Bienvenidos al tren fantasma

En el CCC, Marcelo Di Marco leyó el texto “Bienvenidos al tren”, que presentó como “una aproximación cuasi-poética al género fantástico”. Entre otros conceptos dijo: “Para sortear las innumerables dificultades con que se enfrenta un escritor del fantástico al pretender transformar seres de bruma y tinieblas en amenazas de carne y hueso, es necesario tener y desarrollar un auténtico coraje y forjarse un estilo acorde. Eso sí: cuando un escritor fracasa en el fantástico fracasa con todo el estrépito; no hay género más difícil. No obstante, el esfuerzo vale la pena. Engendrada de la lucidez tenebrosa de las alucinaciones y los mitos, la literatura del horror y lo sobrenatural se inserta en la historia de la cultura como una reveladora amalgama hecha de vivientes pesadillas, susurros ancestrales, apariciones reveladoras, monstruos de la razón. Construido con los elementos primigenios de aquellos tiempos más allá del tiempo, el tren fantasma es el mejor vehículo para transponer los bordes del abismo, que es el corazón del hombre, y arrojarnos de cabeza en sus profundidades oscuras, y vivir para contarlo. Tengo pruebas: nunca olvidaré el día en que mi amigo Gregorio fue atacado por su propio padre con una tormenta de manzanas. Por más que corriera todo lo que daban sus patitas dentro de los asfixiantes límites de las paredes, no pudo eludir el bombardeo y una de las manzanas terminó por incrustarse en el caparazón. Los días iban pasando y ningún miembro de la familia se animaba a quitarle la manzana de la espalda al pobre Gregorio, y la herida fue cubriéndose de polvo y fue pudriéndose. Mucho después de la muerte de mi amigo, la literatura me enseñó que la vida tiene mucho de ese encajar, de ese eludir, de ese recibir, de ese aceptar. Y a veces tiene demasiado”.