Polimundos S.A.

Por José María Marcos (*)

—Pase por acá, señor Piñeiro, gracias por confiar en Polimundos S.A.
Las paredes, despojadas, eran blancas. Sólo una cama, rodeada por instrumentales médicos, se destacaba en el centro. Tras darle la mano, el doctor Víctor Teperman agregó:
—Usted ha completado los formularios, pero, por una cuestión de protoloco, debo preguntarle una vez más si quiere seguir adelante.
—Sí, por supuesto —respondió Piñeiro—. Mi viejo falleció apenas cumplí 15 años. Siento que me abandonó. Todas las mañanas, cuando yo salía para la escuela, lo escuchaba roncar. Él regresaba siempre a la medianoche. Necesito verlo y reconciliarme.
—Los universos paralelos existen, mi amigo. Hoy podrá ir hacia el que desee.
Entraron dos enfermeros. Acostaron al paciente, lo ataron y le conectaron una serie de cables. Tras aplicarle un sedante, se retiraron junto al científico, con la intención de monitorear el experimento desde otra sala. El hombre cerró los ojos y comenzó a hablar.
—Ronca. Papá ronca. Lo veo. ¡Papá despertate, quiero hablar! ¡Despertate! Es un ronquido, un ronquido... ¡papá es un ronquido! ¡Basta, detengan todo! ¡No lo soporto!
El doctor seguía las acciones mediante una pantalla, con una sonrisa impenetrable. Los enfermeros transpiraban.
—¡Bajen el volumen! ¡Sáquenme de aquí! ¡Mi cabeza va a explotar! Papá, ¡no ronques! ¡Por favor, callate! ¡No ronques! ¡¡No ronques!!
El paciente se retorcía y parecía estar volviéndose loco. Recién transcurridas tres horas, se sumió en un silencio de muerte. Uno de los ayudantes se persignó intuyendo la caída de un nuevo mártir del progreso.
Teperman fue el primero en comprender la victoria. Piñeiro dormía plácidamente y, poco después, roncaba sereno y en armonía con el cosmos. Reconciliado, al fin, con su padre.

(*) El relato forma parte de la edición Nº 113 de miNatura, dedicada al género breve fantástico.