“El fondo del corazón es árido. El hombre siembra sólo aquello que puede… y lo cuida”. Stephen King, Cementerio de animales

Cautivante música del llano

“Esperando la lluvia”. Juan Martín Scalerandi (Edición independiente, 2009). Género: folklore.

Por José María Marcos (*).

“La música del llano es una de las más ricas del folklore argentino; comprende todas las expresiones desde la llanura pampeana hasta la cuenca rioplatense. Estilos, milongas, huellas, cifras y triunfos nos pintan —con gran riqueza expresiva y sonora— el cautivante e interminable llano de Buenos Aires y sus alrededores”. Con estas palabras, el talentoso guitarrista y compositor Juan Martín Scalerandi resumió cuál es el contenido del CD “Esperando la lluvia” (integrado por diez piezas instrumentales), que presentó oficialmente el viernes 25 de septiembre de 2009, en el Espacio Mu (Somellera 301, Adrogué).Las canciones elegidas para su primer trabajo solista son “Esperando la lluvia” (triunfo), “9 de Julio” (gato), “El regalo” (estilo), “La pampeana” (milonga), “Pa’ La Huella” (huella), “Milonga en Soledad” (milonga), “Gato encerra’o” (gato), “El hornero” (estilo), “Camino a Uribe” (triunfo) y “Una milonga” (milonga).
Con sutiles melodías y el ritmo pausado de sus formas, estas piezas dejan traslucir cierta melancolía nacida en el corazón de un territorio plagado de soledades. Quizás porque —como dice “La Pampa es un viejo mar” (Nervi-Cortéz)— se trata de una “Tierra para estar de pie / con las vigilias del tiempo (...). / La Pampa es de áspera piel / pero jugosa por dentro (…). / La Pampa es un viejo mar / donde navega el silencio”.
Juan Martín Scalerandi (joven músico nacido en Temperley) nos brinda la sonoridad y una mirada de esta región que, por tan cercana, pocas veces es advertida con tanta atención, profundidad y belleza, como en el disco “Esperando la lluvia”.
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(*) Publicado en la edición digital de Historia de Uribelarrea, domingo 27 de septiembre de 2009.

Esperando la lluvia, nuevo CD de Juan Martín Scalerandi

El talentoso guitarrista y compositor Juan Martín Scalerandi presentará su disco solista “Esperando la lluvia”, el viernes 25 de septiembre en el Espacio Mu (Somellera 301, Adrogué), a partir de las 22 horas. El trabajo está compuesto por diez piezas instrumentales, con ritmos bonaerenses como la huella, el triunfo o la milonga, entre las cuales se encuentra “Camino a Uribe” y otras bellas canciones.
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Rock: Coraza editó “Lo duro viene ahora”, con Sokol y el hijo de Pappo

Lo duro viene ahora. Grupo: Coraza (Edición independiente, 2009). Género: rock. Por José María Marcos (*)

Coraza presentó su tercer disco, Lo duro viene ahora. Integrada por Martín Gauna “El Guana” (voz), Diego Hayas (1º guitarra), Diego Encina (bajo), Walter Hayas (batería) y Abel Encina (guitarra invitada), la agrupación de hardrock cuenta con una trayectoria de diez años, durante la cual ha mostrado un notable crecimiento artístico y de repercusión entre el público. En esta tercera placa, y tras varios cambios de formación, Coraza ha conseguido una grabación que refleja su poderoso sonido, con grandes canciones de poesía urbana, interpretadas por una formación que se nota consolidada. La larga trayectoria también le ha permitido contar con las participaciones especiales del guitarrista Luciano Napolitano (hijo del mítico Pappo) y de Alejandro Sokol (uno de los fundadores de Sumo, Las Pelotas y, su último grupo, El Vuelto S.A.), quien falleciera el pasado 12 de enero. Cuenta su página oficial que “El Guana” formó Coraza para dedicarse de lleno al rock pesado, luego de haber incursionado en varias bandas y estilos de la música rock, entre 1993 y 1999. En el año 2000, la banda comenzó a afianzarse y, zapando con distintos músicos de la zona sur, preparó las primeras bases de futuros temas en la sala La Viga (Lanús). Esto permitió que Coraza grabara un primer trabajo que, aun con sonido de demo, le posibilitó salir a mostrar propuesta. Así, junto a Enrique Ikes (guitarra, ex compañero del grupo Motor), el joven Facundo Echesuri (batería) y la colaboración de Rodolfo Sardo (bajo), la agrupación recorrió una gran cantidad de escenarios bonaerenses de la zona sur y porteños. Uno de los momentos más importantes de “El Gauna” ocurrió cuando fue invitado por Chizzo (cantante de La Renga) para cantar temas de The Doors y AC/DC. Esa vez fue acompañado por Luciano Napolitano (guitarra, Lovorne), Machi (bajo, Pappo Blues) y Guillermo Sánchez (batería, Lethal). Cerrando el 2004 llegaron nuevos cambios a Coraza: entró Hernán Caballero, en guitarra, y Ezequiel (Kily), en bajo. Con esta formación, Coraza tocó en la apertura del show de Claudio O’ Connor en Bóxer (Monte Grande). Poco después llegó la segunda producción y la entrada a la productora La Nave, de Osber, gracias a la cual Coraza teloneó a figuras como Logos, en su regreso, en El Teatro; Hipnosis (liderado por Fernando Scarcella, Violadores, Logos y Rata Blanca) en The Roxy; y al solista Adrián Barilari (Rata Blanca) en Berazategui. Era el año 2005, y se despidieron de la banda Hernán, Kily y Facu. En el 2006, “El Guana” presentó a sus nuevos compañeros, Diego Hayas (1º guitarra), Walter Hayas (batería) y Diego Encina (bajo), con quienes —junto a Abel Encina (guitarra invitada)— grabaron “Lo duro está por venir”, un disco con grandes temas como “Descubriendo el mundo”, “Hundido en la miseria” (donde toca Luciano Napolitano) o “Cautivo en tu mente”, con un sonido más heavy; y otros como “Ojos de niño”, “Tumba para vivos” o “Lo valioso” (donde canta Alejandro Sokol), con un sonido más melodioso, siempre dentro de la tradición del rock duro. Un disco con el Coraza piensa seguir ampliando su horizonte artístico y lograr una mayor masividad. (*) La Palabra de Ezeiza, página 8, jueves 30 de julio de 2009.

¿Por qué si la lectura es algo tan copado, en la escuela lo enseñan como si fuera una mierda?

Partes de guerra. Una temporadita en TP, de Walter Lezcano (Editorial Mancha de Aceite, 2009, 80 páginas). Por José María Marcos

Suelo pensar que cada persona debería escribir al menos un libro, o, bien, que cada persona merece relatar su historia. Parece una exageración, lo sé, pero es lo que creo cuando alguien me cuenta parte de su vida y me hace entender por qué es lo que es.
Sé que esta idea va contra toda lógica. Incluso contra aquellos que afirman que hay demasiados libros en el mundo (algunos juzgan que hay demasiada gente), pero tampoco creo que debamos conocer todo lo que hay dando vueltas por allí. De hecho nadie lo puede hacer, y nadie lo hace.
Volví a meditar en esto cuando leí Partes de guerra. Una temporadita en TP, de Walter Lezcano, a quien conocí el viernes 4 de septiembre durante una charla sobre editoriales independientes en la Biblioteca Nacional. Walter participaba del panel de expositores por haber creado la Editorial Mancha de Aceite, “la primera editorial independiente de San Francisco Solano”, mediante la cual publicó estos textos autobiográficos (“les hice ciertos retoques, pero básicamente hablo de hechos verídicos”, me confesó), que funcionan como su presentación de docente, escritor y, ahora, editor.
Partes de guerra... está formado por unas 80 páginas (que se acaban en más o menos media hora de lectura) con jirones de la vida de Walter, quien mediante diversos textos trata de objetivar qué significa “la literatura” y por qué es tan importante como comer y dormir, sobre todo en lugares como San Francisco Solano.
En este breve repaso me enteré de que, en medio de privaciones, la lectura fue su brújula: “Los libros fueron una buena trinchera, un refugio protector. Una salvación. Las balas me rozaban la cabeza y yo, con Trópico de Cáncer abierto en mis manos, me cagaba de risa”. Y que su primera incursión en la literatura lo hizo interesarse en la docencia: “Era El túnel, de Sabato. Ese fue un momento groso en mi vida. Cuando uno encuentra algo. Y no me refiero al libro en sí, sino a la literatura en general. Ahí, cuando terminé de leer la novela, me pregunté ¿por qué si la lectura es algo tan copado, en la escuela lo enseñan como si fuera una mierda? Por qué te hacen odiar el momento de ver una página escrita. Y decidí que iba a hacer algo para cambiar eso. En ese momento supe que sería profesor de lengua y literatura. Recién estaba en segundo año”.
Walter cuenta, entre otras muchas cosas, que su novia le regaló la monumental novela de Alberto Laiseca, Los sorias, que deseaba leer con fervor; y que escuchó hasta el hartazgo el disco Artaud, de Luis Alberto Spinetta, quedándole grabada la frase “Mañana es mejor”. Por eso, quizás, se permita señalar que su principal lucha es no dejar de creer en el prójimo: “Es horrendo ver la orfandad representativa de este momento particular de la historia. Yo tengo treinta años recién estrenados y mi lucha es contra el cinismo. No quiero pensarme como un piola que está vuelta de todo”. Desde esta mirada agrega: “Soy el primer profesional de la familia, algunos no terminaron el secundario, y es un verdadero orgullo para todos (lo digo con una emoción purísima y sin un ápice de ironía). Porque, como dice la tapa de un disco de Ariel Minimal, un hombre solo no puede hacer nada”.
La Editorial Mancha de Aceite nació este año tras su contacto con Lucas Funes Oliveira, de Editorial Funesiana, y así lo reconoce en un capítulo dedicado a su colega, donde hace otra declaración de principios: “La onda es intervenir. Tratar de contaminar algún espacio, por más pequeño que sea, para no sentir que mi destino lo escriben otras personas. De eso se trata escribir, de eso se trata la literatura. Y también la docencia”.
La supuesta violencia de los pibes de hoy, el desamparo de las escuelas públicas, la falta de futuro, la discriminación, la pobreza estructural y otros tópicos son abordados en estos valiosos textos escritos desde una trinchera, en la que Walter Lezcano —siguiendo un viejo proverbio oriental— ha elegido prender una vela antes que maldecir a la oscuridad.
La verdad, me gustó leer este libro. Creo conocer un poco más a su autor.