“Hay elementos inconscientes que se van visibilizando durante la escritura y dejarlos salir son parte de la riqueza y la vitalidad de la literatura"

Agradezco a Leandro Barni la entrevista publicada el sábado 23 de mayo de 2015 en el El Ciudadano Cañuelense.
José María Marcos.
—¿Cuántas horas trabaja?
—Trabajo muchas horas en el periodismo, la edición y la preparación de charlas vinculadas a la literatura y/o la promoción de la lectura. No podría responder con precisión cuántas horas le dedico a la escritura creativa por día, semana o mes. Cuando me embarco en un proyecto, trato de dejar una, dos o tres mañanas (o tardes) para su escritura y posterior corrección.
—¿En qué momento del día?
—De poder elegir prefiero la mañana. Es el momento en que todo sale más fluido. Si no puedo, uso la tarde o la noche. La noche me parece también un buen momento, pero luego de una larga siesta. Quizá sea correcto decir que me resulta más placentero escribir después de haber dormido bien, es decir cuando la mente vuelve renovada del descanso.
—¿Qué estrategias prefiere para crear tramas y personajes?
—Leer, ver películas, prestarle atención a la realidad, escuchar diálogos, observar a la gente. Todo esto es clave para narrar. Cualquier cosa puede ser un disparador. Por ejemplo: uno ve a un hombre en la calle, frente a una casa con las puertas cerradas. Se queda ahí durante un rato, indeciso. Mira el reloj. Saca un celular y llama. Con esa imagen, uno podría contar una historia, o el comienzo. Sólo falta imaginar qué hay dentro de la casa, a quién busca esa persona, qué es (¿un asesino?, ¿un amigo que trae una mala noticia?, ¿un marciano disfrazado de humano?) ¿Con quién se comunica? No es lo mismo que sea el mediodía o la madrugada. Hay infinidad de interrogantes alrededor de esta escena, y si tenemos la mente entrenada para imaginar, podemos hacer un ejercicio de narración con esta simple imagen. En pocas palabras, mi estrategia es estar atento a lo que pasa alrededor.
—¿Escribe a mano o con máquina?
—Escribo en la computadora. Abandoné la escritura a mano hace años, tanto que a veces practico un poco para no dejarla del todo. Cuando tomo apuntes, necesito entender lo que escribí.
—¿Qué tipo de letra usa?
—Times New Roman, tamaño 12.
—¿Tiene terror a la página en blanco?
—Hoy no. En algún momento tuve mis temores, pero, actualmente, cuando me pongo en situación con alguna idea, siento que la narración va a fluir, con mayor o menor éxito. Ojalá nunca me abandone esta confianza, esta fe.
—¿De quién es devoto lector?
—Es difícil decirlo. Son muchos los escritores que me han hecho pasar buenos momentos y de los cuales aprendí y aprendo mucho. Pero tomando el vocablo “devoto” podría pensar en estampitas de Stephen King, Alberto Laiseca, Liliana Bodoc, María Negroni, Robert Howard, mi hermano Carlos o mi amigo Fernando Figueras. Todos ellos serían buenos representantes de una misma religión.
—¿Cuántos libros lleva publicados?
—Tengo publicados seis libros: Los fantasmas siempre tienen hambre (2010); las novelas Recuerdos parásitos (2007) y Muerde muertos (2012), escritas con mi hermano Carlos; el poemario Haikus Bilardo (2014), con Fernando Figueras; y las nouvelles El hámster dorado (2014) y Monstruos de pueblo chico (2015). Además, participé en una veintena de obras colectivas.
—Nos gustaría saber si aborda la escritura sin ideas preconcebidas y va creando página a página, si conoce el principio y el final del relato, o si antes de sentarse ya sabe todo.
—En general, empiezo una novela o un cuento creyendo tener la certeza hacia dónde voy, con una idea sobre el conflicto, el nudo, la trama, el final y ciertas características de los personajes centrales, pero en el camino van surgiendo imprevistos y todo se resuelve página a página de cara a un imaginario destino. Puede llegarse a la instancia figurada, o a una muy diferente. Cuando uno pone por escrito ciertas cosas, éstas disparan nuevos pensamientos y se produce una suerte de transformación en la mirada previa, que a su vez transforma la historia. Es muy difícil (por no decir imposible) tener control total del texto: hay elementos inconscientes que se van visibilizando durante la escritura y dejarlos salir son parte de la riqueza y la vitalidad de la literatura.