El mundo de Hernán Domínguez Nimo

“La soledad en la multitud y la muerte
son una constante en mis cuentos”

Por José María Marcos - Especial paraINSOMNIA (*)


Hernán Domínguez Nimo nació en Barracas, creció en San Telmo y vive en Flores. Tiene cuentos y artículos publicados en revistas y antologías de Argentina, España, Colombia, Grecia y Japón (Axxón, Ediciones de la Gente, Cuásar, Próxima, 2001, Artifex, Mandrágora, Letra Sudaca, Ediciones LEA, La Mujer de mi Vida, Revista Boulevard, Universe Pathways, Lunatic3.0, 8 y 8), y en revistas electrónicas de Argentina, España, Francia y Venezuela (Alfa Erídano, Axxón, Bem, Infini, La Idea Fija, Necronomicón, NGC 3660, NM, Sinergia, Nadie Quiere Morir, Marcha). Fue finalista en los concursos Terraignota 2001 (México), Coyllur 2005 (Perú), Axxón 2006 (Argentina) y el Premio Internacional de Ediciones Electrónicas 2008 (España), donde su relato “La araña tiene patas cortas” fue segundo accésit. Su cuento “Moneda común” ganó el Concurso Fobos (Chile 2003) y se publicó en la antología Panorama Interzona (Argentina 2012). El último 23 de junio presentó su primer volumen de cuentos: Si algo está muerto, no puede morir (Textos Intrusos, 2015) En diálogo con INSOMNIA, habló de su flamante publicación, las influencias, su manera de trabajar y su admiración por Stephen King.

EN EL SALÓN DE LOS REYES MARCIANOS

—¿Qué lecturas y/o autores despertaron tu pasión por la literatura?
—Fueron distintos en distintos momentos. De pendejo me fasciné con la aventura subyacente en las novelas de Salgari y Verne, de las colecciones Billiken y Robin Hood. Muy poco después (quizá, demasiado temprano), con el terror de Poe y Quiroga. Ya más de grande, mi tío me introdujo a la ciencia ficción y por mi parte descubrí al amigo Stephen King, porque estoy seguro de que es mi amigo, aunque él todavía no lo sepa, incluso llegué a escribirle una carta que nunca le mandé, avergonzado de mi mal inglés.
—Hay algún cuento o novela que te hubiera gustado escribir vos.
—Novelas hay unas cuantas que envidio y admiro al mismo tiempo. Pero hay dos cuentos en particular que al terminarlos pensé justamente eso: “Yo quiero escribir un cuento como este alguna vez”. Uno se llama “En el salón de los reyes marcianos”, y lo escribió John Varley. El otro es “La historia de tu vida”, de Ted Chiang. Juro que sigo intentándolo…
—¿Qué frase marcaste últimamente en un libro?
—Fue la de mi primer libro, “Si algo está muerto, no puede morir”. Suena egocéntrico pero tiene que ver con lo poco que leí en el último tiempo, mientras terminaba de prepararlo. Hernán Casabella, de Textos Intrusos, quería publicarme pero me pidió concretamente cuentos fantásticos, no tan pegados al género conjetural que suelo transitar. Y luego de armar la primera maqueta, releí los cuentos como un conjunto por primera vez, pensando que no quería ponerle de título el nombre de uno de los cuentos. Cuando la leí (con esa deliciosa sensación de releer cuentos después de mucho tiempo y descubrirlos, percibirlos casi como de otra persona) esa frase me saltó a la yugular, agarrándome del cuello y susurrándome al oído “Yo soy el título de tu libro”. Por supuesto, le hice caso.