José María Marcos
Escritor, periodista y editor | Instagram @josemariamarcos | Facebook: José María Marcos
“El fondo del corazón es árido. El hombre siembra sólo aquello que puede… y lo cuida”. Stephen King, Cementerio de animales
Sábado 11 de abril | Muerde Muertos en la FEPE
Entrevista | Eliana Tortorella
ELIANA TORTORELLA | “El amor puede ser una intervención política”. Así lo afirmó la escritora Eliana Tortorella a propósito de la salida de Astillas, su primer libro. “Con las palabras yo no le estoy sirviendo un plato de comida a ese chico que no tiene para comer, pero sí le estoy dando voz y estoy hablando de él”, aseguró. Balance, perspectivas y proyectos del colectivo Patio al Sur.
Novedad | Perros de la noche, de Enrique Medina
Perros de la noche (Muerde Muertos, 2025), de Enrique Medina. Guion cinematográfico, 128 páginas. 28x19. ISBN 978-987-8400-20-4. Edición facsimilar a cargo de José María Marcos. Palabras preliminares: Enrique Medina. PVP: $38.000. Distribuye Galerna: novedades de septiembre 2025.
Perros de la noche (1978), novela de Enrique Medina prohibida durante el último proceso militar, se convirtió en película en 1986 de la mano de Teo Kofman. Este crudo retrato de los sectores marginados y fuerte crítica social marcó un hito en la literatura y el cine. En 1971, el cineasta había escuchado la historia contada por el propio escritor (aún inédito) y no dudó en decir: “Vos escribila y yo la filmo”. En esta edición presentamos el guion creado por el autor como reconocimiento al cine y al libro, y también a la amistad entre Medina y Kofman. José María Marcos
Sobre la novela Perros de la noche (1978)
Una historia oscura, plena de sordidez y dolor, en la que se mezclan el delito, la prostitución y el incesto, toma cuerpo a través de formas lingüísticas hábilmente delineadas. La misma aptitud se verifica en el clima otorgado a la novela, de un peso por momentos sobrecogedor. Hay algunos párrafos para recordar en especial, como el monólogo del viejo borracho, el del ex preso que cena con el protagonista, y la entrega de Mercedes al acabado Ferreyra. Redacción (Buenos Aires, 1978)
Enrique Medina es un típico autor maldito, un humorista próximo a Twain, pero, al mismo tiempo, un estilista cuya aptitud para entender el lenguaje popular sólo es comparable con Ring Lardner, el autor de El nido de amor. Y, sin embargo, Medina es un creador casi destructivo: no se hace la menor ilusión sobre la condición humana; en sus cuentos y novelas, exhibe criaturas ávidas, brutales, egoístas, y las describen sumidas en una incorregible mediocridad, en una profunda tristeza. Así lo vuelve a hacer en Perros de la noche , su última novela, a la vez que revela su madurez expresiva. Enrique Medina construye una galería de personajes desolados, tímidos, dolientes, que deambulan por el mundo como sombras, para recaer en sus propias degradaciones y entregarse, inconscientes, al fatalismo y la frustración. Perros de la noche es una obra cruel, feroz, que pone de manifiesto, otra vez, la capacidad creadora del autor de Las tumbas. Claudia (Buenos Aires, 1978)
El talentoso autor de Las tumbas, Transparente y otras obras ya inscriptas definitivamente en la historia de la literatura argentina vuelve, con este impresionante Perros de la noche , a mostrar su amor por las criaturas marginadas que las sociedades producen. Lo hace con una prosa dura y brillante, con una crueldad que es sólo una fachada para ocultar un desencarnado y conmovedor lirismo. Medina sabe transformar la materia por la que transita y eso lo coloca en la línea de los mejores narradores. Perros de la noche es prueba de ello. Radiolandia 2000 (Buenos Aires, 1978)
A la profunda intuición de capturar el lenguaje del pueblo, Medina ha unido la no menos honda facultad de penetrar en las almas de sus personajes. Perros de la noche , que mereció los honores de la censura del Proceso, junta de modo convincente una y otra calidad. En la novela, la trágica historia de los hermanos es un ejemplo de cómo, expresión y contenido, pueden soldarse exitosamente. Enrique Medina es un narrador nato y por sus temas —como esta sobria y sobrecogedora pintura de Perros de la noche— es el novelista que ha construido una de las más penetrantes visiones del mundo marginado de la sociedad argentina, especialmente ciudadana. Novelas como Sólo ángeles, para no citar su legendaria Las tumbas , lo colocando sin lugar a dudas entre los escritores con mundo lenguaje y propios, singulares por la fuerza de su creación, el coraje y el verdadero, único por insoslayable, amor a la criatura humana. Oscar Hermes Villordo, Humor (Buenos Aires, 1988)
Mucho asombra que, casi 40 años después, tanto la trama como la violencia social que Perros de la noche encarnan permanecerán tan vigentes en todas sus estridencias. El mismo drama latiendo hoy en cada periferia de cada gran ciudad argentina. El mismo látigo lacerando rutinas repetitivas. La misma indiferencia alejándose a paso rápido. Sueños recortados en mil pedazos. Alas atrofiadas por la imposibilidad. Rugidos silenciosos. El desafío de aguzar cierta “habilidad” para resistir un día más. Tragedia y fatalidad, conformando un latido muy actual, en el que el agobio y el desconcierto suenan infinitos. Alejandra Tenaglia, próloga a la reedición de 2017
Sobre la película Perros de la noche (1986), invitada a los festivales de Cartagena, Montreal, San Sebastián, La Habana y el Forum de Berlín.
Aborda la realidad por el costado más agresivo, se vuelve naturalista y, cuando es necesario, se eleva hasta la poesía sin otro discurso que el de las imágenes. Claudio España, La Nación (1986)
Un trabajo sólido e implacable, identificado con la mejor tradición del cine nacional. Néstor Tirri, Clarín (1986)
Perros de la noche es uno de los filmes más importantes del cine argentino reciente. Daniel López, La razón (1986)
Una obra que rebosa autenticidad. Jorge Alberto Martín, Tiempo Argentino (1986)
Realismo que no cede ni por un momento al pintoresquismo o lo sentimental. La villa, los cabarets suburbanos y su gente, fatalista ante la imposibilidad de cambiar el destino, están descriptos con sinceridad y filmados con rigor. Raúl Manrupe y María Alejandra Portela, Un diccionario de películas argentinas 1930-1995 (1995)
Perros de la noche fue una película premonitoria del nuevo cine argentino de principios de los 90. Es una vuelta al neorrealismo ya una poética muy propia del cine argentino. Emiliano Penelas, Cineclub La Rosa (2010)
Novedad 2026 | La palabra inquieta
Acaba de publicarse La palabra inquieta (La Palabra de Ezeiza, 2026) de Carlos Renoldi. Contiene narraciones breves (ilustradas por el propio autor y Digital Snatch) y cuenta con un prólogo de Fernando Farías. Incluye, a modo de bonus track, relatos de Gladys Noemí Páez, Juan Carlos Frías, Torosaurio y Míster Afro. Aquellos que quieran conseguir su ejemplar pueden comunicarse con el autor a través de Facebook (Carlos Renoldi) o escribiéndole al whatsapp 11-3677-6918. La palabra inquieta también puede conseguirse en la sede de La Palabra (Tucumán 142, JM Ezeiza).
TEXTO DE CONTRATAPA: UNA VISIÓN ALTERNATIVA DE LA REALIDAD
La palabra inquieta (2026), de Carlos Renoldi, es un libro de cuentos breves donde lo cotidiano se convierte en punto de partida para sumergirnos en una visión alternativa de la realidad, una indagación sobre lo establecido, una historia de lo imposible.
Nacidos al calor de la sección “Esto no está chequeado” de La Palabra de Ezeiza, los relatos ganan fuerza al afirmarse en un terreno familiar, para luego deslizarse hacia zonas donde todo puede suceder. Allí donde otros no mirarían dos veces, el autor se detiene, y de pronto se revela lo que el mundo comenta en voz baja. Como destaca Fernando Farías en el prólogo de la presente edición, Renoldi es un contador de anécdotas nato, que sabe de la importancia de la anécdota y los detalles, y en este volumen ha sabido dotar a la escritura de esa admirable condición.
Tras una trilogía autobiográfica —compuesta por El loco. Poesías, canciones y herejías (2009), La vereda de enfrente (2018) y Testimonios (2023)—, Renoldi presenta La palabra inquieta (2026), un conjunto donde una casita del barrio Guillermina, su tío Meca, la Escuela N° 25, sus amigos del grupo Sucio Dengue, el Festival Un Juguete por una Canción o una conversación con su compañera, la Corta, se transforman en materia prima para una literatura que provoca en los lectores la felicidad de sentir que cada certeza tal vez sea la máscara de una sospecha.
José María Marcos
¡Feliz 2026! | Brindis de medianoche
Para recibir el año nuevo, comparto un cuento de la serie de historias que escribo bajo el seudónimo Míster Afro para La Palabra de Ezeiza. ¡Feliz 2026!
BRINDIS DE MEDIANOCHE. Por Míster Afro | Esto No Está Chequeado (La Palabra de Ezeiza) | Jueves 1° de enero de 2026 | Ilustración: Digital Snatch | #FiccionesEzeicenses
Exalumnos del Instituto Natta se reunieron para despedir el 2025. A las doce de la noche del 31, brindaron con una sidra con carácteres orientales, que todos negaban haber traído.
Apenas bebió, a Julián le pasó algo raro: no sintió nada. Era como tomar agua.
—Qué sidra suave —comentó a las amigas y los amigos, congregados alrededor de la televisión.
En la emisión, una mujer comunicaba: “No hubo apocalipsis tecnológico: vencimos al Y2K y estamos en el siglo XXI”. El logo de Telefé tenía los colores azul, verde y rojo fuera de registro. Abajo, el zócalo informaba: “1° de enero del 2000”.
—¡Muy bueno el especial retro! —lanzó Julián, con una sonrisa.
—¿De qué hablás? —le preguntó Rosana.
Julián sacó el celular del bolsillo para filmar y se encontró con la pantallita de un Nokia negro. Miró a sus compañeros: lucían jóvenes, sin arrugas, canas ni peladas. La tevé era de tubo y llevaba, al costado, una calcomanía de Panza Hermanos. La botella de sidra tenía un diseño que él recordaba de la adolescencia. De fondo se escuchaban fuegos artificiales sobre la calle Gaddini.
—Paren, paren —dijo Julián—. Algo está mal. No llegamos al 2026.
Sus amigos lo rodearon.
—Aflojá con la sidra —le tiró Carlos.
—¡No es un chiste! —gritó Julián—. Volvimos al año 2000.
Una carcajada a coro inundó el living. Julián abrió la boca para explicarles lo que sucedía, pero no sabía por dónde empezar. Se le cruzaron las Torres Gemelas, diversas crisis financieras, la inflación, las guerras, el impacto de las redes sociales, la inteligencia artificial, y solo atinó a revelar:
—En unos veinte años vamos a mirar el mundo desde un teléfono celular…
—Y habrá patinetas para volar, ¿no? —comentó Laura.
—El presidente que viene… —balbuceó Julián—, bueno, los que vienen… van a cantar rock… Queen, Litto Nebbia, La Renga, Charly García… ¡¡Y un año, en el mundo entero, vamos a usar barbijo por una pandemia global!!
—Mucha ciencia ficción —agregó Tomás.
Julián habló del Mundial 2022 y de los goles de Messi. De la temprana muerte del Diego. De que iba a existir un papa argentino. Cualquier cosa sonaba a delirio.
—Escuchen, por favor —señaló, desesperado—. Yo vengo de 2025. Allá nos abruma la sobreinformación. Algunos afirman que nos encontramos al borde de un colapso mundial, por la contaminación, la pobreza, la superpoblación… El reloj atómico podría fallar… Y esto… —miró la mesa— ya pasó…
—Lo que pasó es que tomaste mucho —sentenció Martín y apagó la tele.
Rellenaron las copas con sidra Tunuyán.
—Brindemos de nuevo —propuso Martín—. Capaz volvés.
Julián aceptó y dijo:
—Por si no me creen, disfruten cada instante. Vayan despacio. La vida pasa muy rápido.
Los presentes elogiaron las ocurrencias de Julián. Chocaron las copas. Se abrazaron y se desearon mutua felicidad. Esta vez, la púa del tiempo se mantuvo en el mismo surco.
Apenas bebió, a Julián le pasó algo raro: no sintió nada. Era como tomar agua.
—Qué sidra suave —comentó a las amigas y los amigos, congregados alrededor de la televisión.
En la emisión, una mujer comunicaba: “No hubo apocalipsis tecnológico: vencimos al Y2K y estamos en el siglo XXI”. El logo de Telefé tenía los colores azul, verde y rojo fuera de registro. Abajo, el zócalo informaba: “1° de enero del 2000”.
—¡Muy bueno el especial retro! —lanzó Julián, con una sonrisa.
—¿De qué hablás? —le preguntó Rosana.
Julián sacó el celular del bolsillo para filmar y se encontró con la pantallita de un Nokia negro. Miró a sus compañeros: lucían jóvenes, sin arrugas, canas ni peladas. La tevé era de tubo y llevaba, al costado, una calcomanía de Panza Hermanos. La botella de sidra tenía un diseño que él recordaba de la adolescencia. De fondo se escuchaban fuegos artificiales sobre la calle Gaddini.
—Paren, paren —dijo Julián—. Algo está mal. No llegamos al 2026.
Sus amigos lo rodearon.
—Aflojá con la sidra —le tiró Carlos.
—¡No es un chiste! —gritó Julián—. Volvimos al año 2000.
Una carcajada a coro inundó el living. Julián abrió la boca para explicarles lo que sucedía, pero no sabía por dónde empezar. Se le cruzaron las Torres Gemelas, diversas crisis financieras, la inflación, las guerras, el impacto de las redes sociales, la inteligencia artificial, y solo atinó a revelar:
—En unos veinte años vamos a mirar el mundo desde un teléfono celular…
—Y habrá patinetas para volar, ¿no? —comentó Laura.
—El presidente que viene… —balbuceó Julián—, bueno, los que vienen… van a cantar rock… Queen, Litto Nebbia, La Renga, Charly García… ¡¡Y un año, en el mundo entero, vamos a usar barbijo por una pandemia global!!
—Mucha ciencia ficción —agregó Tomás.
Julián habló del Mundial 2022 y de los goles de Messi. De la temprana muerte del Diego. De que iba a existir un papa argentino. Cualquier cosa sonaba a delirio.
—Escuchen, por favor —señaló, desesperado—. Yo vengo de 2025. Allá nos abruma la sobreinformación. Algunos afirman que nos encontramos al borde de un colapso mundial, por la contaminación, la pobreza, la superpoblación… El reloj atómico podría fallar… Y esto… —miró la mesa— ya pasó…
—Lo que pasó es que tomaste mucho —sentenció Martín y apagó la tele.
Rellenaron las copas con sidra Tunuyán.
—Brindemos de nuevo —propuso Martín—. Capaz volvés.
Julián aceptó y dijo:
—Por si no me creen, disfruten cada instante. Vayan despacio. La vida pasa muy rápido.
Los presentes elogiaron las ocurrencias de Julián. Chocaron las copas. Se abrazaron y se desearon mutua felicidad. Esta vez, la púa del tiempo se mantuvo en el mismo surco.
Esto No Está Chequeado | Sección no basada en hechos reales | Cualquier semejanza con la realidad es mala puntería | Contacto: ezeizaediciones@yahoo.com.ar | Archivo: cuentos de Míster Afro
San Abasto | La actuación en el cine
Por las barbas de Papá Noel
Con motivo de Navidad, comparto un cuento de la serie de historias que escribo bajo el seudónimo Míster Afro para La Palabra de Ezeiza. ¡Felicidades!
POR LAS BARBAS DE PAPÁ NOEL. Por Míster Afro | Esto No Está Chequeado (La Palabra de Ezeiza) | Jueves 25 de diciembre de 2025| Ilustración: Digital Snatch | #FiccionesEzeicenses |
La abuela Achebe estaba cebando unos mates en el jardín del fondo de casa cuando, de pronto, al atardecer, se acordó de un hecho sucedido en Villa Guillermina durante la crisis de 2001.
—Te voy a contar algo de un actor, con gran trayectoria en el teatro under del conurbano, que andaba desocupado. Creo que te va a servir para la contratapa de La Palabra.
—Genial, siempre es edificante una historia real en esta época del año —le respondí y prendí el grabador del celu.
—Don Ricardes, soltero sin apuro, empezó a bañarse poco, abatido por la falta de empleo, y no se cortaba la barba encanecida por los años y las penas. Un día, arrastraba sus pies por la calle y alguien lo divisó desde un auto. Sin saber que era un artista, bajó la ventanilla y le preguntó si se animaba a actuar de Papá Noel durante todo diciembre frente a un negocio de la calle Paso de la Patria. Ricardes era contrario a este tipo de celebraciones, pero necesitaba el dinero, así que, de parado, arregló condiciones. El 1º de diciembre se presentó en el comercio. Le dieron un traje rojo, que le quedaba un poco grande, y una campanita. Su tarea consistía en entregar volantes y anunciar que el 24 habría un gran sorteo. Una noche, Ricardes volvió a su casa con la espalda doblada y más transpirado que nunca, pero con un cajón de cerveza comprado con la paga diaria. “Gracias, Papá Noel. Ojalá todo cambie de ahora en más”, dijo, levantando un porrón en un comedor solitario, frente a una milanesa fría que había cortado en trocitos. Ahí nomás apareció Papá Noel. El verdadero. Sentado en la punta de la mesa, anunció: “Buen laburo. Te ganaste un deseo”. Ricardes iba por la cuarta botella y pidió que la barba volviera a ser negra. El visitante levantó una ceja y le advirtió que después no había devolución. “Dale, dale”, respondió el dueño de casa.
—¿Y qué pasó? —le pregunté a la abuela.
—A la mañana siguiente —prosiguió Achebe—, Ricardes tenía la barba negra y también todo el pelo, bonus track por iniciativa del jefazo. Quienes lo cruzaban esa mañana no podían creer la transformación. Se lo veía más joven, feliz, eufórico. El problema fue cuando se presentó en el local y no lo dejaron retomar la tarea. “Justo ahora, ¡teñirte!”, lo atajaron. Ricardes se enojó y empezó a insultarlos, tratando de explicarles que él podía transmitirle esperanza a la humanidad. “¡Quiero contarles a niños y niñas que los milagros son reales!”, fue lo último que declaró cuando le cerraron la puerta y llamaron a la policía para que dejara de amenazar la vidriera con un ladrillo.
—Abuela, esta historia no sé si ayuda a mejorar el espíritu navideño —me nació decir ante el inesperado giro de la anécdota.
—Fue un año muy largo para don Ricardes. Pero no todo terminó tan mal, Afrosito. Algo aprendió. En el siguiente diciembre vio un aviso pegado en un poste: “Se busca Papá Noel. Urgente”. Seguía sin ninguna cana y ahí tomó una decisión trascendental: decidió teñirse de blanco por el resto de su vida. Desde aquel entonces, nunca dejó de trabajar de Papá Noel.
—Te voy a contar algo de un actor, con gran trayectoria en el teatro under del conurbano, que andaba desocupado. Creo que te va a servir para la contratapa de La Palabra.
—Genial, siempre es edificante una historia real en esta época del año —le respondí y prendí el grabador del celu.
—Don Ricardes, soltero sin apuro, empezó a bañarse poco, abatido por la falta de empleo, y no se cortaba la barba encanecida por los años y las penas. Un día, arrastraba sus pies por la calle y alguien lo divisó desde un auto. Sin saber que era un artista, bajó la ventanilla y le preguntó si se animaba a actuar de Papá Noel durante todo diciembre frente a un negocio de la calle Paso de la Patria. Ricardes era contrario a este tipo de celebraciones, pero necesitaba el dinero, así que, de parado, arregló condiciones. El 1º de diciembre se presentó en el comercio. Le dieron un traje rojo, que le quedaba un poco grande, y una campanita. Su tarea consistía en entregar volantes y anunciar que el 24 habría un gran sorteo. Una noche, Ricardes volvió a su casa con la espalda doblada y más transpirado que nunca, pero con un cajón de cerveza comprado con la paga diaria. “Gracias, Papá Noel. Ojalá todo cambie de ahora en más”, dijo, levantando un porrón en un comedor solitario, frente a una milanesa fría que había cortado en trocitos. Ahí nomás apareció Papá Noel. El verdadero. Sentado en la punta de la mesa, anunció: “Buen laburo. Te ganaste un deseo”. Ricardes iba por la cuarta botella y pidió que la barba volviera a ser negra. El visitante levantó una ceja y le advirtió que después no había devolución. “Dale, dale”, respondió el dueño de casa.
—¿Y qué pasó? —le pregunté a la abuela.
—A la mañana siguiente —prosiguió Achebe—, Ricardes tenía la barba negra y también todo el pelo, bonus track por iniciativa del jefazo. Quienes lo cruzaban esa mañana no podían creer la transformación. Se lo veía más joven, feliz, eufórico. El problema fue cuando se presentó en el local y no lo dejaron retomar la tarea. “Justo ahora, ¡teñirte!”, lo atajaron. Ricardes se enojó y empezó a insultarlos, tratando de explicarles que él podía transmitirle esperanza a la humanidad. “¡Quiero contarles a niños y niñas que los milagros son reales!”, fue lo último que declaró cuando le cerraron la puerta y llamaron a la policía para que dejara de amenazar la vidriera con un ladrillo.
—Abuela, esta historia no sé si ayuda a mejorar el espíritu navideño —me nació decir ante el inesperado giro de la anécdota.
—Fue un año muy largo para don Ricardes. Pero no todo terminó tan mal, Afrosito. Algo aprendió. En el siguiente diciembre vio un aviso pegado en un poste: “Se busca Papá Noel. Urgente”. Seguía sin ninguna cana y ahí tomó una decisión trascendental: decidió teñirse de blanco por el resto de su vida. Desde aquel entonces, nunca dejó de trabajar de Papá Noel.
Esto No Está Chequeado | Sección no basada en hechos reales | Cualquier semejanza con la realidad es mala puntería | Contacto: ezeizaediciones@yahoo.com.ar | Archivo: cuentos de Míster Afro
Despedida de Año | Patio al Sur y La Palabra
Los integrantes del sello Patio al Sur y el diario La Palabra de Ezeiza nos reunimos a despedir el año el jueves 18 de diciembre de 2025. Así lo resumió Patio al Sur en sus redes: “Hay años que se escriben con esfuerzo y se cierran con gratitud. Cerramos este ciclo con una despedida muy especial, uniendo a la familia de diario La Palabra y la editorial Patio al Sur. Entre anécdotas, risas y el repaso de todo lo que logramos juntos, celebramos la pasión por contar historias, ya sea en el vértigo de la noticia o en la pausa de un libro. Gracias a cada uno de los que forma parte de este equipo y a ustedes, nuestros lectores, por acompañarnos en cada página. ¡Por un nuevo año lleno de palabras que inspiren!”.
BARS 2025 | Las novedades de Cinefanía
Biblioteca Nacional | Lectura coral de "Poemas chinos"
En la Plaza del Lector Rayuela (Avda. Las Heras 2505, CABA) se llevó a cabo la Lectura Coral del libro Poemas chinos, de Alberto Laiseca, el viernes 28 de noviembre de 2025. Se concretó en el marco de la exposición “Laiseca, el iniciado” (2025-2026), organizada por la Biblioteca Nacional, a partir de una propuesta de Valeria Tentoni. La bienvenida y el cierre estuvieron a cargo del curador Mariano Buscaglia, quien trazó algunas líneas del autor y de este poemario, editado en 1987. Leyeron Jorge Fondebrider, Sergio Bizzio, Pablo Bari, María Eugenia Alcatena, José María Marcos, Juliana Bonacci, Juan Guinot, Fernando Figueras, Victoria Vespectral (senseijitsu), Valeria Tentoni, Leo Oyola, Natalia Rodríguez, Javier F. Luna, Noelia Sánchez, Natalí Tentori, Hernán Sánchez, Sebastián Pandolfelli, Guillermo Naveira, Carina Nardi, Rusi Millán Pastori, Francisco Garamona y Julieta Laiseca, la hija de Alberto. Durante el encuentro me tocó ponerle la voz a “Rostro en penumbras” y “Debilidad oculta”.
Biblioteca Storni | Escribir desde la música
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