La influencia de Straub en “It”

Dos maestros de la literatura de horror y sus mutuas influencias

Por José María Marcos, exclusivo para INSOMNIA, Nº 110, febrero de 2007

Con frecuencia he leído distintos comentarios sobre la inspiración que el escritor Peter Straub recibió de la novela Salem’s Lot (El misterio de Salem’s Lot) de Stephen King, a la hora de escribir Ghost Story (Fantasmas), obra que sin dudas le permitió ganarse un lugar entre los narradores dedicados al género fantástico. Sin embargo, no he leído —quizás por distracción— sobre la influencia que Ghost Story ejerció en el escritor de Maine al momento de crear It (It-Eso). Dicha conjetura es la que generó este modesto artículo, que no pretende acabar con el tema, sino exponer algunos de sus principales rasgos.

King en Straub

Con mayor o menor profundidad, diversas notas se han ocupado de reseñar las similitudes del libro de Straub con la novela Salem’s Lot, rescatando sus virtudes y su acertada reescritura a partir de un esquema similar. En este sentido, uno de los últimos análisis que leí pertenece a Xavier Riesco Riquelme, quien hizo una interesante referencia para El Archivo de Nessus (www.archivodenessus.com), en la que afirma que Ghost Story “es el libro que le valió a Straub un nombre propio dentro del género de terror. Lo que no deja de ser curioso, porque esta obra, publicada en 1979, es casi punto por punto el mismo libro que El misterio de Salem´s Lot de Stephen King, que vio la luz en el 75”. Luego de la metáfora “punto por punto”, es más concreto y precisa que “ambos libros tienen la misma estructura narrativa y casi el mismo reparto en el fondo: en ambos hay un escritor traumatizado, unos viejos veteranos de tiempos antiguos y una personificación del mal que amenaza con acabar con una pequeña ciudad norteamericana. Hasta el comienzo es similar, con la descripción de los protagonistas (los respectivos escritores) vagando por las carreteras de América después de la confrontación principal que el lector intuye que ya se ha producido”. Después de esta introducción, enumera algunas de las diferencias y sostiene que “no es difícil afirmar que Fantasmas es mucho mejor libro que el de King, pero sólo, paradójicamente, porque el de King existe para dar forma al de Straub. Me explico: Straub lleva los elementos de la narración ‘kingniana’ a otro nivel al permitirse contemplarlos de una forma mucho más abierta, casi irónica, jugando con los elementos de ésta —que pueden contemplarse como los elementos básicos del género desde la aparición de King— mucho más libremente”. En este sentido destaca que mientras en el libro de King la amenaza es “impersonal, afecta a todos democráticamente”, en el de Straub el horror es “personal”. También dice que en el caso de Salem’s Lot la amenaza es identificable a primera vista, mientras que en Ghost Story ésta es mutable.
La reseña del comentario de Xavier Riesco Riquelme —apretada síntesis de lo que podría ser una comparación más extensa entre ambas novelas— deja una puerta abierta para los curiosos que deseen sumergirse en el mundo de la Chowder Society, que —según cuenta Straub— se reúne con el fin de compartir espeluznantes historias de fantasmas. También es una invitación a bailar con Salem’s Lot, que sigue vigente con sus horribles encantos horrorosos, como podría haber dicho el Maestro de Providence.
A continuación reseñaré lo que vino después de Salem’s Lot y de Ghost Story a través la pluma de Stephen King, siempre dispuesto a ir un poco más allá. Justamente, en busca del más allá...

Straub en King

Públicamente, King y Straub mantienen una amistad y una admiración mutua. Esto los llevó a ser co-autores de las novelas The Talisman (El talismán) y Black House (Casa negra), libros aparecidos en 1989 y 2001, respectivamente, en los que —aunque sea difícil establecer quién influenció más al otro— se nota que sus gustos y sus obsesiones andan por rutas desérticas haciéndole dedo a los mismos monstruos.
King publicó Salem’s Lot en 1975 y Ghost Story de Straub apareció en 1979. Ambas obras obtuvieron una buena recepción por parte del público. En 1981 salió en inglés Danse Macabre (Danza macabra), ensayo de King sobre el género de terror, que recién se conoció en castellano en junio del 2006, a través de la editorial española Valdemar. En el libro, el creador de Misery se muestra notablemente conmovido por la novela de Straub y le dedica varias de sus páginas, y como si fuera poco, usa el siguiente fragmento para el inicio del primer capítulo:

“—¿Qué es lo peor que has hecho nunca?
—Eso no os lo voy a decir, pero os contaré lo peor que me ha pasado jamás... lo más terrible”.

Más adelante, King cita a Straub en varias ocasiones y elogia la novela aparecida en 1979. Uno de los pasajes más significativos del análisis de la obra de Straub figura en el capítulo IX:

Fantasmas es, a primera vista, una mezcolanza extravagante de todas las convenciones del horror y el gótico jamás utilizadas en todas las películas de serie B de las que ya hemos hablado. Hay mutilaciones animales. Hay una posesión demoníaca (...). Hay vampirismo, necrofagia (...) y licantropía de una clase realmente singular y aterradora. Y sin embargo todas esas temibles leyendas son en realidad únicamente el caparazón exterior del corazón de la novela, en el que reside una mujer que podría ser Eva Galli... o Alma Mobley... o Anna Mostyn... o posiblemente una niña pequeña vestida con un vestido rosa sucio cuyo nombre, supuestamente, es Angie Maule.
‘¿Qué eres?’, pregunta Don. ‘Soy tú’, responde ella. Y es ahí donde los latidos de este extraordinario libro resuenan con más fuerza. ¿Qué es, después de todo, el fantasma para que nos asuste tanto, sino nuestro propio rostro? Tememos al Fantasma en gran medida por el mismo motivo por el que tememos al Hombre Lobo: es la parte que reside en lo más profundo de nuestro interior y que no es limitada por irrisorias restricciones (...)”.

En septiembre de 1981, cuando aún estaba fresca Ghost Story en su memoria, King empezó a escribir It, novela que tardó cuatro años en concluir y que recién salió a la luz en 1986. Para muchos críticos, en ésta se encuentra lo mejor y lo peor del escritor. Según el propio autor, a través de estos textos ha dicho todo lo que sabe sobre la vida. Sea o no una exageración, este libro de enormes proporciones es una de las obras que más gusta entre sus seguidores.
En It, King vuelve a un pequeño pueblo para su ficción, pero —como nadie se baña dos veces en el mismo río, Heráclito (y Straub) de por medio— regresa cambiado. Esta vez, también, los protagonistas deben enfrentarse con el mal, pero éste —a diferencia de Salem’s Lot— se aparece a los ojos de los protagonistas en diversas formas (El payaso Centavito, la momia, el hombre lobo, un pájaro gigante, muertos vivos, el leproso, etcétera), según los miedos que ellos mismos acarrean, tal y como ocurre en el libro de Straub, en el que también la ciudad está en peligro y la presencia de los relatos y las películas de terror constituyen otra clave. Pequeños pasajes —leídos con atención— muestran la influencia del autor de Julia (La obsesión de Julia) y el agradecimiento por esa influencia.
Un guiño aparece en la descripción del escritor Bill Denbrough, de quien se cuenta que logró vender un manuscrito de casi quinientas páginas, de su primera novela que trata de fantasmas, emulando el caso real de Straub. Un fragmento paradigmático es el siguiente: “Aquello no era como escuchar relatos de fantasmas junto a la hoguera de un campamento mientras uno comía salchichas y carne asadas. Allí, en esa lavandería automática de ambiente sofocante, se veían grandes rollos de pelusa bajo las máquinas de lavar (cagarrutas de fantasma, los llamaba su padre), motas de polvo bailando en los cálidos rayos de sol que entraban por la sucia ventana, y revistas viejas con las cubiertas rotas. Eran todas cosas normales. Bonitas, normales y aburridas. Pero tenía miedo. Tenía muchísimo miedo. Porque sentía que esos relatos no eran invenciones, que esos monstruos no eran inventados: la momia de Ben, el leproso de Eddie... Cualquiera de ellos o ambos podían salir por la noche, tras la puesta del sol. O el hermano de Bill Denbrough, manco e implacable, navegando por las negras cloacas de la ciudad con monedas de plata en vez de ojos”. Por un lado, está el grupo que se siente amenazado, las reuniones, sus recuerdos y sus cuentos de fantasmas. Por otro, el mal aparece de distintas formas, en “una mezcolanza extravagante de todas las convenciones del horror y el gótico”, esencia y cuerpo de la novela It, en la que King se dedica a indagar sobre el paso del tiempo y sobre el pasaje de la niñez a la adultez. Cada representación del mal en Derry es, simplemente, la representación de eso que los aterra. “Y es ahí donde los latidos de este extraordinario libro resuenan con más fuerza”.

Las vigilias humanas

Reescribir es volver a escribir lo ya escrito introduciendo cambios, o volver a escribir sobre algo dándole una nueva interpretación, según la Real Academia Española, y es un procedimiento que, consciente o inconscientemente, llevan a cabo todos los escritores. Como expresó Ernesto Sábato, en El escritor y sus fantasmas, “¿Qué, quieren una originalidad absoluta? No existe. Ni en el arte ni en nada. Todo se construye sobre lo anterior, y en nada humano es posible encontrar la pureza”.
El propio Peter Straub en Houses Without Doors (Casas sin puertas) reconoció que la mayoría de las obras que integran ese volumen deben su origen o inspiración a otros libros y los enumeró en el epílogo. Paradojas de la creación, King ha explicado que Salem’s Lot (que prefigura a Ghost Story) nació como una reescritura de Drácula de Bram Stoker, luego de una conversación con su esposa de qué haría Drácula si estuviera en el siglo veinte, y también ha contado cómo se le ocurrieron otras obras, a partir de otros libros. Drácula debe su origen a una gran cantidad de relatos góticos, que podrían estar en deuda con antiguas leyendas europeas y chinas... y, si el conocimiento nos fuera dado, seguramente, podríamos seguir buscando la punta de una madeja que nos llevaría a los miedos más ancestrales de los seres humanos, o quién sabe hacia dónde. En el poema Alejandría, 641, AD, el escritor Jorge Luis Borges esboza una hipotética respuesta a este enigma, al afirmar —casi al pasar— que “las vigilias humanas engendraron los infinitos libros. Si de todos no quedara uno solo, volverían a engendrar cada hoja y cada línea”.
La reescritura es un proceso frecuente en la literatura. Poder apreciar varios eslabones de esta cadena es un enorme placer que, en este caso, también nos ha dado el Maestro de Maine y su gran novela It.