“El fondo del corazón es árido. El hombre siembra sólo aquello que puede… y lo cuida”. Stephen King, Cementerio de animales
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VÍCTOR GARCÍA COSTA | Adiós a un escritor humanista

El viernes 30 de agosto de 2024 falleció el querido y admirado Víctor García Costa (1932-2024). Escribí para La Palabra de Ezeiza unas palabras de despedida y una reflexión sobre su legado.

Víctor García Costa | Adiós a un humanista

El historiador, periodista, escritor y político socialista partió el pasado viernes 30 de agosto de 2024, a los 91 años. De amplia trayectoria y compromiso social, dejó una valiosa obra escrita. Desde La Palabra despedimos a un intelectual ejemplar, defensor de los derechos de los trabajadores y de nuestra cultura nacional.

José María Marcos | La Palabra de Ezeiza | Jueves 5 de septiembre de 2024


A los 91 años falleció Víctor Oscar García Costa (1932-2024), escritor, periodista, historiador, coleccionista, bibliófilo y político socialista, comprometido con la integridad de la vida humana y la cultura nacional. Con una importante trayectoria dentro del socialismo argentino en la línea de Alfredo Palacios y Carlos Sánchez Viamonte, dejó más de treinta títulos publicados y un valioso archivo personal, que contiene un importante acervo documental vinculado a las luchas sociales, los derechos sociales y los reclamos de los trabajadores. Partió el pasado viernes 30 de agosto. Sus familiares y allegados lo despidieron el sábado en la Cochería Gabarella de Monte Grande.
Nacido el 20 de septiembre de 1932 en el barrio de Monserrat de la ciudad de Buenos Aires, García Costa se vinculó de muy joven, durante la década del 50, con el destacado constitucionalista y profesor doctor Carlos Sánchez Viamonte, del que fue su secretario personal y colaborador hasta 1965. Contribuyó al ordenamiento de varios de sus libros, entre ellos: Las instituciones políticas en la historia universal, desde los orígenes hasta la república democrática de nuestro tiempo. Afiliado al Partido Socialista desde 1950, comenzó a activar públicamente en 1955 en el Centro Socialista Enrique del Valle Iberlucea, y luego, en el Partido Socialista Argentino, en el que ocupó diversos cargos en los órdenes local, federal y nacional (posteriormente, Partido Socialista Popular). Fue concejal de la ciudad de Buenos Aires en representación del Partido Socialista Argentino (1965-1966). Colaborador de La Palabra de Ezeiza y socio protector de la Biblioteca Pública Alfonsina Storni de Ezeiza, escribió además para La Vanguardia, Propósitos, Panorama, Primera Plana, Todo es Historia, La Opinión, La Voz del Interior, La Prensa y La Nación, entre otros medios. Algunos de sus títulos publicados son: La revolución de mayo. Una revelación documental (con prólogo de Carlos Sánchez Viamonte), Alfredo Palacios y su defensa de la argentinidad; Universidad y socialismo, Alfredo Palacios. Un socialismo argentino y para la Argentina, La fundación del partido socialista y Alfredo Palacios, entre el clavel y la espada. Fue fundador y director de El Tero, El Tábano (con epicentro en El Trébol y sus preocupaciones barriales) y la revista La Mesa de los Jueves, órgano de difusión de un grupo de intelectuales que durante más de treinta años se reunió para compartir su militancia política, periodística, histórica y cultural. Con parte de los integrantes de La Mesa de los Jueves celebró sus 90 años en el restorán El Globo de Monserrat el 20 de septiembre de 2022.
Vecino del barrio El Trébol (en los últimos años con residencia en Monte Grande), García Costa fue declarado Ciudadano Ilustre de Ezeiza por el HCDE en 2019 y lo homenajearon el jueves 13 de junio de ese año (Día del Escritor) con un acto y la entrega del decreto en el Salón de la Comunidad del HCDE. En la ocasión, Víctor estuvo acompañado por su esposa María Eva Olivera, abogada y docente, y una gran cantidad de amigos, vecinos y dirigentes que se acercaron a celebrar el acontecimiento. En esa ocasión dijo: “Me siento honrado por la declaración otorgada por el Concejo Deliberante de Ezeiza, porque los concejos son centrales en nuestro país, por su carácter histórico y por su aporte a nuestra vida cívica, por su relación con la Revolución de Mayo, única revolución triunfante en América en ese tiempo, y porque el concejo es la Casa del Pueblo y me alegra saber que así la llaman, porque aquí se debe fomentar la participación y el compromiso con la vida pública”.
El corazón de Víctor García Costa dejó de latir el viernes 30 de agosto a las 23:45, acompañado por su esposa María Eva. Desde La Palabra de Ezeiza brindamos nuestras condolencias a familiares y allegados. Su ejemplo de compromiso y coherencia seguirá acompañando a las nuevas generaciones que levanten las banderas del socialismo, la cultura nacional y la defensa de los más humildes.

HISTORIADOR, POLÍTICO, PERIODISTA

En el marco del 30º aniversario de la Biblioteca Pública Alfonsina Storni de Ezeiza, Víctor García Costa participó de la Charla Periodismo y Política en junio 2011. En esa ocasión recordó que su primera publicación ocurrió cuando tenía menos de diez años y destacó que esencialmente se consideraba “periodista”. “Tenía nueve años cuando apareció mi primera publicación —señaló en diálogo con José María Marcos, director de La Palabra de Ezeiza—. Era un artículo que se llamaba ‘Un pobre pajarito’. Salió en una revista que tenía otro chico como yo, dos años mayor, Sigfrido Samet (1928), hijo de uno de los primeros editores de autores argentinos. Antes, los escritores argentinos publicaban en España, en Valencia específicamente. Acá no hubo editores hasta que Manuel Gleizer, Jacobo Samet y Samuel Glusberg, cada uno con su librería, comenzaron a editar a autores que después fueron famosos, como Leopoldo Marechal (1900-1970). Sigfrido (hijo de Jacobo) editaba una revista, Pulgarcito, que después pasó a llamarse Fulanito, porque alguien cuestionó el uso del primer nombre, pues era el título de un cuento. Seguí escribiendo, publiqué en la revista del secundario, me fui formando y mucho después llegó mi primer libro, La Revolución de Mayo, una revelación documental (1963), con prólogo de Carlos Sánchez Viamonte. Sin duda, mi principal vocación ha sido y es el periodismo”. 
—¿Por qué te considerás principalmente periodista? 
—Porque he publicado y sigo publicando en periódicos de Argentina y de distintas partes del mundo. Me interesan los acontecimientos actuales, y frente a ellos, me gusta hacer un análisis y darles un marco crítico para su comprensión. El periodismo es central en mi vida, más allá de que publico libros cuando el tema me interesa y lo desarrollo en una extensión mayor. Gran parte de mis libros nacieron de un artículo periodístico inicial, como sucedió con Alfredo Palacios, entre el clavel y la espada, que posee tres antecedentes antes de llegar a la edición más extensa.

Alfredo Palacios | La política como camino de transformación

Alfredo Palacios. Entre el clavel y la espada. Una biografía, de Víctor García Costa (Planeta, 2011). Por José María Marcos (*)

Con citas de Manuel Gálvez y José Luis Romero, el historiador Víctor García Costa abre su biografía de Alfredo Palacios (1878-1965), dándonos la clave de lectura de este monumental trabajo documental que le llevó casi treinta años procesar y que es el mejor y más completo sobre el recordado abogado, legislador, político y profesor socialista.
En el libro En el mundo de los seres ficticios, Gálvez dice: “Palacios es uno de los grandes argentinos de este tiempo. Lo es por su idealismo, su desinterés, su nobleza, su caballerosidad, su patriotismo, su hispanismo, su antiimperialismo, su talento oratorio y su obra de profesor y parlamentario”.
En La figura de Alfredo Palacios, Romero destaca: “Durante tanto tiempo nadie hizo tanto por las ideas por las que luchaba, nadie fue un actor tan decidido, nadie fue un testigo tan fidedigno y nadie ejerció como él ese papel de ‘fiscal de la República’ que él mismo se asignó”.
Las citas elegidas por García Costa son más que pertinentes en un doble sentido. Por un lado, resaltan los valores que el propio autor se encarga de reafirmar durante el desarrollo de la investigación, y por otro, muestran la necesidad de rescatar de nuestro pasado reciente a un dirigente que remita a un modo de vida y una forma de hacer política poco frecuentes.
En este sentido, Alfredo Palacios. Entre el clavel y la espada. Una biografía —que va por su cuarta publicación— es un libro de una actualidad extraordinaria, en medio de un proceso en el que mucho se habla de la vuelta de los jóvenes a la militancia, tras años de desprestigio de la política como vía de transformación de la realidad.
Desde pautas éticas y sentir patriótico, Palacios defendió con la misma convicción y vehemencia los valores de la igualdad, la libertad y la solidaridad social, desempeñándose como abogado, político o profesor universitario. Su austeridad le valió una vida de grandes privaciones, y falleció en absoluta pobreza. Por todo esto, en la conciencia colectiva se intuye su importancia y trascendencia, aunque no se lo conozca en profundidad.
Esta biografía es una gran oportunidad para descubrir al hombre que hay detrás de este símbolo, más aún teniéndose en cuenta que García Costa compartió con él momentos de la historia reciente, que hoy siguen siendo motivo de encuentros y desencuentros en la Argentina. Como adelanta la contratapa, aquí podremos saber sobre su infancia estigmatizada por ser hijo natural, las primeras luchas, los amores, los vuelos en globo con Jorge Newbery y los duelos a sable y a pistola de arzón. Además, Palacios construyó el nuevo derecho de los trabajadores, entroncó el socialismo internacional en raíces nativas, hizo práctica de la auténtica Reforma Universitaria, se convirtió en el tribuno de los niños argentinos sometidos al abandono y la explotación, y fue un gran defensor de los derechos de la mujer.
El escritor español Gregorio Marañón decía que “la capacidad de entusiasmo es signo de salud espiritual”, y en esta obra, Víctor García Costa logra transmitir su entusiasmo por la política a partir de la reconstrucción de la vida de Alfredo Palacios, quien no debería estar ajeno en la discusión de nuestro presente y nuestro futuro.

(*) La Palabra de Ezeiza, página 4, jueves 3 de marzo de 2011.

Biblioteca Nacional editó "Germán Avé-Lallemant. Antología 1835-1910"

Horacio González hizo la presentación del libro y expresó la doble satisfacción que le producía, por un lado, el haber editado en la Colección Los Raros una obra referida al científico y político Germán Ave Lallemant y, por otro lado, que uno de los autores fuera Víctor García Costa, a quien reconoció como un destacado investigador de la historia social argentina. Por José María Marcos (*)

En el marco de la Colección Los Raros, Biblioteca Nacional editó Germán Avé-Lallemant. Antología 1835-1910, con dos estudios preliminares, uno político y otro científico, de Víctor García Costa y Roberto A. Ferrari, respectivamente. La presentación tuvo lugar el miércoles 1º de julio en la Sala Juan L. Ortiz en la Biblioteca Nacional (Agüero 2502, ciudad de Buenos Aires), y en la ocasión, el director de la Biblioteca, Horacio González, hizo la presentación del libro y expresó la doble satisfacción que le producía, por un lado, el haber editado en la Colección Los Raros una obra referida al científico y político Germán Ave Lallemant y, por otro lado, que uno de los autores fuera Víctor García Costa, a quien reconoció como un destacado investigador de la historia social argentina. El libro (218 páginas) contiene una importante selección de trabajos científicos y políticos escritos y publicados por Germán Avé-Lallemnt en los periódicos El Obrero, La Vanguardia, La Agricultura, Die Neue Zeit y La Plata Monatsschrift, además de varios índices y reseñas bibliográficas y biobibliográficas, muy útiles para estudiosos e investigadores.

UN VOLCÁN

En segundo lugar habló uno de las autores, Roberto Ferrari: “Si dijéramos que Germán Avé-Lallemant fue un ‘espíritu inquieto’ estaríamos dando una débil imagen de su personalidad. Era un volcán de actividades y de ideas. Mientras toda San Luis dormía la inevitable siesta provinciana, este alemán inventaba, teorizaba, exploraba, redactaba, agitaba, analizaba, medía, cabalgaba, dibujaba, en fin, no se quedaba quieto. Por primera vez en la Argentina fabricó dinamita, preparó productos industriales derivados del algarrobo, analizó y descubrió minerales en las sierras, ya que fue el primero en identificar minerales de uranio, de tungsteno y tierras raras. Estudió la flora autóctona y dichos estudios dejaron como resultado la primera flora puntana. Presentó diversos inventos destinados a facilitar las mediciones topográficas y climáticas que realizaba, estableció estaciones meteorológicas en la ciudad de San Luis y a 2.800 metros de altura en el Paramillo de Uspallata (Mendoza). Elaboró el primer plano topográfico de la provincia, hizo varias expediciones por la región, casi todas seguidas de detallados informes en revistas especializadas del país y del exterior. Con su esposa Enriqueta Lucio Lucero fundaron una escuela nocturna para obreros y en el Colegio Nacional fue docente y rector interino. En esa institución se conserva el único retrato que conocemos de él. Fue corresponsal de la Sociedad Científica Argentina y de la Academia Nacional de Ciencias en Córdoba, así como de diversas instituciones europeas. En Europa hizo publicar descripciones de la República Argentina, sus experiencias de explotación minera y noticias de actualidad política y social. Previó la necesidad de una ley nacional de minas y estudió los problemas económicos que afectaban al país, dejando sus ideas expuestas en artículos en periódicos y revistas de la época”.

MÁS QUE UN RARO

Cerró el acto Víctor García Costa. Después de agradecer sus palabras al Director de la Biblioteca Nacional, expresó: “Más que un ‘raro’ Germán Avé-Lallemant fue y sigue siendo un desconocido. Pero ese desconocimiento no es casual, ha sido intencionado. Se ha tratado de un ocultamiento y ha habido varias razones para ello: ser alemán de nacimiento, estar recluido en una pequeña provincia, mal llamada pobre porque se trataba de una provincia empobrecida y feudalizada por una oligarquía poderosa e ignorante contra la que debió luchar, ser un científico serio, sin estridencias, definirse socialista cuando casi no se hablaba de socialismo, ser un marxista público y confeso, haber revolucionado la enseñanza incorporándole la práctica, sufrir las persecuciones de la Iglesia por sus observaciones científicas, algunas aún no superadas, al punto de tener que retirar del Colegio Nacional sus instrumentos científicos, muchos de ellos fabricados por él, para salvarlos de las iras del rector, el presbítero Néstor Laciar”.
Luego agregó: “Mis investigaciones sobre Lallemant se iniciaron hace 40 años. Se ha discutido y discute dónde se hizo marxista, si en Alemania o en Argentina y ello forma hoy parte de un capítulo especial sobre su vida. Nos inclinamos por la primera, habida cuenta que Lallemant llegó a la Argentina en 1868 cuando ya hacía 4 años que se había fundado en Londres la 1ª Internacional. Además, El Manifiesto, cuya primera edición fue en alemán, era de 20 años antes, de 1848. Por último, la incipiente llegada de la Asociación Internacional de Trabajadores, con Raymond Wilmart, había sido en 1871, cuando Lallemant ya estaba en el país. Germán Ave Lallemant fundó en 1890 el primer periódico obrero socialista, inspirado en el materialismo histórico, que hubo en la Argentina: El Obrero, que él escribió en buena parte y sostuvo de su peculio y fue el órgano de prensa de la primera Federación Obrera que hubo en el país fundada en enero de 1891. Desde El Obrero hizo la primera aplicación a nuestra realidad del materialismo histórico, sobre las bases de las teorías de la plusvalía y la lucha de clases. Frente a los dos planteos, el social de los trabajadores del 1º de Mayo de 1890 y el institucional de los cívicos en la Revolución de Julio de 1890, impulsó la unión en la lucha del proletariado y la pequeña burguesía para enfrentar a la oligarquía y al imperialismo. Así pudo analizar la división de la Unión Cívica en la Unión Cívica Radical, con Alem y la Unión Cívica Nacional, que al apoyar el acuerdo traicionaba los intereses de las clases populares. Lallemant integró la primera boleta electoral para diputados nacionales de marzo de 1896, con Juan B. Justo y Adrián Patrones, entre otros”. (*) La Palabra de Ezeiza, página 5, jueves 9 de julio de 2009.

Roberto Ferrari, Víctor García Costa y Horacio González, durante
la presentación del libro Germán Avé-Lallemant. Antología 1835-1910.