“El fondo del corazón es árido. El hombre siembra sólo aquello que puede… y lo cuida”. Stephen King, Cementerio de animales

La chatita de los Badaloni

Por José María Marcos | Óleo sobre tela: “La chatita” de Bartolomé Vaccarezza | Sección Esto No Está Chequeado (La Palabra de Ezeiza, 11 de febrero de 2021)


Cinco gallinas andan dando vueltas por ahí. Ariscas, viven en los trazos iluminados del óleo de Bartolomé Vaccarezza. Buscan semillas, insectos, caracoles y lombrices entre el pasto. Con la cabeza gacha, golpean rítmicamente la tierra con sus picos inquietos y certeros.
Bajo un alero de chapas descansa un carro de madera, a la espera de que algún paisano y un caballo voluntarioso se dignen a dotarlo del espejismo de la vida.
Reposa también una viajada chatita roja, original, de la época del freno a varillas, con su tradicional caja de carga. Gallarda, muestra la máscara del radiador, las ruedas y los faros, mientras oculta torceduras, raspones y otros detalles. Su discreción es leal a las innumerables aventuras vividas por los Badaloni.
Eran siete los hermanos y trabajaban junto a su padre. Se movían por Lobos y la región, visitando granjas y estancias, ejecutando diversas tareas rurales. Eran famosos por su prolijidad a la hora de confeccionar fardos de forma manual. Igual que un ballet, rastrillaban los prados y hacían crecer los montículos de paja. Enormes, los esmerados embalajes parecían tributos al cielo.
Esa mañana húmeda de verano, el instante registrado por el cuadro, vinieron a la casa de los Vaccarezza dos de los hermanos a charlar sobre distintas labores y, pronto, la chatita volverá a la huella y dejará una estela por los caminos de la provincia de Buenos Aires.
Cuando paseo distraído por los fondos de Tristán Suárez y Carlos Spegazzini, creo ver a los Badaloni. El padre maneja, serio, acompañado en la cabina por uno de sus hijos, que luce el brazo en la ventanilla y la camisa arremangada. Los otros seis viajan atrás; tres llevan boina y tratan de que el viento no se las arrebate. Uno fuma.
Van apurados. Algún campo recién cosechado los espera.