico desvencijado— observa su entorno a través de una brumosa aura: “Afuera la resolana dejaba ver que el sol estaba totalmente cubierto. En las fosas el sol nunca aparecía. Se escondía durante semanas, y sólo frío y más frío. Eran semanas de oscuridad larguísima. Nada más. Como sabían todos en la compañía, mantener los pies secos era importante. Ellos les cortaban los pies a los que morían congelados para sacarles los zapatos. Caminaban hasta que los borceguíes se les clavaban en las plantas de los pies y entonces tenían que volver a cambiarlos. De no encontrar cadáveres en el camino, andaban descalzos hasta que también se terminaban muriendo de frío”.
Como dije en el Prólogo: “No hay andanzas ni proezas de superdotados en estos episodios. Hay historias grises de seres que deben enfrentar lo que les tocó en suerte. Toman mate amargo, caminan por calles de tierra, soportan la lluvia, tienen celos, miran con desdén el porvenir”.
Hoy, creo pertinente agregar que en detalles como los recién leídos vibra la esencia de las historias que Nicolás ha elegido para contar las verdades que se ocultan en su ficción.
Dichos relatos se sostienen sobre una trama que no se queda en la mera acción, sino que busca poner de manifiesto esos engranajes de sangre que presentimos, y que el autor ha sabido trazar con agudeza y con hondura para el regocijo de todos nosotros, los lectores.
Leonardo Oyola, Walter Politano, Nicolás Correa y José María Marcos.
Leonardo Oyola: la literatura y el box
“Para hablarles de Engranajes de Sangre, tengo que decir que Nicolás es Tyson en el mejor momento”.
Leonardo Oyola: "Con Nicolás y José María tenemos la dicha de ser escritores. Con José María me hermana el hecho de que ambos somos discípulos de Alberto Laiseca. Al conocernos de antes, hemos tenido unas cuantas charlas con José María, quien una vez me dijo (comparando la literatura con el boxeo) que nosotros, los novelistas, tenemos que salir a ganar por puntos, mientras que los cuentistas deben ganar por knot out. Para hablarles de Engranajes de Sangre, tengo que decir que Nicolás es Tyson en el mejor momento. Y esto también tiene que ver con algo que viene de la ficción: el mejor pugilista, para que vamos a andar mintiendo, es Rocky Balboa. En su última película, Rocky le dice a su hijo: ‘¿Sabés por qué se habla de mí? ¿Por qué soy leyenda? No tiene nada que ver con la técnica. Yo soy leyenda por cómo me la aguantaba’. En los siete cuentos de Engranajes de Sangre los personajes tienen esta condición. En "El machete", un niño saca un elemento del mundo adulto para defenderse y se la aguanta. En "Un día cansador" una mujer lleva en su vientre la mayor alegría y, aunque tiene una pareja impresentable, quiere seguir adelante con su vida, y se la aguanta porque así lo eligió. En cada cuento sucede lo mismo y aquí Nicolás asume un gran riesgo, porque donde alguien puede ver golpes bajos, él pone hechos cotidianos que todos sabemos que son reales, y logra una literatura de mucha profundidad, que espero que siga cultivando. Le agradezco que haya escrito Engranajes de Sangre y deseo que siga escribiendo con la humildad y el respeto que le son propios”.
Leonardo Oyola: "Con Nicolás y José María tenemos la dicha de ser escritores. Con José María me hermana el hecho de que ambos somos discípulos de Alberto Laiseca. Al conocernos de antes, hemos tenido unas cuantas charlas con José María, quien una vez me dijo (comparando la literatura con el boxeo) que nosotros, los novelistas, tenemos que salir a ganar por puntos, mientras que los cuentistas deben ganar por knot out. Para hablarles de Engranajes de Sangre, tengo que decir que Nicolás es Tyson en el mejor momento. Y esto también tiene que ver con algo que viene de la ficción: el mejor pugilista, para que vamos a andar mintiendo, es Rocky Balboa. En su última película, Rocky le dice a su hijo: ‘¿Sabés por qué se habla de mí? ¿Por qué soy leyenda? No tiene nada que ver con la técnica. Yo soy leyenda por cómo me la aguantaba’. En los siete cuentos de Engranajes de Sangre los personajes tienen esta condición. En "El machete", un niño saca un elemento del mundo adulto para defenderse y se la aguanta. En "Un día cansador" una mujer lleva en su vientre la mayor alegría y, aunque tiene una pareja impresentable, quiere seguir adelante con su vida, y se la aguanta porque así lo eligió. En cada cuento sucede lo mismo y aquí Nicolás asume un gran riesgo, porque donde alguien puede ver golpes bajos, él pone hechos cotidianos que todos sabemos que son reales, y logra una literatura de mucha profundidad, que espero que siga cultivando. Le agradezco que haya escrito Engranajes de Sangre y deseo que siga escribiendo con la humildad y el respeto que le son propios”.
Comienzan las aventuras de El Corcho
La editorial Funesiana editó Rocanrol, de Sebastián Pandolfelli, y lo presentó el martes 2 de diciembre en el Centro Cultural Zas (Moreno 2320). Abrió la velada el grupo Los Monobestias, y luego hablaron Leonardo Oyola, Pablo Agüero y Agustín Valle.Rocanrol está integrado por un relato que describe los pormenores de la vida de El Corcho, un personaje que es protagonista de otras historias inéditas, según contó el propio Pandolfelli en la presentación. “Mientras arma un porro no le importa otra cosa en el mundo. Puede estallar una guerra nuclear o caer un meteorito en el patio de la casa. Podrían secuestrarlo unos extraterrestres o aparecérsele una bailarina de Tinelli en pelotas que al Corcho le importa tres carazos. Porque no se olvida de lo artesanal del asunto. De sólo verlo en acción, armando, con esa paciencia Zen, dan ganas de prenderse uno. Cuando toca la guitarra pone el mismo empeño”. Así describe el autor al Corcho en el comienzo y, a continuación, se encarga de recrear sus sueños y su realidad en torno a la música. Un arranque prometedor.
Para la ocasión, editorial Funesiana editó cuarenta ejemplares, que se agotaron la misma noche. Para conseguir Rocanroll (antes de que el Corcho se meta en nuevas aventuras) están los siguientes blogs:
http://editorialfunesiana.blogspot.com/
Para la ocasión, editorial Funesiana editó cuarenta ejemplares, que se agotaron la misma noche. Para conseguir Rocanroll (antes de que el Corcho se meta en nuevas aventuras) están los siguientes blogs:
http://editorialfunesiana.blogspot.com/
Engranajes de Sangre
El martes 9 de diciembre de 2008, a partir de las 19, en el bar Bartolomeo (Bartolomé Mitre 1525), se presentará el libro de cuentos Engranajes de Sangre, de Nicolás Correa. Hablarán sobre la obra Leonardo Oyola y José María Marcos (autor del prólogo). Compartirán la presentación el narrador Walter “El Nene” Politano y el músico Iván “Cuerda” Correa.
Aquí el Prólogo
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