“El fondo del corazón es árido. El hombre siembra sólo aquello que puede… y lo cuida”. Stephen King, Cementerio de animales

Antología de Acento Poético

El grupo Acento Poético editó La palabra con acento, primera antología de poesía y prosa del Centro Literario, Artístico y Cultural Acento Poético. La obra publicada por la Editorial De los Cuatro Vientos reúne a escritores locales y a sus pares ganadores del último certamen de narrativa del grupo Acento Poético. El prólogo está a cargo de José María Marcos (director de La Palabra de Ezeiza) y los autores son: Graciela Pucheta, Diego Sandoval, Francisco Alberto Giudice, Elsa Alicia Panza, María del Rosario Parejas, María Elena Yakoby, Víctor C. Contreras, Daniel Alberto Castrillo, Charo Ferro, María del Carmen Castiello, Elsika, Ezequiel Landaburo, Pichina Fracchia, Fernando Diego Guevara, Pablo Daniel Canavelli, María C. Álvarez y María Inés Iribarne.
Prólogo
Por José María Marcos
La aparición de La palabra con acento, primera antología de poesía y prosa del Centro Literario, Artístico y Cultural Acento Poético es sin dudas un hecho digno de celebrar. Por un lado, es la materialización de un sueño anhelado por estos escritores congregados en Ezeiza y, por otro, es una ventana a un enorme patrimonio intangible, que permite reconocernos dentro de un tiempo y de un lugar. Para el semanario La Palabra de Ezeiza es una gran satisfacción acompañar este nuevo logro: conocemos los esfuerzos y la pasión de estos trovadores contemporáneos, merced a la difusión constante de sus actividades y al auspicio que les hemos brindado en distintos certámenes y ciclos artísticos.
Parecerá una obviedad recordar en esta breve introducción que, para la lengua castellana, el acento es lo que nos posibilita dar mayor énfasis a una sílaba y es lo que le da el verdadero carácter a cada palabra. Sonará elemental repetir que lo poético es aquello que participa de las cualidades de la idealidad, espiritualidad y belleza propias de la poesía. Sin embargo, vale la pena refrescar el sentido de estas dos palabras, pues fueron las elegidas por estos creadores al gestar este espacio, con la ilusión de transformar la realidad mediante la belleza de la escritura.
La presente selección es un mérito exclusivo de su trabajo y de su perseverancia. En ella, conviven poetas y narradores noveles con otros de mayor trayectoria; hay historias de amor (de las que terminan bien y de las otras), reflexiones sobre el paso del tiempo, cuentos infantiles, relatos fantásticos, pinturas realistas, narraciones con humor, miradas nostálgicas… y, sobre todo, mucha imaginación, tramas con intriga y deliciosas metáforas para el gozo de los lectores, quienes podrán comprobar que cada autor posee una forma particular de concebir sus textos, y tal vez, encuentren una obra, un pasaje o una simple oración, que llegue hasta alguna de sus fibras más íntimas.
Por mi parte, les confieso que suelo preguntarme: “¿Por qué las mujeres y los hombres seguimos eligiendo a la literatura como una forma de dilucidar las incógnitas del mundo?”. Desconozco la respuesta, pero percibo que se trata de una necesidad tan básica como respirar y comer, que puede rastrearse hasta el 3100 antes de Cristo. Ya en aquella época, el pueblo sumerio comenzó a registrar los acontecimientos con inscripciones sobre tablillas de arcilla cocidas al sol. Hoy, cinco mil años después, otros hombres y otras mujeres siguen inventando cuentos y poesías para explicar los acontecimientos diarios de nuestras vidas. Creo que alguna razón misteriosa y potente debe existir. Quizá, pueda encontrarse en las siguientes páginas, que son algo así como las primeras tablillas del grupo Acento Poético.

La historia de un gran amor

Manual sadomasoporno (ex tractat)

Por José María Marcos (*)

La editorial Carne Argentina editó el nuevo libro de Alberto Laiseca: Manual sadomasoporno (ex tractat).Mezcla de aforismos, humor negro y esquizofrénico, un despliegue de técnicas sádicas y masoquistas, “consejos para los jóvenes” y variados recursos, el Manual habla oblicuamente sobre una historia de amor, o de lo efímero de todo gran amor, que a veces parecen ser lo mismo.
Pero... para llegar hasta “la historia” hay que “hacer un viaje desde lo oscuro hacia lo luminoso” y pasar por el tamiz de lo que es el amor para Laiseca, quien desde el arranque nos advierte: “Sadismo es amor. Masoquismo es ternura. Vampirismo es protección”.
Después de esas frases redobla la apuesta y agrega: “Por el culo no es incesto. Una sola vez no preña (licencia poética)”, y aquí queda cerrar el libro, o seguir entrando a este particular mundo, en el que regiría la premisa de Eric, el Fantasma de la Ópera, tantas veces visitado por el propio autor: “Cada uno tiene las citas que puede”.
Mi decisión fue seguir adelante y hallé infinidad de joyitas.
Algunas de ellas son los consejos del Viejo Lai: “Si sos hombre las mujeres entran y salen. Si sos mujer los hombres salen y entran. Pero la casa queda. Tené casa propia, para que nadie te pueda echar”. “Si conseguís que una chica se ría ya la tenés media metida en la bolsa. Y si le enseñás a jugar es tuya”. “Para cuando andés bien jodido te doy un consejo (de alguien que fue pobre mucho tiempo): tomate dos grappas y andate a dormir. Que mañana será otro día”.
También hay paradojas (o parajodas, como decía Bernardo Kordon) de este tipo: “La soledad se puede disfrutar siempre y cuando uno esté acompañado”. Razonamientos chasco: “Todas las putas tienen tetas. Todas las tetas tienen putas”. Humor negro: “La morgue no es tan mal lugar como se dice. Hay muchas chicas desnudas”. Recomendaciones para sádicos: “La toalla mojada y didáctica. Chirlos sólo en el culo y en las piernitas. Las tetas no porque son muy frágiles. Aunque te mueras de ganas”. Sentencias: “El que traiciona a sus mujeres, más tarde o más temprano, te va a traicionar también a vos, que sos su amigo”. Paráfrasis martinfierristas: “Hacete amigo ‘e las tetas. No les des de qué quejarse. Y cuando ellas quieran enojarse, vos te debés encoger. Que siempre es güeno tener ande ir a rascarse”.
Completan el Manual dieciséis opiniones sobre ciencia (“pueden saltearse perfectamente y la obra se entiende igual”, aclara), variantes para los cuentos Berenice, de Edgar Allan Poe, y Barba Azul, y algunas confesiones: “No hay crecimiento fuera de la mujer. Ellas me humanizaron” o “Me he salvado, hasta aquí, de puro pedo”.
El diseño de la tapa y de la edición corresponde a Eugenia Herrero. El libro está ilustrado con muñecas y una serie de esculturas de Lilian Almada y dibujos de Victoria Accorinti. La fotografía estuvo a cargo de Magali Flaks. Y la dedicatoria: “Para Selva Almada, porque este libro es suyo”. Todas chicas que se han ocupado de hacer una cuidada edición (48 páginas de papel ilustración, tamaño 28 cm. x 19 cm), realizada con el apoyo del Fondo Metropolitano de las Artes y las Ciencias del Ministerio de Cultura del GCBA, llena de detalles, como una sobrecubierta blanca que lleva el número 1725 siguiendo el número de libros que Laiseca tiene catalogados en su casa.
Se nota que al Conde y sus chicas los une un gran amor, que gestó este libro de inusual y extravagante encanto.

(*) Insomnia Nº 124, abril de 2008.

Grupo Cruce: Made in Argentina

Relatos de Nicolás Raúl Correa

El grupo Cruce publicó el libro Made in China, de Nicolás Raúl Correa, mediante la editorial El Escriba. Se trata de siete cuentos, antecedidos por un prólogo en el autor trata de explicar el contenido de una obra cruzada por tensiones (literarias y extra-literarias) y una permanente búsqueda estética.
En opinión del periodista Ricardo Filighera (Crónica): “Un manojo de cuentos que se paran ante el lector con autoridad y presteza, desafiantes, escudriñadores e intensos. La ciudad, como epicentro de choques, roces, sucesos varios con sentidos y acertijos polifuncionales pone a quien se sumerja en estas interesantes líneas ante más de un desafío desde lo perceptual y lo sensorial, empujados desde la audacia e intensidad de una escritura que va más allá de las formas canónicas”.
GRUPO CRUCE
Cruce es un grupo compuestos no sólo por escritores, sino por artistas de distintas disciplinas. Componen Cruce Literario: Juan Manuel Ávila, Nicolás Raúl Correa, Fernando Luis Lozano y Alejandro Spiner. Cruce Musical: Iván Manuel Correa, Liliana Javier, Fernando Luis Lozano y Walter Nardo. Cruce Teatral: Ludmila Baigorria, Vanesa Cotroneo y Eugenia Fernández Lemos.
CONTACTO
Noticias y trabajos del grupo Cruce pueden leerse en:
Su e-mail:

Las vacas vuelan

73 entrevistas para conocer
a fondo Ezeiza, uno de los
distritos paradigmáticos del
Conurbano Bonaerense

Por José María Marcos, para La Palabra de Ezeiza

La Junta de Estudios Históricos de Ezeiza presentó el libro Las vacas vuelan (2007), de Patricia Celia Faure, un valioso trabajo de 73 entrevistas que reconstruyen a partir de finos trazos la formación de Ezeiza, uno de los distritos del Conurbano Bonaerense con “más prensa” por el Aeropuerto Internacional Ezeiza, o por hechos como “La masacre de Ezeiza” o “La mafia de Ezeiza”, pero poco conocido en profundidad, pese a ser un sitio paradigmático en cuanto a la transformación durante la mitad del siglo veinte de los pueblos rurales en urbanizaciones. Según el historiador Juan Carlos Ramírez, el libro es el diario íntimo “de la comunidad de Ezeiza, desde sus orígenes urbanos hasta el registro de los inevitables cambios devenidos cuando las tamberas vacas volaron al instalarse la parada de aviones”. Los 73 entrevistados son vecinos que vivieron desde el año 1916, y sus relatos reconstruyen el período que va desde los comienzos del asentamiento poblacional hasta 1973 con la denominación de José María Ezeiza como ciudad. En el prólogo, Patricia dice que “el motivo que impulsó este trabajo fue la conciencia de la pérdida de estas memorias instaladas en sujetos sociales presentes de la localidad”. Las vacas vuelan está ilustrado con uno montaje, en la se ve centralmente la imagen de espigón del Aeropuerto Ezeiza en construcción, en el año 1949; digitalmente, sobre la misma, fueron puestas algunas vacas pastando. “El germen del pueblo fueron las vacas, pero, a partir del Aeropuerto, éstas volaron para dar lugar a la nueva constitución de una nueva identidad urbana”, explicó Patricia, en relación al título de la investigación. La cuidada edición, a cargo de Dunken, tiene casi cuatrocientas páginas y, sin dudas, es un material que vale la pena leer. Está dividido en un prólogo (Yo vine a preguntar), una conclusión (Reflexiones finales) y seis capítulos, que corresponden a distintas épocas, con epílogos que le dan un marco conceptual a las entrevistas (Décadas 1890-1910: Ezeiza rural; Década de 1920: El caserío; Década de 1930: el pueblito; Década de 1940: El aeropuerto; Década de 1950: el progreso: Década de 1960: los barrios).

PATRICIA FAURE. Patricia Celia Faure es licenciada en Periodismo y en Comunicación Social. Nació en 1963, en Capital Federal, y desde aquel momento vive en la ciudad de José María Ezeiza. Docente universitaria (UBA), tarea que complementa con su labor de bibliotecaria y periodista, preside la Junta de Estudios Históricos del Distrito Ezeiza. Tanto la UBA como la UNMdP le han publicado diferentes ponencias en congresos, entre las que se encuentran: “La fotografía para erigir un escritor”, “Los modelos de tarjeta postal”, “La constante selva en cuentos y fotografías” y “Martinfierristas en foco. La fotografía en la revista Martín Fierro (1924-1927)”.

Revista Insomnia

Recuerdos parásitos:
una excelente novela de
dos autores argentinos

Por RAR. editor de INSOMNIA, Nº 119, noviembre de 2007

Se editó recientemente Recuerdos parásitos (quién alimenta a quién…), de los hermanos Carlos Marcos y José María Marcos, una novela que se inscribe en el género de lo siniestro y que pone el acento en el aspecto psicológico de los personajes. Publicada por De los Cuatro Vientos, la obra fue calificada por Alberto Laiseca como “una novela profunda”. El creador del exitoso ciclo Cuentos de Terror (emitido durante tres años por el canal de televisión por cable ISAT) y actual presentador del programa Vade Retro (jueves, a las 22, Canal Retro) remarcó también que “la obra gira alrededor de la falta de amor. Asesinos en serie, ya sean físicos o virtuales. Misóginos extremos o supuestamente pacíficos, de ésos que la ley no castiga. Pero tal vez sí los castigue la soledad que corresponde a la frívola falta de ontos”. Nota completa

Plumas fatales

Una novela escrita por
dos autores en contrapunto

Por Cecilia Sigler Relgis,
para revista Veintitrés (*)

Sería un lugar común afirmar que la infancia es eterna o que los juegos son parte de la vida. Carlos y José María Marcos, hermanos autores de Recuerdos parásitos (quién alimenta a quién…), continúan ese hilo lúdico, que suele cortarse en un juego-trampa en la literatura, de la manera más sutil. Esta novela es un contrapunto de capítulos entre ellos, que recorre el mismo lugar que se transita cada vez que se lee: la ficción. Una historia indefinida en un pueblo fantasma sin tiempo ni espacios: Silling es, fue y será parte de los recuerdos parásitos que se alimentan entre sí y de cada hombre, consumiéndose a quien los posee. Personajes que se mezclan hasta confundirse en uno solo. La situación inicial es sugestiva: un hombre llega a un sitio cargado de niebla y se encuentra con un muerto. Según Alberto Laiseca, que la presentó, “la obra gira alrededor de la falta de amor, asesinos en serie, misóginos extremos que la ley no castiga, pero son castigados en la soledad que corresponde a la vil falta de otros”. ¿Y las gallinas en la tapa y en el texto? Plumas de gallina y plumas de escritura. Obsesión y castigo en una sola frase: plumas fatales.
(*) Publicado el jueves 11 de octubre de 2007

Recuerdos parásitos (quién alimenta a quién...)

Novela de Carlos Marcos y José María Marcos Editorial De Los Cuatro Vientos (2007). Escribe: Alberto Laiseca (*)

Carlos Marcos, Alberto Laiseca y José María Marcos.

Esta es una novela profunda, cosa que intentaré demostrar (entre otras cosas) citando algunos párrafos.
Hay aquí por lo menos dos novelas: la de las gallináceas (largamente citadas en el prólogo) y la del asesino serial. Tal vez los autores, en este punto, se opongan al uso del singular. Para este caso les recuerdo algo que está casi al final de la obra: “Había escuchado el rumor de que en Silling los locos, los borrachines y los vagabundos nunca morían, que cuando su hora estaba cumplida se desplomaban en un punto exacto y su cuerpo se desvanecía mientras a cambio —en su lugar— otro tomaba sus costumbres, otro que surgía en el mismo exacto punto donde su antecesor se había emulsionado con la tierra, otro que desde los harapos arrumbados heredaba la función dentro del mismo pueblo, dentro de un Silling perpe­tuo e infernal”.
La primera novela, la de las gallinas (tanto o más deliciosa que esta), nunca fue escrita; pero ello sí ocurrió en el prólogo. Estamos, entonces, ante un texto virtual que no debe ser desatendido.
¿Qué vino primero: el huevo o la gallina? Primero vino el huevo, pero, la gallina poniéndolo. No hay otra manera de decirlo, ni de solucionar la paradoja biológica.Los recuerdos son como las mencionadas aves de corral. Nosotros las alimentamos a ellas, pero ellas nos alimentan a nosotros.
Los autores citan a Historias de la estupidez humana, de Rath Vegh: “Afírmase que un hombre a punto de morir puede reaccionar si se colocan algunas gallinas bajo el cuerpo del moribundo. Cuando el peso del cuasi cadáver ha provocado la muerte de las gallinas, el ‘espíritu vital’ de las infortunadas aves pasa al organismo enfermo y lo revive…”.
La cita es muy oportuna porque de esto trata la novela: un asesino serial tiene muer­ta el alma y mata mujeres para revivirse. Llegamos a tener, entonces, un harem de asesinaditas y a un sultán criminal como el de Las mil y una noches.
¿Quién alimenta a quién? Sin duda los parásitos se alimentan de uno. Los parásitos de la misoginia. Los asesinos seriales son tan sólo misóginos exagerados. Pero a esta inmundicia básica la tenemos todos, parecen decirnos los autores. Es el mal de nuestro tiempo. La gran solución es echarles la culpa a otros y matarlos (de manera física o, por lo menos, virtual) para sentirnos menos muertos. Ya está, lo encontré: el mundo frente a mí. La maravillosa falta de solución. La vida perversa hace soñar el sueño maligno de que los demás deben pagar. “Retornaban a mí las ansias de quitarle la vida a aquello próximo, el mecanismo era siempre el mismo: matar, aplastar a quien me brindaba alguna felicidad o algún disgusto y huir”. Matar lo que molesta o lo que hace feliz. Ahora bien, ¿acaso la mayoría de las personas no hace lo mismo? Y esta es la profundidad de la novela, su trascendencia. “Siempre se actúa una ficción cualquiera”, dicen los autores más adelante. “Estaba orgulloso de sentirme —aunque sea sólo una vez— alguien en el mundo”.
“—Tengo que matarte, María. Me has dejado solo”. Pero el asesino habla de un abandono enorme, muy anterior al que pueda haberle producido esta mujer. Leemos: “Quien no puede entender los sueños no puede entender la realidad”. “Experimentaba la impresión de ser parte de una imaginación, una creación, un habitante de una dilatada e intensa quimera de un gigantesco soñante que se había vuelto perceptible incluso para otros hombres. Pero, ¿quién diablos era el que me soñaba? ¿Quién era este ser transparente que me hacía surgir de pronto desde las profundidades de un intelecto enfermo? ¿Cuántos vericuetos me depararía aún y cuánto tiempo duraría esto?”. Aquí es cuando el humano se vuelve parte del arquetipo, del arquetipo diabólico que lo sueña.
Quisiera citar algunas frases de la novela que me han gustado mucho: “…hicieron que algunas cucarachas escaparan presurosas para sus madrigueras. Las miré y pensé cuán parecidos somos los seres humanos: al igual que ellas, pensamos que podemos estar a salvo huyendo, pero sólo sobrevivimos si ese alguien que nos puede quitar la vida está distraído, cansado o aburrido de aplastarnos”. “Algunos policías circulan, hinchados como magulladuras, entre la multitud, lentos, firmes heraldos que tripulan una bella nave azul en un inmenso mar de mierda”. “Dejé el alcohol y viví la media hora más triste de mi vida”. Respecto a una urna donde un técnico mete a un esqueleto reducido: “Siguiendo un infrecuente mapa mental, fue creando dentro de la caja una intrincada artesanía mausoleónica; engendró una temible araña descarnada y encajonada, disponiendo los huesos con tal habilidad que quedé admirado por varias semanas”. “Ella me reconoció y sonrió, como si se tratara de una mujer caníbal que acaba de comerse a toda su familia”. “No sé si echarte o volver a acostarme con vos”.
Para ir finalizando. Yo, que en general suelo estar de acuerdo con Oscar Wilde, difiero con él por lo menos en un concepto. Dice Wilde en La Balada de la Cárcel de Reading: “Todos matan lo que aman. Unos con un gesto, otros con una palabra. Los hombres valientes con una espada”. Por el contrario creo que quien ama no mata, ni con espada, ni con gestos ni palabras. Y esto tiene mucho que ver con la novela que comentamos. La obra gira alrededor de la falta de amor. Asesinos en serie, ya sean físicos o virtuales. Misóginos extremos o supuestamente pacíficos, de ésos que la ley no castiga. Pero tal vez sí los castigue la soledad que corresponde a la frívola falta de ontos.
Cito una última frase de esta obra. Respecto a los jugadores que sueñan con ganarle a la banca: “Cuando no es tu noche, no es tu noche”. De la misma manera podríamos decir: cuando no es tu vida, no es tu vida. 

(*) Este texto fue leído el 14 de septiembre de 2007 en la Escuela Freudiana de Buenos Aires, en la presentación de Recuerdos parásitos (quién alimenta a quién...). 

Recuerdos parásitos en las librerías

Recuerdos parásitos (quién alimenta a quién...) puede adquirirse a través de las siguientes direcciones:
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