Charlando con una serial killer

MARINA CEBALLOS, JUGANDO CON LA MUERTE. Reseña de Muertos (de amor y de miedo) de Marina Ceballos (Ediciones La Terraza, 2016) con 66 ilustraciones de la autora + textos de 67 escritores. Por Leandro Calle, especial para Hoy Día Córdoba. Jueves 18 de agosto de 2016.
José María Marcos, Laura Cedeira, Maru Ceballos, Narciso Rossi y
Carlos Marcos en la presentación de Muertos (de amor y de miedo).
¿Acaso me di cuenta, mientras hablaba por teléfono, que conversaba con una asesina serial? Lo mortuorio suele estar revestido siempre de un halo de misterio, de cierta oscuridad, del pavor y del miedo. Sin embargo, cuando uno se planta frente al libro “Muertos (de amor y de miedo)” (Ediciones de la Terraza) de Marina Ceballos, encuentra luminosidades creativas, alegres destellos, ganas de morir así, tan bellamente.
El libro que la artista propone conjuntamente con Ediciones de la Terraza es un libro colectivo, en el que podemos encontrar una polifonía de voces. Y allende esta polifonía, dos lenguajes que se interrelacionan, se convocan, se enredan para crear un camino hacia la belleza que se nutre de la palabra escrita y de la plástica.
Maru convoca a una serie de personas a que se animen a morir en una foto. Esa es la consigna. Todo se realiza vía Internet. 66 muertos voluntarios enviaron su foto y de cada una de esas fotos, la artista, a pulso de Rotring, elaboró los retratos que figuran en el libro. Luego, a esos voluntarios, se sumaron otros 67 que escribieron sobre los retratos que Maru Ceballos realizó para la obra de arte colectiva. El resultado, es este nuevo libro donde el cuidado editorial y artístico logran un resultado armónico entre la palabra y la plástica bajo el hilo conductor de la muerte, de la posible muerte. Digo posible muerte, porque charlando telefónicamente con Maru, hay una idea de interrumpir la rutina, de adelantar la muerte para así sublimarla. Aquello que es tan real y seguro y que tratamos de “patear” lo más lejos posible, se acerca ahora, pero se acerca como juego colectivo, como arte, que es otra manera de jugar. Jugar con la vida, es también jugar con la muerte.
Los retratos se encuentran en página par, es decir  a la izquierda cuando normalmente los libros de arte o los libros que tienen ilustraciones suelen destacarlas en la página impar, hacia la derecha, donde el lector naturalmente lee. Pero es a la derecha donde se ubican los textos. Y aquí noto una apuesta de la artista por dejarle lugar a la palabra, ceder el espacio natural de la imagen para que surja el otro lenguaje, el “variopinto” que puede verse a través de poemas, crónicas breves, reflexiones, etc. Algunos con mucho vuelo literario otros no tanto.
Maru me dice que le fascina lo colectivo y pienso que hay allí una hermosa concepción del arte. Ya los muralistas mexicanos y cierto cubismo hablaban políticamente de romper con la pintura de caballete; claro, en ese caso era una apuesta política, que mucho tenía que ver con el marxismo. El arte debía ser una expresión de todos y estar al alcance de todos. El mural, se imponía así como lo no vendible, lo que no permitía ser poseído, comprado, retenido. No estamos diciendo que en este caso sea lo mismo, pero sí, me parece, que hay una apuesta por juntar las voces, por hacer intervenir un conjunto de voces, porque las manifestaciones culturales sean una invitación. De algún modo el libro (que es un objeto vendible y que se puede vender y obtener) es un engranaje, un eslabón en la urdimbre de la cultura. De hecho, en las presentaciones del libro que se hicieron tanto en Buenos Aires como en Córdoba, hubo una especie de cita, donde los 133 voluntarios (no todos, por supuesto) se encontraron. Imagino al muerto (muerto vivo) enfrente de su escritor o al escritor frente a su muerto. Seguramente se habrá generado un sinnúmero de posibilidades artísticas y sociales a tener en cuenta en el futuro.
Doy ahora un paseo por alguno de los textos: “Me situé en el frío” dice Mauricio Micheloud. De eso en parte creo que se trata este libro, de situarse en el frío y calentarlo, hacerlo arder con palabras o con imágenes. Y de algún modo, llegamos a la conclusión del viejo cuento: una fogata se hace con muchas maderas. Es un trabajo colectivo. Para calentar el frío de la muerte es necesario aunar voluntades, sumar leño tras leño y convocar una fogata. No podemos solos.
Esta propuesta que apuesta por sumar, por llevar adelante muchas voces, tiene que ver con las posibilidades del arte en el campo social. Posibilidades de la cultura que deberían estar facilitadas, solventadas y vehiculizadas por políticas culturales que Córdoba, lejos de fortalecer, pareciera querer debilitar en algunos de sus organismos e instituciones (el lector verificará por sí mismo a qué me refiero). En este sentido el esfuerzo de las editoriales independientes es admirable desde hace muchos años.
Estamos todos invitados a jugar con la muerte, a jugar alegremente. Y esperamos que la asesina serial y sus cómplices editoriales sigan afilando sus cuchillos para hundirlos allí donde la belleza permanece todavía oculta.