José María Marcos
Escritor, periodista y editor | Instagram @josemariamarcos | Facebook: José María Marcos
“El fondo del corazón es árido. El hombre siembra sólo aquello que puede… y lo cuida”. Stephen King, Cementerio de animales
15 de mayo | La palabra inquieta
Zona Futuro | Muerde Muertos: Lecturas 2026
ARCHIVO ZONA FUTURO
- 2012 | Bajo las faldas del viejo Frankenstein: Horror, Delirio y Erotismo
- 2012 | Yuyos, Fieras y Remasterizados
- 2013 | Las Mil y una Miradas: Historias Breves Fantásticas
- 2013 | Muerde Muertos en el Ciclo Boom
- 2013 | José María Marcos en el Ciclo Función Privada
- 2014 | Haikus Bilardo: Fútbol, Pasión y Poesía
- 2014 | Los Mil y un Huesitos: Historias de Fantasía y Horror
- 2015 | Muerde Muertos Intelectoilets
- 2016 | Muerde Muertos Cosecha 2016
- 2017 | La Noche de los Muertos Vivos
- 2017 | Muerde Muertos en La Noche de Antologías
- 2018 | Narrativa Eléctrica
- 2018 | Muerde Muertos Clásico y Moderno
- 2019 | Cosecha 2019
- 2019 | Escrito en los Bares
- 2022 | Muerde Muertos Cosecha 21/22
- 2023 | Las tumbas, Siniestro, El juego del asombro, entierros prematuros
- 2024 | Propósitos: leer, escribir, vivir
- 2025 | 15 años de Muerde Muertos
- 2026 | Muerde Muertos | Lecturas 2026
Página/12 | Silencio y noche en mi tumba, ecos de los límites humanos
La novela Silencio y noche en mi tumba (2026), de José María Marcos, refiere la historia de Antonio Barragán, un periodista de la prensa gráfica atravesado por la crisis argentina de 2001. Él decide abandonar la ciudad para cambiar y mejorar su vida reinstalándose en Hust, su pueblo natal, donde aún se mantiene en pie la casa de sus padres fallecidos. En el presente, el pueblo es apenas un caserío en decadencia, habitado por varias familias que alcanzan unas quinientas personas en total. Pero otra cosa fue esa región en el pasado, cuando el bienestar de Hust recaía en la fortaleza de pequeños productores que supieron desarrollar y manejar con inteligencia la industria lechera.
El lugar tuvo su magnificencia y holgura a mediados de 1900, cuando más de treinta líneas de trenes cruzaban eufóricos el territorio donde transcurre la novela. Se desplazaban por las que hoy, lastimosamente, sólo son abandonadas vías de trocha angosta. Barragán, padre de una hija, ateo pero ligado al cristianismo a partir de su relación con los salesianos, atraviesa un período de confusos conflictos: trabaja en un matutino al borde de la quiebra y es perseguido por una serie de sueños que no comprende y que se enredan con su separación amorosa que no logra superar. Pese a todas las evidencias de que Hust no es una buena alternativa, Barragán emprende la travesía, convencido de que una vida sencilla, lejos de las presiones, le permitirá reencontrar la felicidad perdida y el transcurrir de un grato final a su existencia.
Con evidente lucidez, en el prólogo de la edición, el cineasta Demián Rugna, director de la multipremiada película Cuando acecha la maldad (2023), destaca: Silencio y noche en mi tumba resuena como el crujido de sogas tensándose para amarrar un barco al muelle, un eco de lazos que atan la memoria al pasado. Allí aparece Antonio Barragán, cargando con su historia: alguien que dejó atrás la fe, las raíces y hasta la posibilidad de evitar que todo se pudriera. Lo entendés, te parás a su lado y querés acompañarlo. La narración ofrece razones para seguir sus pasos, para soltar el lazo de ese pesado barco, huir de la ciudad que devora ideales, proyectos, personas; un mundo en el que uno cree estar inserto hasta que comienza a empujarte para hacerte bajar”. Avezado conocedor del género fantástico, Rugna agrega: “La escritura comienza entonces a perforar el costumbrismo que marcaba los pasos de Antonio, dejando aflorar una monstruosidad latente, como una infección incontenible que siempre estuvo ahí, a punto de supurar”.
Con una escritura cuidadosa, y deslizándose inteligentemente por la cornisa, la novela presenta pasajes de terror psicológico y también encadenamientos de circunstancias más explícitas, especialmente en el tercer acto, con referencias a la tradición de la literatura gótica y el cine. Se destaca, además, una iconografía religiosa que se entrevera con El túnel y Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sabato; Drácula, de Bram Stoker; Salem’s Lot, de Stephen King; y La llamada de Cthulhu, de H. P. Lovecraft. Son evidentes y logradas las intenciones de homenajear y reconocer influencias, las menciones que hace José María Marcos. En el crescendo de la novela, las acciones se ponen en marcha durante la Semana Santa, en una época en la que es “tiempo de pensar la vida de cara a la muerte”, período dramático que coincide con el momento vital y crucial que inquieta y trastorna a Barragán.
El título de la novela proviene de un verso de la canción Zamba del grano de trigo, que enlaza los acontecimientos a partir del regreso fantasmal de su melodía y sus versos, como símbolo de aquello que nos persigue cuando no nos hacemos cargo de nuestro destino. Su autor es el músico, compositor y religioso Alejandro Mayol (1932-2011), quien integró el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo hasta que dejó el ministerio. Un fragmento del comienzo marca el tono del texto: “Sentadas en los primeros bancos del templo, mujeres rezaban al unísono largas cadenas de rosarios. Sus palabras, dichas a media voz y a gran velocidad, eran el ronroneo continuo de una barcaza medieval que trataba de mantenerse a flote lejos de Europa, en el corazón del Río de la Plata. Sus cabezas, cubiertas con mantones negros, se hamacaban como péndulos, provocando que el segundero del universo se armonizara de acuerdo con su compás”.
En una nota que cierra la edición, nuestro autor nos refiere: “Desde una impronta barroca, me propuse hablar del paso del tiempo, la religiosidad, el suicidio, el deseo, los sueños, los mitos, las herencias familiares, los límites humanos, la finitud, la idea de lo numinoso, las heridas emocionales y las cuentas pendientes”; y, al trazar un paralelismo entre el 2001 y el tiempo actual, agrega: “Los períodos de disolución impactan, forjan identidades, desatan la sinrazón y dejan marcas que trascienden las épocas”.
Con una prosa cuidadosamente pulida y por momentos brillante, que va erosionando lo cotidiano a partir de ciertas señales, la novela Silencio y noche en mi tumba dialoga con nuestro presente, marcado por el derrumbe económico, la falta de horizontes, el individualismo y la ausencia de un sentido capaz de articular un destino común. “La nostalgia es cautivante, tiene buena prensa, pero es una enfermedad”, dice, al pasar, uno de los personajes, como una advertencia para no ir a buscar nuestro futuro donde solo quedan el silencio, la noche y alguna tumba. Publicó el sello Muerde Muertos.
El lugar tuvo su magnificencia y holgura a mediados de 1900, cuando más de treinta líneas de trenes cruzaban eufóricos el territorio donde transcurre la novela. Se desplazaban por las que hoy, lastimosamente, sólo son abandonadas vías de trocha angosta. Barragán, padre de una hija, ateo pero ligado al cristianismo a partir de su relación con los salesianos, atraviesa un período de confusos conflictos: trabaja en un matutino al borde de la quiebra y es perseguido por una serie de sueños que no comprende y que se enredan con su separación amorosa que no logra superar. Pese a todas las evidencias de que Hust no es una buena alternativa, Barragán emprende la travesía, convencido de que una vida sencilla, lejos de las presiones, le permitirá reencontrar la felicidad perdida y el transcurrir de un grato final a su existencia.
Con evidente lucidez, en el prólogo de la edición, el cineasta Demián Rugna, director de la multipremiada película Cuando acecha la maldad (2023), destaca: Silencio y noche en mi tumba resuena como el crujido de sogas tensándose para amarrar un barco al muelle, un eco de lazos que atan la memoria al pasado. Allí aparece Antonio Barragán, cargando con su historia: alguien que dejó atrás la fe, las raíces y hasta la posibilidad de evitar que todo se pudriera. Lo entendés, te parás a su lado y querés acompañarlo. La narración ofrece razones para seguir sus pasos, para soltar el lazo de ese pesado barco, huir de la ciudad que devora ideales, proyectos, personas; un mundo en el que uno cree estar inserto hasta que comienza a empujarte para hacerte bajar”. Avezado conocedor del género fantástico, Rugna agrega: “La escritura comienza entonces a perforar el costumbrismo que marcaba los pasos de Antonio, dejando aflorar una monstruosidad latente, como una infección incontenible que siempre estuvo ahí, a punto de supurar”.
Con una escritura cuidadosa, y deslizándose inteligentemente por la cornisa, la novela presenta pasajes de terror psicológico y también encadenamientos de circunstancias más explícitas, especialmente en el tercer acto, con referencias a la tradición de la literatura gótica y el cine. Se destaca, además, una iconografía religiosa que se entrevera con El túnel y Sobre héroes y tumbas, de Ernesto Sabato; Drácula, de Bram Stoker; Salem’s Lot, de Stephen King; y La llamada de Cthulhu, de H. P. Lovecraft. Son evidentes y logradas las intenciones de homenajear y reconocer influencias, las menciones que hace José María Marcos. En el crescendo de la novela, las acciones se ponen en marcha durante la Semana Santa, en una época en la que es “tiempo de pensar la vida de cara a la muerte”, período dramático que coincide con el momento vital y crucial que inquieta y trastorna a Barragán.
El título de la novela proviene de un verso de la canción Zamba del grano de trigo, que enlaza los acontecimientos a partir del regreso fantasmal de su melodía y sus versos, como símbolo de aquello que nos persigue cuando no nos hacemos cargo de nuestro destino. Su autor es el músico, compositor y religioso Alejandro Mayol (1932-2011), quien integró el Movimiento de Sacerdotes para el Tercer Mundo hasta que dejó el ministerio. Un fragmento del comienzo marca el tono del texto: “Sentadas en los primeros bancos del templo, mujeres rezaban al unísono largas cadenas de rosarios. Sus palabras, dichas a media voz y a gran velocidad, eran el ronroneo continuo de una barcaza medieval que trataba de mantenerse a flote lejos de Europa, en el corazón del Río de la Plata. Sus cabezas, cubiertas con mantones negros, se hamacaban como péndulos, provocando que el segundero del universo se armonizara de acuerdo con su compás”.
En una nota que cierra la edición, nuestro autor nos refiere: “Desde una impronta barroca, me propuse hablar del paso del tiempo, la religiosidad, el suicidio, el deseo, los sueños, los mitos, las herencias familiares, los límites humanos, la finitud, la idea de lo numinoso, las heridas emocionales y las cuentas pendientes”; y, al trazar un paralelismo entre el 2001 y el tiempo actual, agrega: “Los períodos de disolución impactan, forjan identidades, desatan la sinrazón y dejan marcas que trascienden las épocas”.
Con una prosa cuidadosamente pulida y por momentos brillante, que va erosionando lo cotidiano a partir de ciertas señales, la novela Silencio y noche en mi tumba dialoga con nuestro presente, marcado por el derrumbe económico, la falta de horizontes, el individualismo y la ausencia de un sentido capaz de articular un destino común. “La nostalgia es cautivante, tiene buena prensa, pero es una enfermedad”, dice, al pasar, uno de los personajes, como una advertencia para no ir a buscar nuestro futuro donde solo quedan el silencio, la noche y alguna tumba. Publicó el sello Muerde Muertos.
Novedad 2026 | Léxico Laiseca
Léxico Laiseca (Muerde Muertos, 2026), de Demian Paredes. Ensayo, 136 páginas, 21x15 cm. Arte de tapa: Luis Felipe “Yuyo” Noe. ISBN 978-987-8400-23-5. Salida: Abril de 2026 | PVP: $30.000.
Léxico Laiseca, de Demian Paredes, recibió el Primer Premio de Ensayo del Concurso de Letras 2022 del Fondo Nacional de las Artes (FNA). Jurado: Paula Pérez Alonso, Teresa Arijón y Flavia Costa
¿Qué son los chichis? ¿Y las máquinas parlantes? ¿Quién es el famoso Monitor? ¿Cómo reconocer la presencia del Anti-ser? ¿Para qué se usa el realismo delirante? ¿Cuándo conviene emplear la palabra “manija”? ¿Alguien conoce un chiste esquizofrénico? ¿Dónde queda Camilo Aldao? ¿El término “polimuña” fue acuñado por un sacerdote? ¿Zapos y vurros nos acechan?
Léxico Laiseca, de Demian Paredes, responde a estas preguntas y a muchas más, metiéndonos de lleno en el universo de Alberto Laiseca (1941-2016), autor de una obra de suma originalidad que sigue cautivando a nuevos lectores.
Incorporándose con elegancia a una nutrida tradición de textos estructurados como diccionarios, este ensayo es fruto de un lector laisequiano: alguien que ama la erudición, el pensamiento, la literatura, la creación, los saberes raros y también el gusto por la digresión que ilumina.
Como ante todo libro de la misma familia, uno percibe un mundo que sostiene cada palabra. Su lectura resulta cautivante, y puede ocurrir que nos inspire alguna entrada, entusiasmados frente al encanto del Maestro, a quien imagino chochísimo, disfrutando de este viaje hacia una constelación que orbita en torno a Los sorias, su inagotable obra máxima.
José María Marcos
► Podés encontrarlo en la 50° Feria del Libro de Buenos Aires 2026 (del jueves 23 de abril y el lunes 11 de mayo de 2026), en el Stand 437 TirNanOg (Pabellón Azul)
Feria del Libro 2026 | Patio al Sur celebró sus 5 años
La palabra, el jardín y el patio
Por José María Marcos, a propósito de los 5 años de Patio al Sur
En el año 2021 —aún en plena pandemia, y como una reacción más instintiva que racional— decidí mejorar el jardín de la redacción de La Palabra de Ezeiza, semanario donde trabajo desde hace más de treinta años.
En la sede de La Palabra funciona actualmente Patio al Sur desde octubre de 2024. Pero en ese entonces recién estaba poniéndose en marcha el club de lectura y el sello editorial todavía estaba lejos.
¿Por qué me puse a arreglar el jardín, allá por marzo o abril del 2021?
Cursábamos la cuarentena del Covid-19. La gente permanecía muy encerrada, los encuentros se daban de manera virtual y la redacción, que antes se poblaba de gente, era cada vez menos visitada.
Allí suelo ir rigurosamente los jueves para encontrarme con gente, atender consultas, y, de pronto, no venía nadie.
Una tarde, desde mi escritorio, miré hacia afuera, a través de la ventana, y decidí ir a fijarme qué plantitas estaban secas, cuáles necesitaban un cambio de maceta. Empecé a pensar cómo embellecer ese lugar. Mi señora, Raquel —aquí presente—, podía asesorarme y aportarme algunas variedades. Indicarme qué gajos llevar, un potus, algunas suculentas. También podía traerme algunos ejemplares de la casa de mis viejos, desde Uribelarrea.
En el proceso —que hoy continúa— hubo alegrías, sorpresas, decepciones. Alguna plantita no prendió. La zona pasó unos meses de sequía y las hormigas se comieron hasta un cactus. Tuve que ponerles límites a los caracoles, y aún sigo luchando. Aprendí qué plantas necesitan más riego y cuáles menos. Cuáles necesitan un poco de fertilizante, más luz, más sombra. A algunas les sienta mejor estar junto a la reja del fondo; otras, contra el paredón, al lado de la enredadera. Aún sigo aprendiendo. Estoy en eso.
Una de mis plantitas preferidas —lo digo acá, donde ellas no escuchan— es una que yo llamo “monedero” y que tengo desde que llegué a Ezeiza, hace tres décadas. Esa planta me acompaña desde la primera sede. Cuando la vi seca, creí que estaba muerta, pero igual la regué y, para mi sorpresa, empezó a resurgir.
Al invitarme a la charla, Pablo y Sammu me dijeron que cada uno tenía que desarrollar un tema. No tenía idea de qué hablar, pero se me impuso este asunto, porque recordé una nota del dramaturgo Mauricio Kartun donde hablaba de su relación con las plantas y citaba un proverbio chino que dice, entre otras cosas, que para ser feliz un rato alcanza con emborracharse; para ser feliz una semana, hacer un viaje; y para serlo toda la vida, cuidar un jardín.
Kartun mencionaba la relación entre la jardinería y la creación y, reescribiendo a los chinos, decía que él encontraba la felicidad al cuidar el jardín mientras escribía. Y agregaba que el jardín y la escritura son un buen dúo, porque permiten “crear una pequeña utopía y habitarla”.
No estoy invitándolos a dedicarse a la jardinería, aunque la recomiendo, pero sí deseo que Patio al Sur siga siendo un lugar donde todos los que lo habitamos —los que llegaron al principio, los que se fueron sumando, los que vendrán— puedan conectarse, en estos tiempos tan propicios para la velocidad, con lo lento, con lo paciente, con lo profundo que propone la escritura.
Porque lo más significativo —aquello que se convierte en un acontecimiento constitutivo— surge de saber escuchar, de prestar atención, de acompañar, de cultivar los silencios y las palabras en nuestro jardín interior, en nuestro patio al sur.
El Terror Argentino | Tradición y Actualidad
Novedad | Silencio y noche en mi tumba
Silencio y noche en mi tumba (Muerde Muertos, 2026), de José María Marcos. Novela, 284 páginas, 21x15 cm. Prólogo: Demián Rugna | ISBN 9789878400228
Salida: Abril de 2026 | PVP: $30.000.
► Distribuye: Galerna-Que leer SA
► Envíos a todo el país y compra directa: Patio al Sur
Venta en la 50° Feria del Libro de Buenos Aires 2026
(del jueves 23 de abril y el lunes 11 de mayo de 2026):
► Stand 437 TirNanOg (Pabellón Azul)
► Stand 602 Provincia de Buenos Aires (Pabellón Azul)
Silencio y noche en mi tumba resuena como el crujido de sogas tensándose para amarrar un barco al muelle, un eco de lazos que atan la memoria al pasado. Allí aparece Antonio Barragán, cargando con su historia: alguien que dejó atrás la fe, las raíces y hasta la posibilidad de evitar que todo se pudriera. Lo entendés, te parás a su lado y querés acompañarlo. La narración te ofrece razones para seguir sus pasos, para soltar el lazo de ese pesado barco, huir de la ciudad que devora ideales, proyectos, personas, un mundo en el que uno cree estar inserto hasta que comienza a empujarte para hacerte bajar. Como lector ayudamos a Barragán a preparar ese regreso a un refugio: un viaje entre nostalgias para recuperar los mosaicos del pueblo natal que se resiste al olvido.
A medida que los compases de los capítulos te empujen, el espanto se volverá cada vez más fuerte, como una resaca intensa que compone y descompone al ritmo de la toxicidad de tu sangre. Puedo confesarte que fui testigo de cómo aquellos personajes comenzaron a retorcerse, mientras burbujeaban como babosas en la sal, tras la extensa huella que dejaron en su camino.
El encantamiento comienza desde la primera página, desde el primer acorde de esta zamba. Y estarás junto a Antonio Barragán, avanzando en sus laberintos, intentando escuchar el origen de esta música para encontrar la salida.
Del prólogo de Demián Rugna
PATIO AL SUR | Cuentos, poesías y un pasaje de novela
Muerde Muertos en la FEPE 2026
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)

.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)

.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)



.jpg)













.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)
.jpg)

