Córdoba Mata 2015: la escena del crimen

Por José María Marcos, especial para INSOMNIA, Nº 214, octubre de 2015

La novela negra sigue convocando a escritores y lectores en todo el mundo, y particularmente en Argentina sigue gestando nuevos espacios de intercambio. A los festivales Azabache (Mar del Plata), BAN! (Buenos Aires), La Chicago Argentina (Rosario), Semana Negra de Montevideo (Uruguay) y a los ya clásicos Getafe Negro de Madrid (España), Semana Negra de Gijón (España) o Medellín Negro (Colombia), se sumó Córdoba Mata, que tuvo se segunda edición entre el 7 y 10 de septiembre en la capital de la Provincia, en el marco de la 30º Feria del Libro de Córdoba, y entre el 11 y 13 en Mina Clavero y Cura Brochero.
El escritor Fernando López (creador y fundador de este encuentro internacional de literatura negra y policial) señaló que esta edición fue “muy positiva en todos los aspectos; por el interés de los autores invitados, de todo el mundo, en querer participar en el evento; por el interés de los lectores y no lectores en acercarse a escuchar los temas propuestos; por la camaradería entre los autores, la amistad, la solidaridad y el intercambio de ideas acerca del género”. Al referirse al actual entusiasmo por la novela negra, el autor subrayó que “alguien dijo que toda buena novela es una mezcla de géneros que incluye algún hecho delictivo. Ahora se la llama ‘novela de crímenes’ y creo que en realidad el título más abarcativo es el de ‘novela negra’, que incluye al relato negro, con detectives, policial, suspenso y aventuras. Creo que hay consenso en general entre los autores, maravillados cada vez más por la supervivencia del género como tal y su expansión hacia todos los demás. ¿A qué se debe? A que la ficción puede atravesar todas las barreras que no puede superar la crónica, que llega solo hasta la puerta de la casa donde suceden los hechos: el autor de una novela entra por la puerta, desayuna con los personajes, se baña con ellos y se mete a la cama a dormir o a desfogarse. Ese es el encanto, creo”.
El Director de Córdoba Mata es autor de la saga del detective Philip Lecoq —Falsa rubia con tacones (I), Animales de la noche (II), No te rías si me muero (III) (2012/13) y Todo y nada es la verdad (IV) (2015)—; también de Un corazón en la planta del pie (2011, finalista en el concurso Novelas de Película Buenos Aires Negra BAN! 2014); El mejor enemigo (premio Universidad de Colima, México; 4º edición, 2010); Bilis negra (2005); Odisea del cangrejo (primera finalista del premio Planeta Argentina; 2º edición, 2014); y Áspero cielo (2007). Obtuvo el premio Casa de las Américas (Cuba) con su novela Arde aún sobre los años. Varios de sus cuentos fueron publicados en antologías, diarios, revistas y suplementos culturales de Argentina, Chile, Cuba, México, España, Suecia, EEUU e Israel. Para aquellos que quieran ingresar al mundo de la novela negra, Fernando López recomendó: “Más allá de los clásicos y los extranjeros, y facilitando elecciones democráticas de títulos, prefiero nombrar autores. Cada vez hay más y los jóvenes vienen batiendo tambores: Horacio Convertini, Martín Doria, Mariano Quirós, Matías Bragagnolo, Javier Chiabrando, Lucio Yudicello, Esteban Llamosas y por lo menos 150 más”.
Fernando López, director del Festival Córdoba Mata.

PABLO YOIRIS, GANADOR DEL CONCURSO DE NOVELA
Pablo Yoiris, ganador del 1º Concurso de Novela Negra.
El festival Córdoba Mata realizó el 1º Concurso de Novela Negra, que en su primera edición fue ganado por el escritor Pablo Yoiris, quien recientemente también ganó el certamen del Medellín Negro 2015. La novela elegida será publicada por la editorial cordobesa Raíz de Dos. El jurado calificador estuvo integrado por Raúl Argemí, Guillermo Orsi y Alexis Ravelo.

REFERENTES DE LA LITERATURA POLICIAL Y NEGRA
Córdoba Mata 2016 en Mina Clavero.
Gran cantidad de público acompañó las actividades.
Este año, Córdoba Mata contó con la presencia de numerosos autores extranjeros, entre ellos Elmer Mendoza (México), Bartolomé Leal (Chile), Eduardo Soto Díaz (Chile), Gustavo Forero Quintero (Colombia), Osvaldo Reyes (Panamá), Milton Fornaro (Uruguay), Hugo Burel (Uruguay), Lorenzo Silva (España) y Giorgio Ballario (Italia), quienes intercambiaron experiencias con los argentinos Gabriela Cabezón Cámara, Manuela Centeno, Gastón Intelisano, Gastón Tremsal, Guillermo Bawden, Guillermo Martínez, Guillermo Orsi, Fernando Figueras, Carlos Marcos, Horacio Convertini, Javier Chiabrando, José María Marcos, Liliana Escliar, Lucio Yudicello, Mariano Quirós, Mercedes Giuffré, Orlando Van Bredam y Osvaldo Di Paolo, entre otros. INSOMNIA habló con varios de los protagonistas con la intención de conocer más de la actualidad de la novela negra y policial.

MERCEDES GIUFFRÉ: LA LUPA EN LO QUE ESTÁ MAL
Mercedes Giuffré.
Mercedes Giuffré nació en Buenos Aires en 1972. Concurrió en su adolescencia al taller literario de la poeta Hebe Solves y se licenció en Letras en 1998. A partir de entonces, ejerce la docencia universitaria y ha publicado tres novelas, un ensayo académico, un libro de cuentos y una biografía, además de cuentos en antologías, artículos de periodismo cultural en diarios y revistas de Argentina y del exterior. Tiene una novela inédita ambientada en la Segunda Guerra Mundial. Actualmente cursa sus estudios de posgrado en la Universidad de Buenos Aires.
—¿Cómo definirías a la novela negra?
—Es una derivación, la rama menos estudiada de los orígenes del policial: la francesa. Me refiero a la que iniciaron a partir de la traducción que hizo Baudelaire de Poe, autores como Émile Gaboriau, y que se denominó “novela judicial”. En su momento, mientras la línea anglosajona viraba hacia el enigma o la “novela problema”, los personajes de Gaboriau criticaban el sistema corrupto que encarcelaba inocentes, y a las leyes que, en lugar de proteger al débil, lo prejuzgaban. Medio siglo después, la novela negra hace eco de los cuestionamientos al sistema y llega hasta la actualidad reformulándose en cuanto a su forma. Hoy no hay un solo tipo de escritura de novela negra. Lo que sí parece recurrente es la idea de constituirse a sí misma como un espacio para decir lo que otros géneros no dicen, o dicen de otro modo; esto es, analizar los males de la sociedad y pensar que no hay algo malo en el sistema sino que el sistema en sí está mal.
—¿Por qué hay tanto interés por esta literatura?
—Los cínicos y opinólogos de todo signo hablan de una moda, de una impostura. Yo no comparto esa opinión. Creo que la novela negra es el reflejo, en la literatura popular, de la necesidad de entender o de hablar de lo que está pasando, de la guerra, de las superestructuras de poder mafioso y corrupto, de la esclavitud, del mercado desenfrenado, de los agroquímicos, de la crisis del modo en que se forjó la sociedad. Es entretenida, seguro, pero no porque calle u omita temas dolorosos que preocupan o angustian al lector sino porque tiene una dinámica que la vuelve accesible a él. Esto hace que algunos esnobs la vean con sospecha. Pero eso no tiene la menor importancia en términos literarios. Lo que sí la tiene, a mi juicio, es que la trama sea eficaz y en la forma de cada obra se vislumbre, se imprima, alguna búsqueda estética, para que la novela perdure más allá de esta supuesta moda. Es lo que pasa con Chandler, con Hammett, con Leonard, por mencionar algunos que ya han sido probados.
—¿Qué libros recomendarías para ingresar a este universo?
—Obras de éste y de otros géneros relacionados, como la no ficción o la crónica periodística, que tienen un ritmo afín (y es que se escribe y se lee con el oído, como proponía Cortázar, o con el cuerpo, como lo hacía Marguerite Duras). Recomiendo A sangre fría de Capote, Operación masacre de Walsh y todo lo que se encuentre de Roberto Arlt. Luego lo genérico, claro. Los clásicos, en principio. El largo adiós de Chandler me sigue pareciendo una obra maestra. Después la producción contemporánea y en nuestra lengua. Padura me gusta mucho. Su personaje de Mario Conde me parece sumamente logrado e interesante. En Argentina tenemos varios autores que merecen ser leídos y valorados. Guillermo Orsi es uno de ellos. Recomiendo especialmente su última novela, Siempre hay alguien a quien matar, que publicó este año el sello Revólver. Pero son tantos los que recomendaría que acabaría siendo injusta al omitir alguno.
—¿Sobre qué temas disertaste en el Córdoba Mata 2015?
—Participé de una mesa junto con Gabriela Cabezón Cámara, Manuela Centeno y Liliana Escliar en la que hablamos sobre los roles de la mujer en el género policial, ya sea como protagonista, criminal o de las propias autoras. En lo que a mí respecta, sobre lo último, expresé que me resulta irritante el hecho de pensar la autoría de una obra como una cuestión de género; que hay obras bien o mal escritas y que si el autor o autora es hombre o mujer no tiene la más mínima relevancia. Por otro lado, creo que señalar o agrupar por género a las autoras, apelando a un supuesto cupo, es seguir discriminando y a veces las mismas escritoras nos ponemos alegremente en ese lugar. Por eso apelé a no admitir etiquetas de ningún tipo, a trabajar en plenitud y libertad, empezando por uno mismo. Si eso hace que el éxito demore, no pasa nada.

GUILLERMO MARTÍNEZ: UN CRIMEN, UNA BÚSQUEDA, UNA INTRIGA
Guillermo Martínez.
Guillermo Martínez es autor de los libros de cuentos Infierno grande y Una felicidad repulsiva, de las novelas Acerca de Roderer, La mujer del maestro, Crímenes imperceptibles (llevada al cine por el director Alex de la Iglesia), La muerte lenta de Luciana B. (elegida en España entre los diez libros del año) y Yo también tuve una novia bisexual. También escribió los libros de ensayos Borges y la matemática, La fórmula de la  inmortalidad y Gödel (para todos), este último en colaboración con Gustavo Piñeiro. Obtuvo entre otros el premio del Fondo Nacional de las Artes, el Premio Planeta 2003 y el Premio Konex de Novela. Es uno de los escritores argentinos más traducidos en el mundo. Uno de sus cuentos ha sido publicado en The New Yorker. Su último libro, Una felicidad repulsiva, obtuvo el premio hispanoamericano de cuentos Gabriel García Márquez.
—¿Cómo definirías a la novela negra?
—Un crimen (o varios), una búsqueda, una intriga.
—¿Por qué hay tanto interés por esta literatura?
—Quizá porque plantea un desafío al lector, que marcha a la par del detective, quizá porque abre submundos que se pueden explorar desde la comodidad de un sillón.
—¿Qué libros recomendarías para ingresar a este universo?
—Una selección ecléctica: La piedra lunar, de Wilkie Collins; El percherón mortal, de John Franklin Bardin, 7 ataúdes tallados a mano, de Truman Capote; Laura, de Vera Caspary; Si muero antes de despertar, de William Irish; Diez indiecitos, de Agatha Christie; El talentoso Mr. Ripley, de Patricia Highsmith. Entre los argentinos: La traducción, de Pablo De Santis; Rosaura a las diez, de Marco Denevi; Tuya, de Claudia Piñeiro; El cerco, de Juan Martini; Luna caliente, de Mempo Giardinelli; Odisea del cangrejo, de Fernando López...
—¿Sobre qué temas disertaste en el Córdoba Mata 2015?
—Una discusión sobre el artículo “Leyes de la narración policial de Borges”, que está esencialmente contenida en “Leyes (y transgresiones) de la narración policial”, que puede leerse en mi blog: http://guillermomartinezweb.blogspot.com.ar/2011/06/leyes-y-transgresiones-de-la-narracion.html

GUSTAVO FORERO QUINTERO: EL MUNDO DEL CRIMEN AL DESNUDO
Gustavo Forero Quintero.
Gustavo Forero Quintero es profesor de Literatura de la Universidad de Antioquia. Abogado y literato. Doctor Cum Laude en Literatura Española e Hispanoamericana por la Universidad de Salamanca y Magíster en Études Romanes de la Universidad de la Sorbona (París IV). Cuenta con varios libros y artículos académicos, así como textos literarios (novela y cuento). Coordina la Serie Novela de Crímenes, coedición de la Universidad de Antioquia y Planeta Editorial. Es director del Congreso Internacional de Literatura Medellín Negro que se celebra cada año desde 2010.
—¿Cómo definirías a la novela negra?
—Para mí, la novela negra es la novela de crímenes contemporánea: presenta el crimen en su desnudez y deja al lector solo frente a los límites mismos de la ley y el orden. De ahí su condición de novela social pues reflexiona ante todo en el sentido del crimen para las sociedades actuales.
—¿Por qué hay tanto interés por esta literatura?
—El interés mundial por este género deriva del contexto de la “globalización” del crimen en que vivimos. El crimen surge como el espacio privilegiado para la internacionalización de las relaciones ilícitas entre agentes del delito. El crimen trasciende las fronteras como no lo han podido hacer las personas individualmente consideradas.
—¿Qué libros recomendarías para ingresar a este universo?
—Recomiendo cuatro novelas latinoamericanas que ilustran muy bien la dinámica contemporánea del crimen: Las manos al fuego (2006), de José Gai Hernández (Chile); Los minutos negros (2006), de Martín Solares (México); Cruz de olvido (1999), de Carlos Cortés (Costa Rica); y 35 muertos (2011), de Sergio Álvarez (Colombia).
—¿Sobre qué temas disertaste en el Córdoba Mata 2015?
—En Córdoba Mata tuve el gusto de hablar sobre “La violencia institucional como disparador de la novela negra” junto con los escritores Elmer Mendoza (México), Osvaldo Reyes (Panamá) y Néstor Ponce (Francia). Coordinó Mirian Pino (Córdoba). Por su parte, tuve la fortuna de intervenir en una charla sobre el género en Radio Nacional junto con los escritores Élmer Mendoza y Lorenzo Silva.

MILTON FORNARO: TESTIMONIAR LA REALIDAD
Milton Fornaro.
Milton Fornaro (Minas, Uruguay) es guionista de televisión, humorista ha publicado una decena de libros de cuentos, y las novelas Hoy fue uno de esos días, Si le digo le miento, Cadáver se necesita, Teoría del iceberg y Un señor de la frontera. Obtuvo el premio Grinzane Cavour 2005 por Si le digo le miento y el Premio Nacional de Literatura en el mismo año por el libro de cuentos Murmuraciones inútiles. En 2013 la serie policíaca de televisión Cadáver se necesita fue una de las cuatro finalistas mundiales de los premios Emmy.
—¿Cómo definirías a la novela negra?
—De acuerdo a sus orígenes, que se remontan a la década del 20 del siglo pasado en Estados Unidos, es la variante norteamericana del género policial que surgió de las páginas de revistas baratas y populares cuando otros modelos narrativos dejaban de entusiasmar a los lectores. Fueron los editores quienes advirtieron —tal vez por la caída de las ventas— la fatiga del público con lo que se venía publicando, y sugirieron el cambio a los escritores. La estática novela policíaca clásica no reflejaba la vertiginosa sociedad norteamericana, con una realidad socioeconómica y política distante de la época y de los valores victorianos. En síntesis: la novela negra surge como respuesta a una realidad determinada y es realista y brutalmente expresiva (violenta en su forma, en el tema y en los escenarios) y —en sus mejores autores— crítica contra el entorno sociopolítico de los hechos tratados. Continúa siendo entretenida y no descuida al lector, pero contiene elementos que le confieren al género policial una importancia sociológica inédita. Creo que esto último explica la trascendencia del género fuera de las fronteras de Estados Unidos en una época determinada. Hoy el género negro está extendido y se verifica en muchos países porque continúa siendo una eficaz herramienta para testimoniar una realidad determinada y hacerla accesible a lectores, que tal vez están más preocupados por la verdad que por la justicia.
—¿Por qué hay tanto interés por esta literatura?
—En parte esta pregunta se contesta por la respuesta anterior, aunque no hay que descartar las impresionantes operaciones de márketing de las editoriales multinacionales ávidas de ganancias. Desde hace un tiempo se etiqueta como novela negra cualquier ficción capaz de exhibir algún cadáver, o de aprovechar un crimen para realizar una especie de turismo literario sobre nórdicas estepas o polvorientas regiones neozelandesas, para poner ejemplos cercanos. Se publica más de la cuenta, y al amparo de una moda se meten cantidades industriales de gatos por liebre. El lector finalmente termina separando la paja del trigo, y generalmente acierta.
—¿Qué libros recomendarías para ingresar a este universo?
Cosecha roja, de Dashiell Hammett; El largo adiós, de Raymond Chandler; El cartero siempre llama dos veces, de James Cain; ¿Acaso no matan a los caballos?, de Horace McCoy; 1280 almas, de Jim Thompson; A pleno sol, de Patricia Highsmith; El gran reloj, de Kenneth Fearing; Un gato en el pantano, de David Goodis; El pequeño César, de William Riley Burnett; Rosseanna, de Maj Sjöwall y Per Wahlöö; Asesinato en el Comité Central, de Manuel Vázquez Montalbán; Buffo & Spallanzani, de Rubem Fonseca; La prueba del ácido, de Élmer Mendoza; Los siete hijos de Simenon, de Ramón Díaz Eterovic; Linchamiento de negro, de Bartolomé Leal; Arena en los zapatos, de Juan Sasturain; Luna caliente, de Mempo Giardinelli; El corredor nocturno, de Hugo Burel. Entre otros títulos.
—¿Sobre qué temas disertaste en el Córdoba Mata 2015?
—Participé de dos mesas redondas. Una en Córdoba capital intitulada “Tradición y cambios en el género en Chile, el Caribe y el Río de la Plata”, junto al cubano Marcial Gala, al chileno Bartolomé Leal y a mi coterráneo Hugo Burel. Luego, en Mina Clavero estuve con los argentinos Fernando López y Raúl Argemí en una conversación sobre el terrorismo de Estado, o algo así.

GUILLERMO ORSI: BIENVENIDAS LAS NUEVAS FURIAS
Guillermo Orsi.
Guillermo Orsi ha publicado El vagón de los locos (cuentos, premio Emecé 1977/78), Cuerpo de mujer (novela, 1983), Tripulantes de un viejo bolero (novela, 1994 en Argentina y 2011 en España), Sueños de perro (novela, 2004, premio Umbriel/Semana Negra, España), Noches de Pelayo (cuento, 2006, España, premio UNED), Buscadores de oro (novela, 2007, España), Nadie ama a un policía (novela, 2007, España, premio internacional Carmona), Ciudad santa (2009, novela, España, premio Hammett), Segunda vida (novela, 2011, Argentina), Fantasmas del desierto (novela, 2014, España), El árbol del Vaticano (2014, España). Fue jurado en el concurso internacional de novela negra Córdoba Mata 2015.
—¿Cómo definirías a la novela negra?
—Definir no es lo mío. Tal vez porque sospecho de los definidores, las clasificaciones, vicios o virtudes propias de académicos, gente que sabe mucho más que yo sobre estos temas. Novelar a lo negro es, en mi experiencia, dejar caer algunos prejuicios de escritor que la iba de serio, bolsas de arena cortadas para que el globo de la historia suba y encuentre sus propios límites, no los que le impone la ortodoxia negro-criminal.
—¿Por qué hay tanto interés por esta literatura?
—El interés disminuye cuando se trata de firmar contratos dignos, ahí se impone siempre el capital (de los editores), aunque hay honrosas excepciones entre editores independientes. Hay interés por “lo policial”, fogoneado a diario por los medios amarillistas (no los del PRO, aunque también), color que tiñe a buena parte de la prensa. Hay mucha confusión sobre el tema, el mercado está bastante lejos de responder a las expectativas de los autores. Hay lectores consecuentes, lectores apasionados y lectores oportunistas (los que no compran tu libro pero esperan a que les firmes un autógrafo en una servilleta). No son tantos como se dice, aunque la peste podría diseminarse como el vampirismo, a medida que la realidad local y universal “se acomoda” a lo negro.
—¿Qué libros recomendarías para ingresar a este universo?
—De mis amigos: El gordo, el francés y el ratón Pérez, de Raúl Argemí, que por estos días publica A tumba abierta. Los de la juventud de cuarentones: Leo Oyola, Kike Ferrari, Gaby Cabezón Cámara y otros varios que no voy enumerar hasta que no me recupere del Alzheimer. Distintos estilos y abordajes, la misma furia por instalar lo que ellos creen que es lo nuevo. Pero como lo hacen con talento, bienvenida esa furia. Y Miguel Ángel Molfino: su Monstruos perfectos es literatura de alto calibre.
—¿Sobre qué temas disertaste en el Córdoba Mata 2015?
—No soy un disertante, no me pagan por eso. Apenas y no siempre, por escribir. Hablamos con Marcela Melana y Fabián Mosello sobre “Malvinas y la literatura”. En todas mis novelas rozo el tema, aunque nunca me atrevo a hundirme en un pozo de zorro. No combatí esa guerra pero la viví como una guerra de expiación, por la cual mucha clase media patriotera creyó que se justificaba haber apoyado a la dictadura. El ensueño duró 45 días. La guerra siguió y todavía estallan, en días soleados, algunos suicidios de ex combatientes.

ORLANDO VAN BREDAM: MATAR POR PASIÓN
Orlando Van Bredam.
Orlando Van Bredam nació en Villa San Marcial (Entre Ríos) en 1952 pero desde 1975 vive en El Colorado (Formosa). Es profesor en Letras, licenciado en gestión educativa y magíster en la enseñanza de Lengua y Literatura. Ha publicado libros de poesía, cuentos, microficciones y novelas. Entre estas últimas, vinculadas al género negro se cuentan Teoría del desamparo, (Premio Emecé, 2007) y El retobado, vida, pasión y muerte del gauchito Gil (Ediciones Continente 2011).
—¿Cómo definirías a la novela negra?
—La novela negra es la aceptación a partir del policial clásico de enigmas, de la complejidad social del mundo, de que el camino de la justicia está plagado de obstáculos, de que los criminales están en todas partes, incluso en la justicia.
—¿Por qué hay tanto interés por esta literatura?
—Sospecho que el interés por el género proviene de que la realidad (al menos la que construyen los medios) ha colocado al crimen en un primerísimo lugar y esto estimula también su continuidad desde la ficción.
—¿Qué libros recomendarías para ingresar a este universo?
—Recomiendo leer a los pioneros del género como Chandler, Spillane y Hammett, aunque mi novela preferida es La bestia debe morir de Nicholas Blake, incluida en el Séptimo Círculo, colección dirigida por Jorge Luis Borges y Adolfo Bioy Casares y hoy reeditada como la primera por su valor literario.
—¿Sobre qué temas disertaste en el Córdoba Mata 2015?
—En Córdoba Mata integré una mesa sobre los espacios del crimen, en mi caso, en el interior de Formosa donde vivo desde hace cuarenta años y donde los asesinatos son escasos pero se caracterizan por su violencia extrema y la torpeza con que son ejecutados. Nuestra gente no planifica, simplemente mata arrastrada por una circunstancia pasional que lo desborda.

HORACIO CONVERTINI: ESPIAR EL MAL POR UNA MIRILLA
Horacio Convertini.
Horacio Convertini nació en Buenos Aires en 1961. Periodista y escritor, es autor de las novelas La soledad del mal (Premio Azabache 2012 y Memorial Silverio Cañada 2013), El último milagro (premio Extremo Negro­BAN 2013 y nominada al premio Dashiell Hammett 2014), El refuerzo (accésit del premio de novela corta Gabriel Sijé 2009) y New Pompey. También es un reconocido autor de literatura infantil y juvenil, género en el que publicó las novelas El misterio de los mutilados, La leyenda de los invencibles, La noche que salvé al Universo, Terror en Diablo Perdido (premio Sigmar 2013), La isla sin regreso, La orquídea de plata y El robo de la máscara sagrada.
—¿Cómo definirías a la novela negra?
—Es una novela escrita con estilo realista cuya trama y personajes giran alrededor de un crimen (o de la posibilidad de un crimen).
—¿Por qué hay tanto interés por esta literatura?
—Por morbo, porque es fascinante espiar por la mirilla un escenario de crimen y muerte sin pagar consecuencias por ello, porque a veces propone un enigma y resolverlo se vuelve una obsesión, porque a veces propone un viaje por mundos marginales a los que jamás en nuestro sano juicio pisaríamos, porque siempre, como dice Sasturain, la novela negra es la reserva de la trama, y esa preocupación de sus autores por la historia es la tela de araña que nos sujeta como lectores y nos atrapa una y otra vez.
—¿Qué libros recomendarías para ingresar a este universo?
—Basado en el limitadísimo universo de mis lecturas, recomiendo alguno de la serie Pepe Carvalho de Vázquez Montalbán (mientras no sean el primero Yo maté a Kennedy ni Quinteto de Buenos Aires), alguno de Simenon (sea del inspector Maigret o no), alguno de Soriano. De los canónicos, Chandler y/o Hammett, desde luego.
—¿Sobre qué temas disertaste en el Córdoba Mata 2015?
—El cruce de la novela negra con la literatura infantil y juvenil. Moderé la mesa del homenaje a los bolsilibros de Bruguera a cargo de los Muerde Muertos.

HUGO BUREL: EN BUSCA DEL ORDEN PERDIDO
Hugo Burel.
Hugo Burel nació en Montevideo. Escritor, periodista y diseñador gráfico. Lleva publicados más de 20 títulos en novela, cuento y ensayo. Ha ganado varios premios nacionales e internacionales entre los que se destacan el Premio Juan Rulfo de Radio Francia Internacional (París, 1995), el Premio Lengua de Trapo de Narrativa (Madrid, 2001), el Premio de Inéditos del MEC-Ministerio de Educación y Cultura (1995) y el Premio Bartolomé Hidalgo 2004. En 2002 fue finalista del Premio Internacional de Novela Rómulo Gallegos con su novela El guerrero del crepúsculo. Recientemente conquistó dos veces el Primer Premio de narrativa del MEC con El corredor nocturno (2007) y El desfile salvaje (2009). En 2008 recibió el Florencio teatral a la mejor obra de autor nacional por La memoria de Borges. Algunas de sus obras fueron llevadas al cine (El corredor nocturno, El elogio de la nieve). En 2014 publicó en Alfaguara El caso Bonapelch, que acumuló varias ediciones y conquistó El Libro de Oro de la Cámara Uruguaya del Libro por haber sido la obra de ficción nacional más vendida. Acaba de publicar en Alfaguara su nueva novela Montevideo noir.
—¿Cómo definirías a la novela negra?
—La novela negra es para mí primero un género que me apasiona como lector, pese a lo cual soy bastante selectivo y reconozco mi predilección por sus autores clásicos: Hammett, Chandler, Mc Coy, Cain y de los actuales James Ellroy. Como escritor, me he ido incorporando de a poco a la novela negra, a partir de El corredor nocturno, que es un thriller psicológico con varios elementos más que configuran una atmósfera negra y testimonian un drama moral. En tal sentido, la novela negra se me ha impuesto inevitablemente. Ya en El desfile salvaje, la incursión es más clara y convierto a un abogado de segunda línea en un investigador. Por fin, con El caso Bonapelch, que resultó la obra de ficción más vendida en Uruguay en 2014, asumo el formato y los clisés clásicos y ambiento la historia en 1933, año que sucede el hecho real sobre el que ficciono. Entonces, si me pedís una definición te diría que la novela negra es hoy el género literario que mejor describe y comprende la realidad terrible que nos rodea y también permite un intento de ordenar el caos y dar alguna solución, de que algo se resuelva y aclare, pese a la paradoja del ambiente dark.
—¿Por qué hay tanto interés por esta literatura?
—El interés por la novela negra puede tener muchas explicaciones. En primer lugar hay una estrategia editorial muy clara y ello explica la diversidad de escenarios y autores que hoy se ofrecen bajo el rótulo de novela negra. Desde los nórdicos a los caribeños, el Río de la Plata o la vertiente francesa con Fred Vargas, por ejemplo, o la española con Lorenzo Silva, hay novela negra para todos los paladares, aunque no necesariamente eso sea bueno o asegure buena literatura. Porque como ha dicho Raymond Chandler, para que una novela detectivesca perdure, debe estar bien escrita, debe atender no solo a la trama sino también a la escritura. Lo otro que explica el interés es la necesidad humana del relato, de que nos cuenten una historia con argumento y personajes interesantes, con un misterio a resolver y con la posibilidad de que al final (como no pasa en la realidad) algo se ordene (el caos) y el investigador resuelva el caso. Todo lo que se dice sobre que el género testimonia hoy las miserias sociales y denuncia tales o cuales vicios, delitos, crímenes e iniquidades está muy bien. Pero siempre lo hizo, desde que los norteamericanos tomaron la vertiente inglesa y a favor de la crisis de la depresión, colocaron el crimen en callejones sórdidos y lo quitaron de las bibliotecas de las mansiones y la mirada de los mayordomos.
—¿Qué libros recomendarías para ingresar a este universo?
—Toda recomendación suele ser subjetiva, pero modestamente sugiero: El largo adiós de Raymond Chandler, El halcón maltés de Dashiell Hammett, Doble indemnización de James M. Cain y, de los actuales, América de James Ellroy y últimamente me fascinó Galveston de Nic Pezolano.
—¿Sobre qué temas disertaste en el Córdoba Mata 2015?
—No diserté sobre nada. Simplemente compartí una mesa con mis colegas Marcial Gala de Cuba, Bartolomé Leal de Chile y mi amigo Milton Fornaro de Uruguay, moderada por Javier Chiabrando. Allí hablamos de las peculiares diferencias del género en cada uno de nuestros países y de las dificultades que se tiene a la hora de consolidarse en ese género que también, lamentablemente por decisiones editoriales o caprichos críticos, rotula como negras novelas que no lo son o alienta que muchos autores novatos se lancen a su escritura sin contar, todavía, con los insumos adecuados para cumplir con las exigencias básicas del género. No todo es negro y ni siquiera todo es novela. Pero la experiencia del Córdoba Mata fue estupenda desde el punto de vista del conocimiento de otros colegas y el respeto que nos tuvimos a la hora de intercambiar impresiones.

FERNANDO FIGUERAS: LA INFLUENCIA DEL PULP
Fernando Figueras.
Fernando Figueras nació el 26 de abril de 1970. La Editorial Muerde Muertos publicó sus libros Ingrávido (cuentos, 2010), Quepobrestán (nouvelle divague, 2013) y Haikus Bilardo (poesía y fútbol, en coautoría con José María Marcos, 2014). En 2015, Del Naranjo publicó Un duelo a cara de perro, su primera novela para público infantil y la Editorial Pelos de Punta publicó “Todo por deshacer”, cuento de terror en el libro Entre dientes. Cuentos y microficciones de su autoría forman parte de varias antologías. Junto a Carlos Marcos y José María Marcos conduce el programa de radio Intelectoilets. Es hincha de Ferro, taurino y perro de metal.
—¿Cómo definirías a la novela negra?
—No sabría definirla, no soy especialista en el tema. Me relaciono con ella a través del género fantástico, cuando éste se cruza con la literatura policial. Obras como Dejen todo en mis manos o La banda del ciempiés, de Mario Levrero; El laberinto de las aceitunas, de Eduardo Mendoza; Escupiré sobre vuestras tumbas, de Boris Vian; o Kryptonita, de Leonardo Oyola, son las que me acercan al policial. Lo que sí puedo asegurar es que  la novela negra es el género literario que me permitió participar en el Festival Azabache de Mar del Plata, el BAN! De Buenos Aires y recientemente el Córdoba Mata, de Córdoba Capital, Mina Clavero y Cura Brochero, estos últimos lugares que no conocía y me parecieron  muy lindos. Además tuve la suerte de conocer gente que vale la pena, ya sean escritores, organizadores y público, así que la novela negra ¡me encanta!
—¿Por qué hay tanto interés por esta literatura?
—En los festivales noté mucho interés por las novelas negras que se relacionan con temas actuales como el narcotráfico o cuestiones relacionadas con la política. También con los que incluyen investigaciones, autopsias, el trabajo de los médicos forenses, etcétera. Por ahí hay un poquito de morbo detrás del interés. Una vergüenza, mire…
—¿Qué libros recomendarías para ingresar a este universo?
—Los que nombré antes, más Error de cálculo, de Gastón Intelisano; Hotaru, de Martín Sancia Kawamichi; Tuya, de Claudia Piñeiro; y Petite Mort, de Matías Bragagnolo.
—¿Sobre qué temas disertaste en el Córdoba Mata 2015?
—En Córdoba Capital participamos junto a José María Marcos y Carlos Marcos en un taller de historietas para niños, quienes escribieron y dibujaron unas historietas breves muy creativas. Y ese mismo día hablamos sobre los bolsilibros de Bruguera, aquella colección de literatura pulp que mucha gente ha leído aunque pocas veces se la nombre como influencia. Después de hablar sobre el tema, repartimos unas microficciones escritas al estilo de los bolsilibros que tenían espacios para completar y que el público llenó siguiendo las características que les habíamos enumerado en la charla. Estaban todos muy concentrados escribiendo. Estuvo buenísimo porque la gente en estos encuentros suele escuchar, a veces preguntar, pero nunca escribir. Luego, en Mina Clavero participé en una charla sobre el cruce entre el policial  y otros géneros. Y después nos comimos un corderito exquisito. ¡Qué más se puede pedir!

ELMER MENDOZA: EL CREADOR DE LA NARCOLITERATURA
Elmer Mendoza.
Como autor de novelas policíacas, Elmer Mendoza ha creado la saga de Édgar “El Zurdo” Mendieta, un detective, miembro de una policía regional, que en su trabajo afecta a delincuentes comunes y narcotraficantes. De Mendoza, se dice que es el creador de la narcoliteratura. Sus novelas más notables son: El amante de Janis Joplin, Balas de plata, La prueba del ácido, Nombre de perro y la más reciente El misterio de la orquídea calavera, que lleva como protagonistas al joven Capi Garay y al artista surrealista Edward James. Es promotor de lectura y formador de novelistas en varias ciudades de México. Vive en Culiacán (México).
—¿Cómo definirías a la novela negra?
—Un género donde la trama es lo más importante porque es la vía para tocar la emotividad del lector; no deja fuera aspectos tan delicados del tejido social, sobre todo aquellos que inducen a la violación de las leyes y tampoco una voluntad de estilo, que ha hecho a la novela contemporánea más propositiva y duradera.
—¿Por qué hay tanto interés por esta literatura?
—Hay una tendencia en los seres humanos por ver la parte sucia de la sociedad, y la novela negra está llena, las debilidades humanas son novelables y siempre están allí. En la novela negra dejan de estar agazapadas y se convierten en parte imprescindible. Muchos lectores creen que eso sólo les puede pasar a los otros, hasta que revisan su closet.
—¿Qué libros recomendarías para ingresar a este universo?
La odisea del cangrejo de Fernando López; Mataría por no verte, de Juan Sasturain; Todavía no cumplí cincuenta y ya estoy muerto, de Javier Chiabrando; Sangre Kosher, de María Inés Krimer; Crímenes imperceptibles, de Guillermo Martínez; Crímenes y jardines, de Pablo de Santis; Toda la ceguera del mundo, de Néstor Ponce; sé que hay otros autores argentinos importantes pero aún no los conozco. Agrego: El caso Bonapelch, del uruguayo Hugo Burel, todo lo del brasileños Rubem Fonseca y Marzal Aquino; la trilogía de la española Dolores Redondo: El guardián invisible, Legado en los huesos y Ofrenda en la tormenta; todo lo del español Lorenzo Silva, de los italianos Andrea Camilleri y Giorgio Ballario, el sueco Henning Mankell, el griego Petros Márkaris, el cubano Leonardo Padura, la israelita Batya Gur, el irlandés John Connolly y los gringos James Ellroy y Don Wislow.
—¿Sobre qué temas disertaste en el Córdoba Mata 2015?
—Del impacto de la violencia en el discurso literario en Córdoba y en Mina Clavero de procesos de escritura; por cierto allí, fui presentado a una descendiente de Nicolás Gogol que me regaló la más intensa sonrisa de la visita.

MARIANO QUIRÓS: LLEVAR EL REALISMO AL LÍMITE
Mariano Quiroz.
Mariano Quirós publicó las novelas Robles (Premio Bienal Federal), Torrente (Premio Festival Iberoamericano de Nueva Narrativa), Río Negro (Premio Laura Palmer no ha Muerto. Traducido al francés por ediciones La dèrniere goutte), Tanto correr (Premio Francisco Casavella) y No llores, hombre duro (Premio del Festival Azabache y Premio Silverio Cañada de la Semana Negra de Gijón). Junto a Germán Parmetler y Pablo Black publicó el volumen de cuentos Cuatro perras noches, ilustrado por Luciano Acosta. Dirige junto a Pablo Black la colección literaria Mulita.
—¿Cómo definirías la novela negra?
—La novela negra es como un chicle, un buen chicle: se estira, se expande y no se rompe. Soporta y admite que la pinten de cualquier color, por eso es el género más tolerante y amigable, a tal punto que todo (incluso esta respuesta) puede ser parte del género negro.
—¿Por qué hay tanto interés?
—Una respuesta posible: el género exaspera y lleva al límite el realismo. A veces lo arrasa, entonces nos olvidamos del género y disfrutamos de la plena literatura. Ahí surge el interés, lo que nos gusta.
—¿Qué libros recomendarías para ingresar a este universo?
—Por una cuestión geográfica o de pertenencia territorial: Nada bueno bajo el sol (Orlando Van Bredam), Monstruos perfectos (Miguel Ángel Molfino), Cuestiones interiores (Mempo Giardinelli) y Bajo este sol tremendo (Carlos Busqued).
—¿Sobre qué temas disertaste en el Córdoba Mata 2015?
—Ofrecí un punto de vista sobre la capacidad de matar en la provincia del Chaco y sus alrededores. Más bien sobre la incapacidad. Una inocencia brutal que nos empuja a los asesinatos más bárbaros, más desesperantes. Somos gente que mata sin querer hacerlo. Ándese usted con cuidado si nos tiene cerca, no sea cosa que se nos escape un tiro.

RAÚL ARGEMÍ: UNA MIRADA RABIOSA Y VISCERAL
Raúl Argemi.
Raúl Argemí nació en un barrio de La Plata y siempre quiso ser escritor, pero otras prioridades lo fueron postergando. Al fin, después de 10 años de cárcel, no lo dudó más y empezó a escribir como una elección de vida. Publicó su primera novela El gordo, el francés y el ratón Pérez y luego se fue a vivir a España; con varias novelas por terminar en el bolsillo. En Europa corrió la coneja, pero como escritor no le fue mal, porque ganaría una decena de premios internacionales y sería editado en España, Holanda, Italia, Francia y Alemania. Algunos de sus títulos son Penúltimo nombre de guerra, Siempre la misma música, Retrato de familia con muerta y A tumba abierta, para citar las más negras. Esta última acaba de salir en España y el año que viene estará en Argentina y Francia. No todas sus novelas son negras, algunas son de aventuras, y otras de humor, como sus dos novelas para chicos. Retornado a la Argentina, se paga el puchero trabajando en el periodismo.
—¿Cómo definirías a la novela negra?
—La novela negra, más allá de la historia que sirva de soporte, o de excusa, es una mirada rabiosa, visceral. Y música de rocanrrol bien duro para contarla.
—¿Por qué hay tanto interés por esta literatura?
—Alguien dijo que es la novela social del siglo XXI, y no está nada mal. La edad de la inocencia, cuando se creía todo lo que se contaba, quedó atrás, sabemos que nos mienten y es difícil adivinar por dónde van los tiros. Entonces los lectores se vuelcan a la ficción para explicarse un mundo que huele a podrido. Como sabemos que lo del caballo blanco de San Martín es trucho, y que en 1810 no había paraguas en Buenos Aires, nos queda la ficción para atisbar dónde se oculta la verdad.
—¿Qué libros recomendarías para ingresar a este universo?
—Aparte de los de mis amigos, algunos ya clásicos: El halcón maltés, de Dashiell Hammett; 1280 almas, de Jim Thompson; Un ciego con una pistola, de Chester Himes o Prótesis, de Andreu Martin. Después, ya enviciado, el lector busca solo.
—¿Sobre qué temas disertaste en el Córdoba Mata 2015?
—Disertar es una palabra que me parece para otro, yo, simplemente comparto entusiasmos, siempre opinables. Compartí, en una mesa con dos autores europeos, esa mirada crítica sobre nuestra sociedad. Al fin, el tráfico de inmigrantes, muchos de los cuales mueren en el camino, para nombrar solo un ejemplo, exige novela negra para contarlo. En la segunda mesa nos metimos con los crímenes desde el Estado. Afuera señalan que los escritores negros argentinos somos muy políticos, y no es para menos, estamos impregnados de la muerte que sembraron los estados en toda Latinoamérica, lo que hace inevitable una lectura política.

CARLOS MARCOS: LA VIDA ORDINARIA ES UN INFIERNO
Carlos Marcos.
Carlos Marcos dirige la editorial Muerde Muertos junto a su hermano José María, con quien además escribió las novelas Recuerdos parásitos (2007) y Muerde muertos (2012). Es autor de las mixtorietas Inmaculadas (2010) y de los cuentos del libro Tu madre… (2015). Conduce el programa radial Intelectoilets con Fernando Figueras y su hermano.
—¿Cómo definirías a la novela negra?
—La novela negra es apenas un fragmento de la bestia oscura que nos habita y que cada día exhala sus vapores fétidos y las sombras más terribles sobre nosotros. Luego nos deleita.
—¿Por qué hay tanto interés por esta literatura?
—Porque la vida ordinaria es un infierno compuesto de sufrimiento, brutalidad, miserias y opresión que sólo puede ser sobrellevada gracias a la embriaguez, el sueño y la literatura.
—¿Qué libros recomendarías para ingresar a este universo?
—No sabría por donde comenzar. Últimamente todo es novela negra: los policiales, el terror, el fantástico, la erótica... la novela negra te encuentra a vos.
—¿Sobre qué temas disertaste en el Córdoba Mata 2015?
—Tomando como ejemplo la vieja literatura pulp, específicamente las colecciones de bolsilibros de Bruguera, la literatura popular de aventuras y las pequeñas historias de entretenimiento, hablé sobre la creación en general y las posibilidades de la imaginación como maquinaria literaria.

GASTÓN INTELISANO: VER LA SANGRE QUE SE DERRAMA
Gastón Intelisano.
Gastón Intelisano nació en San Martín, provincia de Buenos Aires, en 1978. En 1998 recibió una beca universitaria otorgada por el Congreso de la Nación con la que cursó estudios superiores. Es licenciado en Criminalista, radiólogo y técnico forense de la morgue en el Instituto de Ciencias Forenses del Departamento Judicial de Lomas de Zamora, dependiente de la Suprema Corte de Justicia. Publicó Modus operandi (2011), Epicrisis (2013) y Error de cálculo (2014) que conforman la saga del criminalista Santiago Soler.
—¿Cómo definirías a la novela negra?
—Hay muchas definiciones para la novela negra hoy en día. Según Wikipedia (una fuente no muy confiable) la novela negra “se asocia a un tipo de novela policíaca en la que la resolución del misterio no es el objetivo principal y los argumentos son habitualmente muy violentos; la división entre buenos y malos de los personajes se difumina y la mayor parte de sus protagonistas son individuos derrotados y en decadencia en busca de la verdad o, cuando menos, algún atisbo de ella”. Lo que se entiende en primer lugar, es una clara diferenciación entre la novela negra y novela policial o policíaca, en la que la resolución del misterio sí es importante. Particularmente, me gusta más la denominación que se hace en los países anglosajones: “crime novels”, o novelas de crímenes.
—¿Por qué hay tanto interés por esta literatura?
—Creo que la novela negra o policial propone un mundo lleno de misterios e intrigas, cargado de violencia y sangre que a un gran porcentaje de los lectores le resulta atractivo. Es espiar en un mundo que no es el que habitan, y que los saca de la rutina. Creo que cuando uno se propone leer una novela, no quiere que los personajes hagan lo que uno hace siempre. Más bien, que nos embarquen en un paseo lleno de emoción. Y eso es lo que propone la novela negra: la posibilidad de asomarse en un callejón en el que el asesino acaba de dejar a su última víctima. Ver la sangre que se derrama. La mirada helada del homicida...Y cuando todo nos parece demasiado, cerrar el libro.
—¿Qué libros recomendarías para ingresar a este universo?
—Soy un lector de novelas policiales norteamericanas contemporáneas, actuales. En eso reconozco que soy un hereje del género, como lector y como escritor. No me gustan los clásicos norteamericanos. Sí, los clásicos ingleses, tal vez porque mis novelas siguen ese estilo: el de la novela de intriga. En el universo de la novela policial hay todo un abanico de autores que proponen distintos enfoques. Me gustan los autores que nos traen a un protagonista que vuelve en cada una de sus novelas: Patricia Cornwell con su médica forense, Kay Scarpetta, Michael Connelly con su detective Harry Bosch, Nelson De Mille con su irreverente John Corey o Jonathan Kellerman con su psicólogo-detective, Alex Delaware.
—¿Sobre qué temas disertaste en el Córdoba Mata 2015?
—Este año, me tocó compartir mesa en Córdoba Mata con distinguidos autores de todos los rincones del país, charlando sobre “el policial en las provincias”, y sus diferencias con el crimen de las grandes ciudades. Fue interesante escuchar el punto de vista de cada uno de ellos y entender porque razones el crimen muta de un lugar a otro. Motivos, elementos, pasiones y consecuencias de esos crímenes en cada paraje de nuestro país. Participaron Orlando Van Bredam de Formosa, Mariano Quiroz de Chaco y coordinando nuestra charla, Rubén Alonso Ortiz. En Mina Clavero, donde se llevó a cabo la segunda parte del Festival, estuvimos hablando de “los nuevos trajes del policial” y el cruce con otros géneros, donde compartimos pareceres con Fernando Figueras y su cruce del policial con el absurdo, Javier Chiabrando y los crímenes políticos, Esteban Llamosas y su cruce con lo histórico y Gastón Tremsal desde su particular óptica cómo guionista. Al igual que el año anterior, Córdoba Mata ha sido un espacio de difusión para el género policial, además de una oportunidad para el público de reencontrarse con sus autores favoritos. Y por qué no, una gran excusa para reunirnos con colegas y amigos.

Fotos: Prensa Córdoba Mata y Gonzalo Maestu
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