De eso sí se habla...


La literatura tiene muchas maneras de hablar de temas sensibles. Probablemente sea más sencillo hacerlo en la mal llamada “literatura para adultos”. Se supone que el adulto tiene experiencia, racionalidad… elementos de sobra para sensibilizarse (o para mantener la distancia) respecto de los tópicos que trata el texto. En la literatura infantil y juvenil la cuestión se complica, y los resultados no siempre son buenos. En general, o pasan por una suerte de didactismo estéril, donde los temas como la violencia de género o la marginalidad se plantan de manera artificiosa en un relato poco feliz, o son tratados con superficialidad. En cualquiera de los casos, la literatura (y lo que es más importante, el entretenimiento, la invitación a que el lector disfrute del relato y lo viva) quedan resentidos.
Afortunadamente ése no es el caso de El hámster dorado, la novela juvenil de José María Marcos editada por Del Naranjo. Una novela que parece abrevar de la obra de Stephen King (en algunos tramos, se me aparecían escenas de la serie de TV Kingdom Hospital), pero ambientada en la línea que divide al proletariado de quienes viven en la marginalidad. El hámster dorado es una historia de terror fantástico, donde las mayores oscuridades vienen de los planos más realistas del relato: la violencia de género, la pobreza extrema y la infancia vulnerable (desde muchos puntos de vista). Desde luego, no son los únicos temas. Del lado luminoso de la calle, están la amistad que trasciende fronteras y prejuicios, el coraje contra todos los obstáculos, la fe como instrumento de la esperanza, la generosidad…
Claro está, los temas no son el argumento. Lo bueno de la novela de Marcos es que esos tópicos no van en detrimento de la historia. Por otra parte, y a diferencia de otros relatos de la LIJ que buscan “alivianar” el contenido apelando al ridículo o el humor, en este caso es el elemento fantástico el que cumple con esa función, haciendo más digerible una historia que bien podría haber desbarrancado hacia la apología del “bajón” de haber sido escrita por una pluma menos experimentada. Marcos desarrolla los conflictos, no los esquiva, y los integra dentro de los cánones del género, enganchando al lector desde la primera página
¿Cuán necesaria será la presencia de un mediador para que el texto logre ser aprovechado (exprimido, aprehendido) por un lector joven? Es un punto en el que no logro llegar a una conclusión. Y es que la gran mayoría de los chicos que leerán la novela bien podrían estar conviviendo con algunas de las situaciones que muestra el texto, o al menos haber oído de ellas en los medios de comunicación, o de boca de los padres.
Desde un punto de vista más formal, la edición de Del Naranjo es sumamente atractiva, y las extraordinarias ilustraciones de Gabo Bernstein acompañan el texto con gran eficacia, y sin quitarle protagonismo. De hecho, vale la pena detenerse en los encuadres, en los rostros de los personajes, en las sombras de Bernstein… un lujo.